PUNTA DE CUCHILLO

Tamara, azúcar y sal

Pau Arenós

El infortunio hizo que Tamara Falcó publicase su libro de cupcakes cuando fallecía el hombre que la había criado, Miguel Boyer. Envuelta en azúcares, vivió un momento de sal. La calamitosa coincidencia resalta al personaje en lugar de ocultarlo.
¿Cocina Tamara o es el reclamo para indigestiones de fondant? Como currículo gastro, la editorial presenta los genes: es hija de Carlos Falcó, marqués de Griñón, bodeguero, aunque nunca se supo que fuera aficionado a las madalenas obesas. ¿Y la madre, Isabel Preysler? Su figura remite a la pechuga hervida y a la lechuga tomada de hoja en hoja. Solo con mirar una cúpula rosa habría engordado. Darle un mordisco a un cupcake la hubiera obligado a subir al Tourmalet en spinning. 
Las famosas ya no sirven para vender. Isabel Pantoja publicitó su pollo, publicó recetario y está a punto de entrar en la cárcel. ¿Es atractiva una portada de Loles León con un frutero en la cabeza? 
Se diría que las librerías han entrado en coma diabético: no pueden absorber más azúcar. Pero las editoriales siguen publicando, oh, misterio, kilos de volúmenes sobre cupcakes. El sobrepeso amenaza las estanterías.