Barcelonas

Milagro en la Barceloneta

Una pareja entusiasta abre la librería Fahrenheit 451 en la calle de La Sal (en la Barceloneta), en el mismo local que albergó a la mítica Negra y Criminal

Sergio Lledó y Azra Ibrahimovic que acaban de abrir una libreria en el antiguo local de Negra y Criminal.

Sergio Lledó y Azra Ibrahimovic que acaban de abrir una libreria en el antiguo local de Negra y Criminal. / JORDI OTIX

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Olga Merino
Olga Merino

Periodista y escritora

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Tienen un no sé qué de Bonnie y Clyde. No porque se trate de gánsteres en fuga, sino por la energía que derrochan en época de vacas cabizbajas, como lo fue la Gran Depresión. Sergio Lledó (43 años, malagueño) y Azra Ibrahimovic (36 años, bosnia) son pareja y acaban de abrir una librería en la Barceloneta, en el mismo espacio que había albergado a la añorada Negra y Criminal, la que regentaron Montse Clavé y el añorado Paco Camarasa. La han bautizado como Fahrenheit 451 -la temperatura a la que arde el papel- en homenaje a Ray Bradbury, a la novela que dibuja un mundo distópico donde los libros se queman para que la población se quite de leer.

El local, en el número 5 de la calle de La Sal, conserva algunos guiños del pasado -el cartel que decía «el móvil del crimen», la silueta del cadáver trazada con tiza en el suelo del sótano- y la buena atmósfera de siempre. Antes de custodiar libros, el recinto había sido pescadería y, antes de antes, un depósito de sal, sustancia que, a decir de los esotéricos, absorbe la mala vibra. Y se nota: abrieron hace un par de semanas, en una jornada de puertas abiertas en la que los vecinos se acercaron a darles la bienvenida al barrio. Juegan, pues, en casa.

Si Negra y Criminal se había especializado en el 'noir', Fahrenheit 451 quiere enfocarse en las editoriales independientes, sin apenas espacio en las mesas de novedades (Las Afueras, La Umbría y La Solana, Hurtado y Ortega, Gatopardo, La Felguera, Con Tinta Me Tienes, Contraescritura…). Sergio, con 20 años de experiencia en el sector, y Azra, un volcán de energía balcánica, acometieron ellos mismos las tareas de reacondicionar el espacio, porque tenían «tiempo, escaso 'money' y mucha motivación». Tanta que hasta hace bien poco se dedicaban a vender libros en un remolque para caballos adaptado, como las 'food-trucks', las gastronetas que ofrecen en las ferias patatas bravas en bandejas de cartón. El artesano de Terrassa que les tuneó el remolque no acababa de entenderlo; pero cómo, ¿solo estanterías? ¿Y la plancha para los bocatas calientes?

La pareja tenía instalada la librería móvil en Sitges -ahora huérfano de comercios librescos-, no por hipsterismo, sino por el desorbitado precio de los alquileres. Hasta que un día se produjo una suerte de «milagro literario»: tras el mostrador de la 'roulotte', conocieron a la propietaria del local de la calle de La Sal, Ana Shelly, a quien le encantó su proyecto y les ofreció trabajar en comandita, en condiciones fantásticas, no solo para vender libros, sino también para crear una madriguera cultural, un lugar de encuentro e intercambio de ideas. Azra enarbola un aserto que empieza a hacer fortuna: «Las librerías son los nuevos bares», y en este sentido, el de comunidad, esta misma semana arrancan un taller sobre literatura y adulterio impartido por Alfonso Barguñó.

¿Y el romántico remolque? Pues pretenden usarlo los fines de semana, en festivales y pueblos sin librería. Como los viejos buhoneros.

Las 'mariposas negras' de Sarajevo

Cuando Azra Ibrahimovic estudió en la Universidad de Sarajevo, aún escocía en la memoria la quema de la biblioteca durante la guerra. Un incendio que duró tres días. Caían sobre la ciudad miles de pavesas de incunables achicharrados, que la gente llamó «mariposas negras». La misma expresión se usa en 'Fahrenheit 451'.

Llibreria Fahrenheit 451

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Calle de la Sal, 5

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