El poder de la lectura

¿Quiénes son los benditos locos que abren librerías en plena pandemia?

  • Siete iniciativas han abierto sus puertas en Catalunya en 2020, impulsadas por una revalorización del libro

  • Hablamos con los responsable de los nuevos locales Farenheit 451, Byron y Llavors

Sergio Lledo y Arza Ibrahimovic,  en la Llibreria Fahrenheit 451

Sergio Lledo y Arza Ibrahimovic, en la Llibreria Fahrenheit 451 / JORDI OTIX

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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"Es como cuando las llamas empiezan a prender los árboles del bosque y ves a todos los animales corriendo para escapar. Pues bien, justo en ese momento decides internarte en el bosque". Lo dice la editora y ahora librera Mariana Sàrrias, que durante la crisis sanitaria ha abierto la libreria Byron, en el norte del barrio de Sant Antoni. Ella es tan solo una de los valientes que llegaron a 2020 con un proyecto en marcha y decidieron seguir adelante. Hay más ejemplos. En plena pandemia han abierto en Catalunya, además de la mastodóntica Ona y a la espera de la apertura de Finestres en abril, otras librerías independientes y con vocación ciudadana como Llavors en L' Hospitalet de Llobregat y Fahrenheit 451 en Barcelona. A ellas se unen La Irreductible en Lleida, La Romàntica en Amposta y Ca La Figa, la primera especializada en feminismo en Manresa, todas abiertas en el peor momento para el comercio aunque precisamente por ello hayan encontrado el apoyo incondicional de los lectores habituales, especialmente durante el confinamiento.

Así que el saldo es positivo. Las cifras del Gremi de Llibreters de Catalunya recogen la apertura de 16 nuevas librerías en 2019 frente a cinco cerradas el mismo año, todas ellas por jubilación. En 2020 las librerías que se han atrevido a abrir han sido siete. Y eso sin contar Abracadabra, que en estos meses cruciales, ha cambiado de propietario.

A estos libreros valientes, que el Govern declare la Cultura como bien esencial y acto seguido obligue a cerrar las librerías durante el fin de semana como demostración de todo lo contrario, les afecta, sí, pero solo es el último eslabón en una serie de obstáculos que han sabido salvar. En general, están animados por ese aire de los tiempos que asegura que los libros te acompañan, te consuela y te divierten. Hemos querido recoger las impresiones de los libreros de tres de estas librerías abiertas en plena crisis sanitaria.

Daniel Garrido, Alicia Arevalo y Noelia Domínguez, en la Llibreria LLavors de L'Hospitalet.


/ MARTÍ FRADERA

Llavors, complicidad y crítica social  

Alicia Arévalo, Noelia Domínguez y Dani Garrido andan entre asustados y excitados. Tienen de 28 a 36 años, coincidieron en la Escola de Llibreria de la Universitat de Barcelona (la gran cantera de nuevas librerías) y su trabajo de fin de curso fue precisamente el proyecto de Llavors, la librería que abrieron en Collblanc el pasado 11 de diciembre. Los tres simultanean otros trabajos con el de librero (un modelo que suele ser usual en los locales pequeños) en un proyecto que concibieron y han creado como cooperativa porque integrados en la red de cooperativas catalana se sienten más protegidos, amén de considerar que el modelo es más justo, equitativo y solidario. "Si se pierde dinero, lo hace todo el mundo, si se gana dinero, también. Nunca contemplamos otra opción. Es una filosofía de vida".

Si se pierde dinero, lo hace todo el mundo, si se gana dinero, también; nunca contemplamos otra opción que la cooperativa

En L'Hospitalet, la ciudad con más densidad de población de Europa, hay poca oferta librera, apenas la veterana Perutxo y una Abacus, el resto son papelerías que venden libros. Otro negociado. Nuestro trío quería establecer complicidades con el barrio, vender libros como una forma de militancia: "La ciudad hace que la gente se sienta sola, algo que se ha hecho más patente con la pandemia", explican conscientes de que el barrio necesita de espacios para compartir intereses comunes. Ahí está. Tras los 60 metros cuadrados del local, se accede a un espacio trasero polivalente de casi 100 metros que aspira a convertirse en un vivero de cooperativas y más allá a un patio en el que esperan poder hacer actividades al aire libre cuando el tiempo y el covid se calmen.

No es sorprendente que, amén de las novedades habituales, Llavors esté especializada en ciencias sociales y en libro político. De hecho, son los herederos del clausurado Espai Contrabandos que desde el Raval apostó por las editoriales más pequeñas, casi ínfimas, que dejaban sus fondos en depósito. Ahora esos fondos, más las estanterías, han sido recogidos por Llavors.

Fahrenheit 451, sabor de barrio

Un sentimiento a la vez triste y esperanzado puede embargar a quien entre en la librería Fahrenheit 451. Triste porque allí tuvo el llorado librero Paco Camarasa su Negra y Criminal, un Camelot minúsculo de la novela policiaca, y mucho más alegre porque la pareja formada por la bosnio-croata Azra Ibrahimovic y el malagueño Sergio Lledó reformó y reabrió el local de la calle de la Sal, en la Barceloneta, en octubre buscando la complicidad en el título de Ray Bradbury: la resistencia a que los libros desaparezcan -suelen hacerlo cuando se dejan de leer, como apuntó el escritor americano- está en la base del proyecto. Nunca unos pocos metros cuadrados, 65 en concreto, estuvieron mejor aprovechados. Apartando puntualmente las mesas expositoras se consigue un espacio que los libreros esperan llenar con actividades: "No tanto para difundir como para crear comunidad real, con calor humano, y para fomentar el pensamiento crítico", aseguran.       

Esta es una librería abierta a todos y muy contraria al elitismo

Querían montar el negocio en Sitges, porque allí durante el verano sacan al sol una bonita librería ambulante, pero los precios se lo impidieron. El local de la Barceloneta, que compró la tercera socia, Ana Shelly, conserva el sabor marinero y la posibilidad de que las conversaciones sobre libros continúen sacando sillas a la calle. ¿Qué es lo que hace que alguien se convierta en librero? Ante todo hay que ser un buen lector. Ibrahimovic, extrovertida y simpática, viene del mundo de la danza y el teatro y se autodenomina con guasa "la peor librera del mundo". Él ha trabajado como corrector, traductor y lector editorial, aprendió el oficio en La Central y es un letraherido de pro. La selección de su librería lo confirma. Abundan los títulos de esos que corren como consignas entre los buenos lectores y en especial de editoriales independientes. "Pero ante todo tengo presente que no están aquí solo los libros que me gustan. Esta es una librería abierta a todos y muy contraria al elitismo, del que se nos suele acusar".

Mariana Sàrrias, en la Llibreria Byron.

/ JORDI OTIX

Byron, un reducto de paz

Con un espíritu mucho más burgués, la librería Byron en la zona del barrio de Sant Antoni que se codea más con el Eixample, es un proyecto que Mariana Sàrrias y su socio, Víctor Sánchez, barajaban desde hace tres años. Tenían que abrir puertas en abril pero no pudieron hacerlo hasta noviembre. Con muy buena recepción, quizá porque al final del espacio diáfano donde los libros en los anaqueles esperan a ser elegidos hay una pieza de esas que fomentan la paz interior. Butacas, chimenea estilo 'British' y lo que se quiera tomar en la cafetería. "Buscábamos un punto acogedor y doméstico", explica Sàrrias. Son 400 metros cuadrados, justo el límite para no haberse visto obligados a cerrar en estos días.

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La librería se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a la adversidad

"La librería se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a la adversidad", dice a modo de mantra para quitarse de encima la aprensión de haber abierto en el peor momento posible, doliéndose de no poder llevar a cabo buena parte de las conferencias, cursos, presentaciones y actividades infantiles que planeaban. Aunque sí se han atrevido a ofrecer con aforo reducido miniconciertos gratuitos, a modo de pequeños aperitivos con un músico o dos en acústico. Conoce bien Sàrrias la materia. Antes de dedicarse a la edición organizó conciertos de música clásica y la librería, pese a ser generalista, recoge esa querencia. Sàrrias encarna a su vez otro modelo de librera, la editora-emprendedora -está al frente de Huygens, especializada en derecho y economía- que decide ampliar horizontes y no tiene experiencia previa, aunque los trabajos de gestión no estén alejados. Tampoco le importa estar un poco alejada del núcleo urbano de las librerías generalistas porque está convencida de que el futuro pasa por la cada vez más actual descentralización y la implicación con el tejido social del barrio: "Aunque todo suma, la concentración de librerías no es buena”, dice.