BARCELONAS

Pues sí, otra librería

Byron abre las puertas en Sant Antoni con el propósito de crear tejido de barrio

Mariana Sarrias, en la librería Byron, el día de la inauguración.

Mariana Sarrias, en la librería Byron, el día de la inauguración. / RICARD CUGAT

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De seguro que la chimenea será el emblema y reclamo de la librería Byron, inaugurada el viernes. Su responsable, la editora Mariana Sarrias, encontró en un anticuario el revestimiento de nogal y, después de restaurarlo, lo instaló en el corazón del local, donde la sola contemplación de la lumbre, aunque sea eléctrica para evitarle tentaciones al fuego, invita a sentarse a su abrigo, a olvidarse del mundo con un libro en el regazo. Esa es la idea: crear un espacio confortable, para el descanso mental.

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Byron Llibreria & Cafè & Espais, que ese es su nombre oficial, se asienta en dos locales contiguos del barrio de Sant Antoni, en el número 32 de la calle de Casanova, los que ocupaban otros dos comercios, cerrados hará cosa de un año: la corsetería Castells y el bar La Cuina d'en Carles. Unidos en forma de U, suman 400 metros cuadrados repletos de estanterías, unos 500 metros lineales de fondo y novedades generalistas. Ahí es nada.

En una salita acogedora, que aún huele a nuevo, la primera pregunta a Sarrias parece inevitable: ¿otra librería? En mayo abrió Ona, en Pau Claris, dedicada a la literatura en catalán; en octubre lo hizo Fahrenheit 451, en el mismo local de la Barceloneta que había ocupado Negra y Criminal; y para febrero del 2021 está prevista la inauguración, en la calle de la Diputació, de la librería Finestres, una iniciativa del empresario y mecenas Sergi Ferrer-Salat. ¿Tanta hambre libresca tiene Barcelona? La directora de Byron está convencida de que hay nicho para todas, puesto que ahora no son solo eso, meras librerías, sino algo más, pequeños ecosistemas culturales, oasis que recosen el tejido de barrio, espacios donde socializar, aprender en las actividades paralelas, introducir a los niños en la lectura (¡habrá un servicio de préstamo!), degustar un café o refugiarse con el portátil. El fenómeno se sintetiza en una frase que ha acuñado el escritor y 'librerólogo' Jorge Carrión: “Las librerías son los nuevos bares”.

El valor de la lectura

Sarrias, con 15 años de experiencia en el sector, como fundadora, junto con su socio, Víctor M. Sánchez, de la editorial Huygens, especializada en textos académicos, sostiene que, tras la eclosión del mundo digital, parece que el deslumbramiento remite, las aguas vuelven a su cauce y la cultura aflora de nuevo en sus justos quilates. La pandemia, dice, ha subrayado el valor de la lectura; el libro te da lo que le pides: te aísla o te acompaña; te explica o te obliga a formularte preguntas.

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A pesar del retiro forzoso, el proyecto no ha nacido a rebufo del virus. Llevan cuatro años madurándolo, y por el camino han tenido que sortear algún pedrusco, como la dificultad de conseguir sacos de hormigón para proseguir con el remozado del local durante lo más duro del confinamiento. Ahora respiran con alivio, sobre todo al constatar el gentío que desfiló por la librería durante la inauguración, entre 800 y 1.000 personas, por turnos y enmascaradas, que nadie se alarme.

La marca escogida es pura actitud: Lord Byron (1788-1824), el poeta romántico, tan literario y transgresor, un libertino a quien una de sus amantes, Lady Caroline Lamb, calificó de “mad, bad, dangerous” (loco, malo y peligroso). Pero resulta que barajaban otro nombre, (y al descubrirlo la cronista casi sufre un síncope): Brontë. ¡Ay, qué terrible elección!

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