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Al contrataque

El conseller de Salut, Antoni Comín.

Sanidad, 'procés' y soluciones mágicas

Xavier Sardà

Estamos en el todo o nada ideológico y procedimental que solo augura victorias o derrotas que son, casi siempre, lo contrario de la solución

«A mi mujer le duele el estómago, y entre la primera visita, una ecografía y la visita al especialista han pasado tres meses». La frase es de un taxista de Barcelona que me llevó hace una semana. El hombre estaba prudentemente molesto, pero al mismo tiempo bastante aclimatado.

El pasado mes de noviembre, en la sede nacional de Esquerra Republicana se celebró la jornada 'La Salut a la República Catalana'. Intervino el 'conseller' de Salut, Antoni Comín. Entre otras cosas, dijo: «Ahora tenemos que ir a por la república, que querrá decir tener las estructuras de Estado que nos faltan. En esta etapa constituyente en la que ya estamos hay que ir pensando cuál será la ley sanitaria de la nueva república. En la nueva república reduciremos las listas de espera a términos irrisorios y podremos pagar mejor a los profesionales. Tenemos una red territorial envidiable que contrasta con el continente. Dicen: ‘Lo que tenéis vosotros en Catalunya pasa en pocos países de Europa’».

El 'conseller' dijo también que hay hospitales que se caen y profesionales que están anímicamente fatal, pero que con el dinero de la república esto mejorará. Que no se apure la esposa del taxista, que esto irá como un cohete. Con un sencillo cambio de régimen, todo solucionado. Por lo visto, no habrá más Sant Pau en quiebra, ni corrupción sanitaria, ni prótesis caducadas. Ojo, porque los políticos del 'brexit' prometieron un hospital nuevo cada semana y al día siguiente del referéndum se vieron obligados a reconocer que no era cierto. Aquí es distinto.

SIN SOLUCIÓN NI COMPRENSIÓN

Sin salir de este universo, vamos a por otro tema. Me sorprende lo bien que se toman las inhabilitaciones algunos tertulianos de Madrid. Digo que me sorprende en el sentido de que consideran las inhabilitaciones como una cierta solución mágica del conflicto. Vislumbran en mi escepticismo una especie de apoyo tácito al 'procés'. Me ven como un aguafiestas cuando les digo que cada nueva sentencia favorece menos a quien la impone que a quien la recibe. En resumen: es muy difícil pedir comprensión cuando uno no aporta soluciones.

Desde el año 2000 está pendiente el destino de los siete millones de dólares prometidos por el Instituto Clay a quienes resuelvan los siete problemas del milenio. Se trata de problemas matemáticos que, por el momento, no tienen solución. Si en las ciencias exactas hay misterios insondables, no digamos en las ciencias sociales. La crisis institucional que estamos viviendo ya es irresoluble. Por eso sigue sorprendiéndome la veleidad naíf de pensar que esto se arregla con sentencias, mano dura o bálsamos quijotescos. Estamos en el todo o nada ideológico y procedimental que solo augura victorias o derrotas que son, casi siempre, lo contrario de la solución.

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