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La inmersión lingüística y el 20-N

La lengua en campaña

Albert Branchadell

Que el PP acepte que el catalán sea el primer idioma en la escuela puede facilitar su entente con CiU

Después del enorme suflé que supuso el auto del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya sobre la inmersión lingüística, la cuestión de la lengua ha desaparecido prácticamente de la campaña electoral. Pero aunque sea sin mayores aspavientos, los partidos políticos siguen llevando la lengua en sus programas.

Si nos centramos en el ámbito de la educación, el bloque proinmersión vuelve a mostrarse nítidamente. CiU manifiesta: «Seguiremos defendiendo el modelo de inmersión lingüística en catalán». El PSC coincide en el verbo y afirma: «Defenderemos nuestro modelo de inmersión lingüística como la garantía de nuestra unidad civil». ERC habla de «potenciar y consolidar la lengua catalana como lengua vehicular en el sistema educativo». En la misma línea anda ICV-EUiA.

¿Qué dicen los del otro bando? Ciutadans no se presenta a las elecciones. En el caso del PPC, Jorge Fernández Díaz no sigue la peculiar estrategia de Carme Chacón de presentar un programa propio y hay que remitirse al programa del PP estatal. Aquí es donde uno encuentra muestras de la moderación que Mariano Rajoy ha querido imprimir a toda su campaña. En su programa electoral, el PP defiende la «libertad de elegir la lengua vehicular, ya sea el castellano o cualquiera de las lenguas cooficiales», pero a la hora de concretar propuestas esta aparente profesión de fe separatista se diluye. El PP promete hacer efectivo «el derecho de los alumnos a aprender en español y en el resto de lenguas cooficiales», pero no en aulas separadas sino en el marco de un «bilingüismo integrador». Bilingüismo o trilingüismo, porque en otro apartado del programa el partido promete impulsar «la opción de una educación trilingüe en las comunidades autónomas con lengua cooficial».

¿En qué consiste el bilingüismo o el trilingüismo integrador? Jorge Fernández lo explicó clarito en una entrevista en el diario El Punt/Avui. El periodista le preguntó si estaría de acuerdo con un modelo en que el catalán fuese la lengua con mayor peso en el aula. Respuesta: «Nosotros queremos un sistema integrador. Esto no quiere decir que cada lengua tenga una cuota del 33%. No me opongo a que la primera lengua en la escuela sea el catalán, después el castellano, y finalmente el inglés».

¿Qué significa todo esto? Entre quienes azuzan el miedo al PP como argumento electoral existe la convicción de que un Gobierno presidido por Mariano Rajoy solo puede ser perjudicial para la lengua catalana en general y para la inmersión en particular. La verdad es que podría ser justo al revés. Aceptar que el catalán sea la primera lengua en la escuela es un paso histórico que solo puede facilitar el entendimiento entre el PP y CiU. Ambos apuestan por el trilingüismo, y para que el encuentro se produzca solo hace falta que CiU levante el veto al castellano como lengua vehicular. Pero los puentes que ha tendido sutilmente el PP no se limitan solo a eso. En su programa hay otra novedad histórica. En el apartado de inmigración asegura que impulsará «el establecimiento de programas de aprendizaje del castellano, y las otras lenguas cooficiales, como herramienta básica para la integración». Es la primera vez que un programa electoral del PP menciona las «otras lenguas cooficiales» como herramienta para la integración. En el programa del 2008, todas las propuestas referidas a la integración de los inmigrantes se referían a «la lengua» (castellana, por supuesto), y las demás quedaban en un segundo plano optativo («aquellos que lo deseen, también podrán aprender la lengua cooficial de la comunidad autónoma en la que en su caso residan»).

El reciente debate entre Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba es indicativo de los nuevos tiempos lingüísticos. En el segundo debate del 2008, Rajoy dedicó una parte de su tiempo a denunciar las multas lingüísticas que imponía en aquellos tiempos el tripartito catalán. En el del lunes pasado, a Rajoy ni se le ocurrió sacar la cuestión, a pesar de que el Govern de CiU ha seguido aplicando sanciones por no rotular en catalán y solo en el primer semestre de 2011 impuso más de un centenar.

¿Cómo hay que interpretar estos cambios? En el segundo debate del 2008, Rodríguez Zapatero afeó a Rajoy que utilizase el tema de la lengua cuando le convenía. Es cierto que el PP ha tenido esta tendencia histórica. En los últimos años de Felipe González, el PP se abonó a la tesis de que el castellano estaba perseguido en Catalunya. En 1996, cuando necesitó los votos de CiU, se olvidó por completo del asunto, y siguió olvidándose del asunto cuando tuvo mayoría absoluta, hasta que, de nuevo en la oposición, el tema volvió a resultarle rentable. Pero quizá ahora es distinto: en Catalunya el PP se halla embarcado en una gigantesca operación para suplantar al PSC como partido de referencia de esa parte considerable de la población que se siente tan catalana como española, que no desea aventuras soberanistas pero que tampoco se considera españolista. Para que esta operación fructifique, el PP sabe que debe cambiar de chip, y no para estas elecciones, sino para siempre.

Profesor de la Facultad de Traducción

e Interpretación de la UAB.