27 may 2020

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Al contrataque

La burbujita Indepen

Xavier Sardà

La consejera nacional de Unió y diputada de CiU en el Parlament Elena Ribera afirmó el otro día que Freixenet podría perder dos millones de consumidores en Catalunya. No sé si se trata de sus seguidores en Twitter o es que ya habla por boca de la Catalunya soberanista. Resulta que como el presidente de Freixenet no es independentista y la campaña de este año no le gusta a Ribera, vamos al boicot. Catalanes boicoteando un producto catalán. La cola del escorpión autoclavada en lo nuestro. Freixenet cumple 100 años y aspira a 100 más. Es todo.

Cuando en el resto de España algunos insensatos han abogado por el boicot a los productos catalanes, les hemos catalogado desde aquí como cretinos sin remisión. Es el boicot de la intransigencia y la animadversión. Pues ¡hala!, ya tenemos la versión catalana del resentimiento y la ojeriza hacia el que no piensa como Ribera. A cualquier precio. No importa que hablemos de un producto insignia de la economía catalana.

Si una empresa está en el error, hay que iluminarla con mano dura para reconducirla hacia el buen camino. Aquellos que no sean soberanistas deben ser, según Ribera, desfederalizados, desespañolizados, desinternalizados, desestandarizados y reorientados. Luego ha pedido perdón. Ya.

La patriota Ribera dijo en un mitin que la crisis ha dado alas al auge del independentismo en Catalunya: «Esta crisis, bienvenida sea, porque nos ha hecho aflorar el sentimiento catalán». La frase completa: «Hay ovejas en este pueblo que buscan un pastor. Y este pastor lo tenemos nosotros [Artur Mas], porque la gente va descarriada. Algunos se manifiestan pensando que el tema son los recortes y la crisis, y lo es, pero esta crisis bienvenida sea, porque ha hecho aflorar el sentimiento catalán».

Aceptar la pluralidad

Qué descarriado estoy, y qué poco oveja me siento. Claro, si Ribera cree que la crisis es tan buena, lo de boicotear a Freixenet resulta perfectamente coherente. Bienvenida la crisis porque cabrea a la gente, que así se convierte al soberanismo. Vaya, esta mujer dice lo que piensa. Que piense más o menos es otra cuestión.

Volvamos al tema de los productos catalanes, porque seguro que muchos que no comparten la intolerancia de la señora diputada sienten, en cambio, que la campaña de Freixenet no les complace, es de mal gusto o es poco oportuna. Lo que hace que un país sea comprensivo y transigente es la capacidad de sus gentes para aceptar la pluralidad en el sentido más amplio.

Es imprescindible normalizar la convivencia de distintos criterios. Paciencia y comprensión. Lo demás es discurso único, paranoia y provincianismo. Si en base al procés aceptamos bromitas dogmáticas, podríamos pasar de ser un nou país de personas a convertirnos en un rebaño de ovejas