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ENTREVISTA AL PREMI SANT JORDI 2017

Matar a Franco y otras venganzas, el Sant Jordi de Joan-Lluís Lluís

Joan-Lluís Lluís presenta 'Jo soc aquell que va matar Franco', una ucronía llena de paralelismos "no voluntarios" con la actualidad catalana

Anna Abella

El escritor Joan-Lluís Lluís, en Barcelona.

El escritor Joan-Lluís Lluís, en Barcelona. / FERRAN SENDRA

‘Jo soc aquell que va matar Franco’ (Proa) es un conjunto de “venganzas”, eso sí, “literarias”, puntualiza Joan-Lluís Lluís (Perpinyà, 1963). La más evidente la revela ya el título de la novela, con la que el autor de ‘Aiguafang’ ganó el Premi Sant Jordi. “Franco es el arquetipo del dictador. Fue mucho más cruel de lo que se dice, siguió fusilando a mucha gente muchos años después del fin de la guerra, y eso significa que aún era por venganza. Además, es el personaje que más negativamente ha afectado a mi país, a mi cultura y a mi lengua, por ello era ideal para vengarme de él”, cuenta el autor catalán.

No buscaba, puntualiza, hacer un ensayo de política-ficción ni de historia-ficción. E, inspirado por dos versos del ‘Oda a Barcelona’, de Pere Quart, que leyó con 16 años en el Canigó -"'Malfia’t de la història / Somnia-la i refés-la'"-, surgió una ucronía, con paralelismos con la actualidad catalana, que asegura que son una coincidencia y que no son voluntarios. ‘Jo soc aquell que va matar Franco’ imagina que el dictador, en lugar de mantenerse neutral, se unió a Hitler y Mussolini, declaró la guerra a los aliados y bombardeó el campo de Argelers, en Francia, donde junto a miles de republicanos más empujados al exilio malvive el protagonista y narrador, Agustí Vilamat. 

"El franquismo no murió. Pervive, actúa y se consolida con fuerza y arrogancia"

Joan-Lluís Lluís

Escritor

Es “un personaje destinado a vivir lejos de la realidad, que se alimenta de las ‘rondalles’ de Folch i Torres y Verdaguer, que vive en el interior de un diccionario” de su reverenciado Pompeu Fabra (que hace un cameo), pero que “no se resigna a ser víctima”. Alguien que siendo niño perdió un ojo y descubrió en las páginas de la revista infantil ‘La mainada’ “el tesoro de la lengua catalana”, que le marcó su oficio de corrector. Bajo las bombas de Franco “decide cambiar su destino. Hoy nadie lee a Sartre pero él es un héroe existencialista, e ingenuo, que decide que su libertad radica en matar franquistas”. 

Afirma Lluís que el 1-O ya había terminado la novela (“desde la Diada estuve dos meses sin poder escribir nada”) y que antes de acabarla aún “no había la percepción tan clara como ahora de que el franquismo no murió y de que pervive, actúa y se consolida con fuerza y arrogancia”.  

"Franco es el arquetipo del dictador. Fue mucho más cruel de lo que se dice, siguió fusilando a mucha gente mucho después del fin de la guerra"

Bregado tras galardones como el Crexells (‘El dia de l’ós’), el Lletra d’Or (‘Les cròniques del déu coix’) y dos premios de la Crítica Serra d’Or (‘Aiguafang’ y ‘El navegant’), Lluís se puso en la “figura de un escritor onmipotente, libre de crear un mundo y transformarlo a voluntad” y , tras llevar a cabo “la venganza absoluta de matar a Franco”, nada le impedía seguir con algunos ajustes de cuentas más. Uno, con el militar franquista Queipo de Llano, feroz represor artífice de infaustas matanzas, “un malnacido de categoría superior, más incluso que Franco”. 

Contra los aliados

Otra flecha la lanza el escritor sobre los aliados, que liga con la Europa actual. “Cuando hablo de que los ingleses y americanos dejan caer Catalunya y no cumplen sus promesas es un cinismo que recuerda mucho a la actitud ahora de la Unión Europa, de indiferencia displicente y arrogante hacia Catalunya. En la guerra civil parecía que los aliados cruzarían la frontera y expulsarían a Franco pero no lo hicieron aludiendo la lucha contra el comunismo. Aún hoy eso me repugna”.  

Con el maltrato y abandono de los españoles exiliados en campos de concentración como el de Argelers, tampoco deja Lluís muy bien parada a Francia, país donde nació y del que tiene la nacionalidad. “Puedo hablar con autoridad porque siempre he vivido al lado de Perpinyà. Francia fue aliado de los nazis. Detuvo y persiguió en su territorio a alemanes antinazis y se los entregó a Hitler. Solo hubo una pequeña resistencia con el general De Gaulle y sin embargo logró ser considerado como uno de los cuatro grandes aliados”. La crítica se extiende a la lengua. “Históricamente, los profesores en Francia son los grandes actores de la desaparición del catalán. En la Catalunya Nord, hasta los años 60 castigaban a los chiquillos que lo hablaban. Cuando yo entré en la escuela ya nadie lo hablaba”, lamenta.

República y Govern en el exilio

También pasa cuentas con la República española en el exilio, que en la novela se ‘divorcia’ del también exiliado Govern de la Generalitat. “La República era muy anticatalana. Azaña dijo que el único consuelo que hallaba en la victoria de Franco es que eso significaba que Catalunya no sería independiente. Ya desde los años 30 existía una animosidad creciente”, señala Lluís. “En la novela, el destino de Catalunya se decide en un despacho de Londres -continúa- Hoy supongo que se decide en los del Gobierno, tras buenas sobremesas con los jueces y la UE pagando el café”. 

"Ni un solo verdugo, militar, juez o policía ha sido juzgado por sus crímenes durante el franquismo"

Para el autor de 'Xolocata desfeta', tras morir Franco, “el gran error de España fue no haber hecho una depuración judicial como pasó en transiciones de dictaduras a democracias como Argentina, Alemania o Suráfrica”. “Aquí no se ha hecho nada -considera-. Ni un solo verdugo, militar, juez o policía ha sido juzgado por sus crímenes. Se pasó a la democracia sin renunciar al franquismo, sin remordimiento, sin vergüenza y sin miedo. El integrismo de la España una y grande existe aún en el nacionalismo español y España lo está pagando. Uno de los efectos más perniciosos es la corrupción endémica porque los corruptos son los más patriotas y por tanto son intocables. Y mientras, Catalunya vive un estado de excepción”. 

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