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Al contrataque

Primer debate electoral de las elecciones del 21 de diciembre.

CARLOS MONTANYES

El país que se suicidó

Antonio Franco

La mitad del país decidió que la otra mitad no tenía derecho a decidir. Desde entonces todo va de mal en peor y ahora nos cocemos en las peores elecciones del mundo

La mitad del país decidió que la otra mitad no tenía derecho a decidir. Fue así de simple. Era un país próspero y se suicidó de esta manera, a partir de un debate sobre el derecho propio y genérico a decidir por parte de quienes ni siquiera eran la mitad de la población. Desde entonces todo va de mal en peor. Ahora nos cocemos en las peores elecciones del mundo. Hay que participar: abstenerse es perder seguro. Debemos votar aunque no sabemos si servirán para algo. Solo hay una seguridad: el día 22 seguiremos peleados. Costó bastante rompernos pero ahora la desunión marcha casi sola y cristaliza. Somos dos bloques similares con casi todas las posibilidades de seguir siéndolos durante mucho tiempo. Cada vez tenemos menos puentes: las dos militancias son prácticamente impermeables y absolutas.

¿Las peores elecciones? Traumatizados exageradamente por unas violencias abusivas que no se tradujeron en muertes, con candidatos que no acabamos de entender que estén en prisión preventiva incondicional, oyendo a un expresident que no supo gobernar y que si gana y regresa del extranjero ingresará en la cárcel... Y con Madrid tocándonos las Sijenas.

Un pesadísimo futuro

¿Puede haber un escenario más distorsionante? En la campaña los independentistas no debaten prácticamente nada, salvo abstracciones. Los otros proponen cosas pero se saben acompañados por los malos amigos de España. Son elecciones para ver quién gana. No conozco a nadie que crea que nos van a resolver o enderezar el futuro, ese pesadísimo futuro que incluye la condena eterna a seguir hablando de esa negociación imposible en la que ningún lado quiere negociar cediendo nada. Perdonen un mal chiste: es como si nos gobernasen Rajoy y Puigdemont.

En la campaña nos mienten aunque ya no nos engañan. Iceta, Doménech, Arrimadas y Junqueras dicen cosas lógicas, pero hay demasiado ruido. Los mensajes evolucionan a medida que los publicistas improvisan correcciones en función no de lo que se piensa hacer sino de lo que los sondeos y los gritos piden que digan. Empezó avisándonos: dos candidatas con posibilidades de victoria ni siquiera sabían cómo está el paro,  lo que más nos preocupa.

Hay que participar:
abstenerse es perder seguro. Debemos votar aunque no sabemos si estas elecciones servirán para algo

Durante la campaña del brexit y en la elección de Trump vimos desde la distancia que la democracia se está convirtiendo en una caricatura de sí misma. Votar está en crisis porque la nueva comunicación ha desarrollado más la capacidad de manipular que la de desbaratar la manipulación. Pero hay que votar porque mucha gente ha muerto para que pudiésemos hacerlo.

Algunos no están muy preocupados. Saben que en un país que se suicida la gente, aunque mas empobrecida, continua respirando y viendo la tele. Es solo la vitalidad colectiva la que agoniza. Pero en las malas elecciones únicamente ganan los candidatos: consiguen empleos, poder y a veces impunidades. Desconfíen de sus sonrisas. No está claro que sus proyectos tengan nada que ver con los nuestros. Tal vez nos equivocamos naciendo o viniendo a vivir en Catalunya, pero los que sobramos no somos nosotros. 

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