Muestra hasta el 26 de septiembre

Escher y sus mundos hipnóticos llegan a las Drassanes de Barcelona

  • Una gran exposición con 200 obras del artista gráfico holandés, genio de las paradojas y las ilusiones ópticas, recupera como espacio museístico la gran sala gótica del Marítim en Barcelona

Una de las salas de la muestra sobre Escher en las Drassanes, con teselas en el suelo.

Una de las salas de la muestra sobre Escher en las Drassanes, con teselas en el suelo. / FERRAN NADEU

Se lee en minutos
Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, concretamente en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

ver +

"Solo quienes intenten lo absurdo, lograrán lo imposible", decía el artista holandés Maurits Cornelis Escher (1898 - 1972). Y así se lo aplicó a sí mismo, haciendo posibles mundos imposibles, paradojas inverosímiles, increíbles ilusiones ópticas y geniales juegos de simetrías en una obra hipnótica en la que, literalmente, perderse. Los 1.700 metros cuadrados del espacio gótico de la Sala Gran de las Drassanes Reials, en el Museu Marítim de Barcelona, acogen hasta el 26 de septiembre una exposición con más de 200 xilografías y litografías del creador gráfico, entre ellas conocidas obras maestras como ‘Belvedere’ (¿recuerdan aquella construcción donde una escalera de mano en un interior se apoya de forma imposible, o no, en el exterior del piso superior?) o ‘Relatividad’, utilizado para la carátula pirata de ‘On the run’, de Pink Floyd, e inspiración para la no menos laberíntica escalera movible del castillo de Hogwarts en Harry Potter.   

Un visitante, ante 'Belvedere'.

/ FERRAN NADEU

Composiciones con teselas que no dejan ni un milímetro vacío, escenas que se metamorfosean ante la mirada y en las que se entrelazan pájaros y peces, lagartijas o abejas, cintas de Moebius que recorren hormigas enormes en un único plano, individuos que suben y bajan en bucle por una escalera que ni sube ni baja, poliedros flotando en el espacio cual estrellas habitadas por camaleones, la mano que dibuja la mano del artista que dibuja la mano… Son algunas de las experiencias visuales que ofrece una muestra que no olvida espacios interactivos con espejos donde reflejarse hasta el infinito, habitaciones de suelo de tablero de ajedrez donde el visitante parece gigante o pequeño según donde se sitúe o estratégicos selfis.

'Día y noche' (1938), de Escher.

/ The M.C. Escher Company The Netherlands

La exposición, comisariada por Mark Veldhuysen, CEO de la M.C. Escher Company, y por Federico Giudiceandrea, coleccionista italiano y experto en el artista, llega por fin a Catalunya tras recorrer 11 ciudades en una década, entre ellas Madrid, Granada, Lisboa y algunas de Brasil, con cifras de visitantes que varían entre los 180.000 y el medio millón. Su llegada a las Drassanes, recuperando un amplio y complejo espacio para su museización, se enmarca en el acuerdo del Marítim con Arthemisia y Evolucionarte para ofrecer muestras de gran formato y voluntad popular: A ‘Escher’ seguirá en 2022 ‘Chagall’, y en 2023, ‘Monet’.  

 

Espacio de ilusión óptica, en la muestra de Escher.

/ FERRAN NADEU

Asume Giudiceandrea, que Escher, pese a ser "uno de los mejores artistas gráficos", no era muy conocido. Tuvo un hándicap. “Los matemáticos le veían como un artista y los artistas como un matemático”. Tanto su familia como la de su mujer eran acomodadas y pudo dedicarse a crear sin problemas económicos. "Solo vendió al final de su vida. Sobre todo desde que en 1954 expuso en un Congreso internacional de matemáticos en Amsterdam y los asistentes se enamoraron de sus obras y se convirtieron en sus clientes". Descubrieron hasta qué punto había utilizado las matemáticas para articular aquellas teselas y paradojas visuales. 

Habitación de espejos reflectantes, en la exposición de Escher.

/ FERRAN NADEU

Muchos eran estadounidenses y al volver a su país extendieron su popularidad entre la comunidad ‘hippy’, a disgusto del propio Escher, "al que nunca le gustó que estos se apropiaran de sus obras para colorearlas y mezclarlas con su psicodelia", señala el comisario. "No le gustaban los colores, amaba el blanco y negro. De hecho, su mujer decía que le acabó dejando porque no soportaba su mundo en blanco y negro", sonríe bajo la mascarilla.

El 'no' a Mick Jagger

Pero numerosas carátulas de vinilos piratas, que pueden verse también en la muestra, no se resistieron a su magia e hicieron caso omiso de su opinión. El único que le pidió permiso, por carta, para usar una de sus composiciones para un disco fue Mick Jagger. Y Escher no se lo dio. Lo refleja la última parte del recorrido, donde prendas de ropa, anuncios de Ikea, cómics o fragmentos de películas, de Mickey Mouse a los Simpson pasando por ‘Dentro del laberinto’ (1986) prueban su huella. 

‘Manos dibujando’ (1948), en la muestra.

/ FERRAN NADEU

De joven, tras cambiar la carrera de Arquitectura por las artes gráficas, aprendiendo el arte del grabado de Samuel Jessurun de Mesquita, Escher viajó a España en 1922 y quedó fascinado por las composiciones geométricas de teselas y mosaicos árabes de la Alhambra de Granada, adonde volvería en 1936, y que tanto le influenciarían. Tras recorrer Italia, donde conoció a su mujer, suiza, se quedó a vivir en Roma, enamorado de la naturaleza del paisaje mediterráneo, que trasladó a sus primeros grabados, también inspirados en el Art Nouveau. "Ya entonces era tan meticuloso con sus incisiones y tintas que logró crear grises en sus xilografías, cuando estas son siempre en blanco y negro", destaca Giudiceandrea.  

Escher explicando un sólido tridimensional a Chris Derks, en 1954.

/ The M.C. Escher Company The Netherlands

Fue el auge de "Mussolini y el clima hostil hacia los extranjeros" lo que tras 11 años le decidió a volver a Holanda en 1935. La puntilla fue una detención a raíz de un atentado solo por el hecho de no ser italiano y ver a su hijo volver del colegio con obligado uniforme fascista.  

'Mano con esfera reflectante' (1935), de Escher.

/ The M.C. Escher Company The Netherlands

Noticias relacionadas

Escher realizó 448 litografías, grabados en madera y más de 2.000 dibujos y bocetos. Sus xilografías, que se consideran obras originales y son ediciones muy limitadas, han llegado a alcanzar precios de 200.000 euros en subastas, explica el comisario, que aporta gran parte de su colección a la exposición. A su muerte se destruyeron la mayoría de matrices para sus creaciones. Una de las pocas que existen, un gato, mira al visitante en una vitrina. Igual que le observa el propio Escher, reflejado él mismo en otra de sus obras emblemáticas, ‘Mano con esfera reflectante’. "Cuando miras dentro, tus ojos están siempre en el centro y tu mundo se refleja a tu alrededor. Es la sensación de estar en el centro del mundo", apunta el comisario. "El Yo es protagonista indiscutible, a cuyo alrededor gravita el mundo", opinaba Escher. Y así puede sentirse el visitante en un espacio interactivo que le permite verse en el lugar del artista. Eso sí, el reflejo es el de alguien con mascarilla.  

'Lazo de unión' (1956), de 1956.

/ The M.C. Escher Company The Netherlands