Análisis

Una oportunidad perdida

A pesar de todo, Pedro Sánchez podrá mantener la iniciativa política en los próximos meses

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Del debate de investidura de esta semana no ha salido un vencedor claro, pero sí una víctima evidente: Mariano Rajoy. El presidente en funciones no solo ha perdido la iniciativa política al ser incapaz de tejer alianzas más allá de su espacio ideológico natural, sino que ya ha sido descartado por el único socio con el que podía contar. Albert Rivera lo dejó claro en su discurso del pasado miércoles afirmando, de nuevo pero con más contundencia, que esta nueva etapa política no puede ser liderada (por su propia naturaleza) por el también presidente del Partido Popular. Pero no es suficiente.

Pese a que la desigualdad (y la crisis social), la corrupción (y la crisis institucional) y la ausencia de un proyecto político común (y la crisis del modelo territorial) no son solo responsabilidad del PP y de Mariano Rajoy, tampoco podrían entenderse sin el papel fundamental que esta formación política y su líder han tenido a la hora de desarrollar la magnitud del problema. Por ello, que tres meses después de las elecciones no haya habido márgenes para que prosperase una alternativa de entre el resto de los partidos políticos representados en el Parlamento (que duplican los apoyos que obtuvo el PP) es un fracaso con múltiples responsables.

RESISTENCIAS VENCIDAS

Parecía en el mes de enero que Pedro Sánchez iba a ser incapaz de llegar hasta el debate que ha protagonizado esta semana. Sin embargo, Sánchez no solo ha vencido las resistencias internas (de ahí la importancia que los líderes políticos se sientan con la legitimidad de haber ganado por primarias), sino que ha vencido las presiones propias (llenas de limitaciones) y externas (abocándole a la Gran Coalición), presentando una alternativa al PP que sin ser apoyada por la mayoría todavía le permite seguir con la iniciativa política en los próximos meses.

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En este contexto, Pablo Iglesias sigue con su obsesión revelada en la revista 'Micromega7' en octubre del 2015 de superar al PSOE, aun cuando una nueva convocatoria electoral pueda consolidar una mayoría ideológica liderada por los populares. Y, mientras tanto, en el PP han sabido leerlo y ya aparecen las primeras voces que, en privado, asumen que antes o después Rajoy deberá ser sacrificado para retener el poder: ya sea para facilitar un Gobierno técnico y evitar una convocatoria electoral, ya sea para forzar un gobierno de coalición tras unas nuevas elecciones, o ya sea como consecuencia de pasar a la oposición antes o después de las elecciones.

Como resultado de ello, en los próximos días se esperan movimientos en el PP (con la posible aparición de un mirlo blanco) dirigidos a presionar a Sánchez, beneficiando tanto a Podemos como al PP, pero que podrían frustrar las ansias de cambio. Por ello, formaciones políticas minoritarias como Compromís o Izquierda Unida (de ahí la magia de las democracias parlamentarias), alejadas de intereses puramente electorales, tienen la posibilidad las próximas semanas de facilitar las relaciones entre los dos principales líderes de izquierdas (es una anomalía que no se hablen), rebajar la tensión y las exigencias y olvidar que hace apenas unas horas se ha perdido en España la oportunidad de iniciar un nuevo capítulo de su historia.