ADIÓS AL GENIO DE MINNEÁPOLIS
Recuerdos de un tipo raro en Paisley Park
A finales de los 90, Prince era huidizo y desconfiado con la prensa, a la que espiaba y prohibía el uso de grabadoras

1990 El primer concierto de Prince en Barcelona, en el Estadi Olímpic de Montjuïc, el día de Sant Jaume.
"Perdone, pero tiene fama de ser extraño". "¿A usted le parezco raro?"
Así terminó una entrevista realizada a Prince en Paisley Park, su megalómano centro de operaciones en el estado de Minnesota, donde su cuerpo fue hallado el jueves.
Era, o es, un lugar curioso de ver, decorado por una imaginación excitada. Abundan, o al menos abundaban a finales de los 90, cuando se celebró la entrevista en cuestión, estampas coloristas de diseños misteriosos, signos del zodiaco, imágenes del cantante a tamaño XL, trofeos diversos, portadas reproducidas a tamaño holgado... Alguien nos explicó que había que pedir cuentas de todo aquello a la bailarina Mayte Garcia, con la que entonces compartía su muy espiritual vida.
INACCESIBILIDAD Y EXTRAVAGANCIA
Nada más pisar Paisley Park una periodista australiana y servidor tuvimos que firmar un peculiar contrato de confidencialidad por el que nos comprometíamos a no revelar el funcionamiento de la casa. Firmamos arqueando la ceja pero a gusto, porque al fin y al cabo entrevistar entonces a Prince no resultaba fácil, tan huidizo y desconfiado de la prensa como era. Posteriormente, con los años, y con el éxito en declive, se abrió más y perdió algo de ese aura de inaccesibilidad.
Nunca perdió la extravagancia. Por aquella época circulaban un sinfín de leyendas sobre sus rarezas. También sobre su infinita capacidad creativa. "Tengo aquí en Paisley Park unas mil canciones sin publicar", nos dijo aquel día un Prince tímido que parecía tratar de combatir con risas y una desordenada locuacidad. Saltaba de un tema a otro con una facilidad desconcertante.
ESPIANDO A LOS VISITANTES
De aquella entrevista uno recuerda estar esperándole como diez minutos absurdamente. Es el tiempo que Prince permaneció oculto detrás de una columna interior, espiando a sus dos visitantes foráneos, antes de emerger sonriente como si nada y estrechar flácidamente su mano. ¿Hacen falta 10 minutos para cerciorarse de que uno no es peligroso?
Una vez en la sala en que discurrió la entrevista, Prince no permitió el uso de grabadoras. Al parecer temía que el periodista vendiese luego la cinta y se convirtiera en palabras musicalizadas de un disco pirata. Era la época en que luchaba a brazo partido con una discográfica para recuperar los derechos de su obra. Se decía también que no le gustaba su voz hablada. A saber.
CONTRA LA IDOLATRÍA
Nos dijo que había tomado la decisión de no firmar nunca más autógrafos. Su forma, comentó, de rebelarse contra la idolatría. Desconozco si cumplió su propósito por siempre jamás. Y dijo también que cada vez le gustaba menos que le hicieran fotos, afirmación que produjo un efecto extraño, rodeado como estábamos de sus colosales retratos.
Recuperemos finalmente una oportuna cita de aquella entrevista:
"¿No le inquieta la muerte?" "En el jardín del Edén no sabían que iban a morir. Nadie les contó nada sobre la mortalidad. Un perro no lo sabe. El mío salta exactamente cada mañana de la misma manera. No piensa en la muerte. Y yo tampoco. Y es que no tienes por qué morir si no piensas en ella. Pensar en la muerte, además, se puede convertir en una adicción".
Sí, era un tipo raro. Tan cierto como que fue un gigante de la música pop.
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