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CRÓNICA

Una espiritual Hendricks en Sant Feliu

La legendaria soprano emociona al público del Festival de la Porta Ferrada con un repertorio de lamentos y música negra

CÉSAR LÓPEZ ROSELL / SANT FELIU DE GUÍXOLS

Barbara Hendricks, sobre el escenario del festival de Porta Ferrada, en Sant Feliu de Guíxols.

Barbara Hendricks, sobre el escenario del festival de Porta Ferrada, en Sant Feliu de Guíxols. / JOAN MURGADELLA

Diez años años han pasado desde que Barbara Hendricks (Stephen, Arkansas, 1948) inaugurara el Festival de la Porta Ferrada con un memorable repaso al cancionero de Billie Holiday. Mucho tiempo, sí, pero no para que el público de Sant Feliu de Guíxols olvidara a la soprano y activista de los derechos humanos. Por eso el recital en el mágico espacio de la iglesia del Monasterio se llenó a rebosar, hasta el punto de tener que habilitar sillas supletorias para dar respuesta a tanta expectación. Entre los espectadores estaba Pasqual Maragall, amigo de la artista,  que se reunió con ella después de un concierto que se inició con 20 minutos de retraso.

La mítica cantante se centró esta vez en un repertorio más intimista, alejado de la ópera y el ‘lieder’, mucho más acorde con sus actuales posibilidades vocales. A pesar de algunos problemas de afinación mantiene el estilo y una notable presencia escénica que le permite afrontar, incluso con una cierta generosidad y sin apenas descanso, la intensidad de una cita de estas características.

ÓRGANO Y TIORBA

El célebre ‘Lamento d’Arianna’ abrió, con resultados desiguales, el fuego de sus intervenciones poco después de que Björn Gafver interpretara al órgano una pieza de Bach. Este excelente músico y el no menos virtuoso Dohyo Sol (tiorba) le respaldaron en la mencionada página de Monteverdi y en ‘Music for a while’ y ’Lord, what is man?’, de Purcell con las que se mostró más entonada.

Pero donde empezó a sentirse cómoda y comunicativa fue con las celestiales ‘Panis angelicus’, de César Franck, y el ‘Ave Maria’ y ‘Sanctus’, de Gounod. Un solo de tiorba de Kasperberg, magistralmente recreado por Sol, enlazó con una continuación consagrada a los espirituales negros. ‘Deep river’, ‘Joshua fit the battle of Jericho’, ‘Glory Glory’ y ‘The trube i see and hod on’, entre otras, mostraron a una Hendricks identificada con una música con la que se familiarizó en su infancia.

El emocionante y reivindicativo ‘Oh freedom!’, interpretado ‘a capella’, puso el broche a una velada planteada por la muestra como un homenaje a la leyenda. Objetivo cumplido.