NUEVOS CAMINOS DE LA MÚSICA

Estopa y Love of Lesbian se lanzan a lo grande al 'streaming' de directos

Los espectáculos virtuales no sustituyen al concierto presencial, si bien ofrecen posibilidades de negocio para los artistas más comerciales

Fomatos que proponen experiencias innovadoras, como la visión de 360º, se abren camino

Estopa, con las gafas que permiten la experiencia completa de su concierto ’Estopa 360’.

Estopa, con las gafas que permiten la experiencia completa de su concierto ’Estopa 360’. / EL PERIÓDICO

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Jordi Bianciotto

La alianza con las tecnologías para trasladar la música en directo al ‘streaming’ está sobre la mesa desde hace tiempo, pero la pandemia ha acelerado los procesos. Aunque sea por necesidad. "Para nosotros, es una manera de recordar que estamos vivos, partiendo de la idea de que nunca van a sustituir al concierto físico", deja claro Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian, aun deslizando que este grupo está "abierto a todo". Ahí, en ese paisaje muy abierto y desigual, irrumpe una forma ‘streaming’ con poderes multiplicados, la realidad virtual, que propone Estopa en su novedoso artefacto audiovisual ‘Estopa 360’.

No hay por ahora un manual de ruta y cada artista toma decisiones a partir de su talante artístico, las características de su público y las dimensiones de su negocio. Un fenómeno de fans con audiencia global, el coreano BTS, ha sido noticia por rozar el millón de espectadores con su concierto virtual (parejo a su oportuno lanzamiento en bolsa), si bien, a escala española y catalana, la realidad es otra. Love of Lesbian se apunta al reto, sobre todo, porque tiene "muchas ganas de tocar": de ese impulso sale el concierto que emitirá el 10 de diciembre solo para Latinoamérica. "Para acercarnos a países a los que nunca hemos ido o a los que quizá no vayamos nunca", explica Santi Balmes. "Y mientras no se abra la veda de los conciertos normales".

Emoción de revivir el oficio

Los ‘lesbianos’, que acaban de lanzar una canción, ‘Cosmos (antisistema solar)’, primer adelanto de su próximo álbum, dicen estar "experimentando con nuevas fuentes de financiación, que nunca vienen mal", si bien sospechan que la "imitación" del concierto tradicional tiene poco recorrido. Acceder al concierto costará 10,60 dólares (8,87 euros), y contando las comisiones de ‘management’ y de la plataforma, "no quedará mucho neto, pero será mejor que cero", apunta Santi Balmes. "Y para nosotros resulta emotivo volver a vivir lo que hasta ahora ha sido nuestra profesión".

Al igual que Love of Lesbian, Estopa no se vio este año apuntándose a los micro-conciertos, y su respuesta al parón escénico es ‘Estopa 360’, un bolo grabado este verano en un sofisticado plató que desafía los planos relieves de las pantallas. "Preferimos ofrecer un concierto como este, una nueva experiencia, que tocar ante públicos reducidos, con distancias, mascarillas y todo eso", confiesa David Muñoz, fan de las innovaciones tecnológicas. En ‘Estopa 360’ se entra activando un código y a través de dos vías: con el móvil, tableta, ordenador o Apple TV, girando la pantalla o utilizando el ratón para acceder a los 360º, o bien adquiriendo el ‘pack’ de gafas de Estopa, que van más allá y suministran el efecto de realidad virtual. El punto de vista del espectador lo determina la cámara de seis lentes colocada en el centro del escenario. "Tú ves el concierto desde el medio, vas girando la cabeza y ves a los músicos de la banda tocando", precisa Jose Muñoz. "Y todo eso crea una sensación inmersiva, de estar dentro de la actuación".

Ver un concierto o vivirlo

‘Estopa 360’ se lanzó la semana pasada, a un precio inicial de 6,20 euros, valiéndose de las ‘ticketeras’, como si se tratara de un concierto más, si bien en los próximos días la empresa The Dream impulsará el canal de Amazon para la venta del ‘pack’ con las gafas por 29,99 euros. Esta plataforma ha elaborado también espectáculos virtuales de Chenoa y Sara Baras, y anuncia conciertos de "más de 60 artistas para el 2021". La clave es, subraya su fundador, Pablo Innova (apellido elegido como ‘nick’ de trabajo), que "un concierto normal en la pantalla lo ves, pero el de 360º lo vives, porque tú eres el realizador".

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En la escena independiente (eufemismo de precaria), los parámetros son distintos. El 'streaming' fue la respuesta automática al confinamiento de marzo entre los artistas catalanes, si bien Joan Pons (El Petit de Cal Eril) advirtió pronto de los peligros de la gratuidad. Tanteando salidas, movió pieza con ‘El retrobament’, concierto que registró 400 espectadores de pago. "Pero no cubrimos gastos: perdimos casi 2.000 euros", informa Pons. ¿Balance, pues? "Que no existe todavía una manera para que a un grupo como el nuestro le salgan los números". El concierto está ahora en Filmin, y aunque "la recuperación de la inversión es muy lenta", aprecia de esta plataforma sus "números claros" frente a la opacidad de los tratos con Spotify.

Para Joan Pons, el concierto presencial y el de ‘streaming’ son "incomparables" y "casi ni deberían llamarse igual". En la misma línea, Joana Gomila echa ahí de menos "la parte ritual de compartir un espacio con el público". El escenario es para ella "un instrumento más". Por ello, ve el ‘streaming’ más como un camino para ofrecer piezas audiovisuales distintivas, con un lenguaje propio. Tan lejos, tan cerca: de Estopa a Gomila coinciden en entender el medio tecnológico como un camino para una experiencia distinta, incapaz de suplantar el viejo ritual.