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Izal alza el vuelo

Mikel Izal dejó su empleo en la compañía Boeing por la música y, sin un sello que le dé alas, alcanza cotas que ni sospechaba con 'Copacabana'

Núria Martorell

Izal cantando en acústico Copacabana. / RICARD FADRIQUE

Izal es un grupo de altos vuelos. Que el cantante que lo pilota mida 1,95 resulta casi anecdótico. Mikel Izal, ingeniero de Telecomunicaciones, dejó su trabajo en la empresa Boeing para despegar como músico, sin sospechar las turbulencias que tendría que superar la banda que montó hace cinco accidentados años. Desde el autotodo –autoedición, autogestión, autopromoción– hasta recorrer en auto más de 600 kilómetros, con los instrumentos en las rodillas, para tocar en Andorra ¡ante 3 personas!

Que en un solo verano Izal haya actuado en 27 festivales es más que una anécdota. Y que haya aglutinado a 12.000 espectadores en el Palacio de los Deportes de Madrid, también. El grupo tiene disco nuevo, con nombre que muchos desearían como destino: 'Copacabana'.

Cogida la velocidad de crucero, la formación de estos treintañeros sigue imparable y sin ninguna discográfica que les dé alas. "Ya ha terminado el tiempo de mirar a un lado", cantan en una de sus 12 nuevas composiciones, 'Hacia el norte'.

Brújula bien orientada

La brújula de Izal les llevó a Barcelona. Aquí se encerraron tres meses en los estudios Blind Recods para grabar el tercer compacto, por primera vez con productores externos: Santos & Fluren

UNA CIUDAD DIFÍCIL

La brújula de Izal les llevó a Barcelona. Aquí se encerraron tres meses en los estudios Blind Records para grabar el tercer compacto, por primera vez con productores externos: Santos & Fluren. Y aprovecharon para rodar el videoclip del primer sencillo: Copacabana está en el Raval (el escenario escogido), aunque las molonas letras de neón del nombre del local (existió un Copacabana al lado del Museu de Cera) se añadieron en posproducción.

Barcelona ha sido la plaza más difícil de conquistar para los 'izales'. "Tuvimos inicios muy duros –relata el guitarrista, Alberto Pérez–. En cualquier otra ciudad reuníamos a 200 personas y aquí, en una sala de Gràcia en la que tocamos, apenas 18. En Becool subimos a 80... Tuvimos fracasos estrepitosos". El bajista, Gato (Emanuel Pérez), intenta encontrar una explicación: "Nos han dicho que lo que en Madrid empieza a sonar, en Barcelona tarda un tiempo en llegar, quizá porque las referencias son más europeas". El batería, Alejandro Jordá, prosigue: "Y la sorpresa fue cuando, después de mucho tiempo sin volver, llenamos Razzmatazz [rozaron el 'overbooking']. El cambio fue radical. Y sin saber qué había pasado realmente". La gira de 'Copacabana' les traerá de regreso: al Palau Sant Jordi Club, el 11 de diciembre.

EL DESPEGUE

La sombra de Mikel y su estatura de ciprés llegan hasta el cielo. Terminó Telecomunicaciones en Bilbao y ejerció de ingeniero casi cinco años. "Trabajé en un proyecto de cielo único europeo para el Boeing 747. Pero mi relación con la música se remonta a una edad muy temprana. Tengo fotos de niño aporreando el piano de mi primo Fernando. Con 13 empecé a componer, usando un arcaico secuenciador. Y ya jugaba con segundas y terceras voces de las líneas melódicas principales", relata. Este tercer disco de Izal empieza con un juego vocal ('Prólogo') que se incrusta directamente en 'Copacabana', y así es como las interpretan en el acústico que han grabado para 'Dominical'.

Una vez en Madrid, Mikel descubrió el circuito de la música de autor y su sorpresa fue que las maquetas que presentaba en locales como Libertad 8 y Búho Real tenían cierto éxito y decidían programarle. "Cogía el autobús y con la guitarra me plantaba en cualquier ciudad de España en la que hubiera un sitio en el que me dejaran tocar. Perdí dinero, claro. Pero gané tablas".

El punto de inflexión llegó cuando en el 2008 ganó el Certamen de Jóvenes Creadores de la Comunidad de Madrid. "Tuve el primer destello de que tenía algo que ofrecer y que podía dedicarme a esto", suspira. A raíz de este galardón, participó en la Bienal de Jóvenes Creadores de Europa en el 2009 en Macedonia, donde conoció a Gato, quien había ganado el ciclo Crea Joven de Málaga con su grupo T de Trapo. Le explicó que quería montar un grupo y explorar el rock y el pop. De regreso a Madrid, se embarcaron en la misión. Fueron sumando músicos a la tripulación. Viajaban con el coche del guitarrista (ahora es también el contable), "y no había forma de que salieran las cuentas", recuerda Mikel.

"Mis padres son gente recta, con mucho sentido de la responsabilidad. Y que de repente su hijo, el 'teleco', y siempre tan buen estudiante, dejara el trabajo cayó como un torpedo en la línea de flotación"

En el 2010 Izal ya planeaba. "Mis padres son gente recta, con mucho sentido de la responsabilidad. Y que de repente su hijo, el 'teleco', y siempre tan buen estudiante, dejara el trabajo cayó como un torpedo en la línea de flotación. Les tranquilicé diciendo que me daba un plazo y, si no funcionaba, volvería a mandar currículos. Haber tenido un plan de vida tan claro y tan seguro, y que esos primeros años no generáramos nada, económicamente hablando, fue duro, claro".

CAMINO AL ÉXITO

Izal elevó su popularidad con 'El ascensor', la canción con la que ganó el concurso del programa de RNE 'Tablero Deportivo', por lo que la banda fue invitada a tocar allí en directo. Luego todo fue ir subiendo pisos.

En el 2013 se alzó con dos premios como Mejor Grupo Revelación: en los galardones de la Música Independiente UFI y en los 'Rolling Stones'. Y un año después, ganó también el de Mejor Artista Radio 3, que otorgan los oyentes. "Los premios te sirven para coger impulso, pero no te enseñan el camino –constata Gato–. Te los debes tomar con cierta distancia. Pero sí resultó curioso que desde dos ámbitos tan distintos como son el indie (UFI) y el 'mainstream' ('Rolling Stones') reconocieran nuestro trabajo". 

ENTRE ESTILOS

Mikel constata que "hay cierta destilación de la música: parece que un grupo solo pueda pertenecer a un ámbito. De ahí que fuera tan indicativo y superpositivo que la UFI y la revista se pusieran de acuerdo". Todo eso ocurrió antes de publicar el segundo disco: 'Agujeros de gusano'. Un álbum que grabaron todavía con ciertas penurias, lo que propició descartes que ahora brillan en 'Copacabana'.

Es el caso del tema 'Los seres que me llenan'. Necesitaban dos guitarras acústicas para defenderla en los conciertos y no se podían "permitir este lujo, y menos para solo un tema", recuerda Mikel. La pieza la intercambiaron por otra, también en 'stock', 'A los que volveremos'. Para tocarla, les bastaba el ukelele de Mikel (el mini instrumento que en las manos del pamplonés parece aún más chico).

"Tienes que estar a la altura de las expectativas que generas, aunque implique un desembolso. No podemos seguir con la misma filosofía que cuando íbamos a salas de 100 personas. Es un paso adelante necesario"

A las atmósferas envolventes, épicas, y a los contrastes rítmicos, Izal incorpora en 'Copacabana' dosis de electrónica. "En canciones como 'El baile' lo hacemos de forma descarada. Nos apetecía experimentar, salir de la zona de confort", asegura el cantante. Y para la gira contarán por primera vez "con una escenografía más cuidada, un diseño de luces...", explica. "Tienes que estar a la altura de las expectativas que generas, aunque implique un desembolso. No podemos seguir con la misma filosofía que cuando íbamos a salas de 100 personas. Es un paso adelante necesario".

La primera zancada de Izal, la pieza que se convirtió en un himno para sus fans, fue 'La mujer de verde'. "¿Qué sucederá cuando las balas no reboten/ y los malos sean más fuertes/ y volar no sea tan fácil...?", reza el estribillo. Pertenece al primer disco, 'Magia y efectos especiales'. Izal vuela. Y no lo ha tenido fácil. 

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