La guerra en Oriente Próximo

Los israelíes responden al trauma del ataque de Hamás con fusiles cruzados sobre sus pechos

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Un hombre sostiene un rifle mientras conversa con su pareja en el paseo marítimo de la ciudad israelí de Ashdod.

Un hombre sostiene un rifle mientras conversa con su pareja en el paseo marítimo de la ciudad israelí de Ashdod. / CHRISTOPHE PETIT TESSON / EFE

Andrea López-Tomàs

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En las calles de Israel, los rostros de aquellos que fueron y siguen cautivos en Gaza dominan los escaparates. Las farolas coleccionan pegatinas con palabras pidiendo su liberación, preguntándose sobre su paradero. Y en cada rincón donde alcanza la vista, hay una bandera israelí. Los balcones lucen orgullosos esa estrella de David azul envuelta por dos líneas del mismo color sobre un fondo blanco. Más allá de estos recordatorios, difícilmente se podría afirmar que estas mismas calles son las de un país en guerra. Las terrazas están a rebosar, los negocios se recuperan, y los músicos callejeros vuelven a cantar en las plazas. Eso sí. Jóvenes y mayores se cruzan al pecho sus fusiles, como el último accesorio para salir de casa. Cartera, móvil, llaves y el arma que no se olvida. Aunque los rostros que salen a la calle indican normalidad y pellizcos de felicidad, el pueblo israelí no está bien

"Lo que estamos viviendo es un trauma cultural", explica el profesor Gad Yair de la Universidad Hebrea de Jerusalén. "En nuestra vida diaria, hay constantes referencias al Holocausto, pero lo que ha pasado es que esta referencia popular al genocidio judío de repente ha vuelto como una realidad, no como una broma o un comentario de los que solíamos hacer", explica este experto en sociología cultural, en referencia a ese 7 de octubre clavado en cada uno de los nueve millones de habitantes del Estado hebreo cuando miles de milicianos de Hamás arrasaron con 1.200 vidas en las comunidades fronterizas con la Franja de Gaza. "Inesperadamente, este retorno ha tenido lugar en Israel, el país que prometió que un Holocausto así nunca más volvería a ocurrir", explica a EL PERIÓDICO.

Precisamente ese 'nunca más' es uno de los principales pilares de la identidad nacional israelí. Cada 27 de enero, el pueblo de Israel se detiene para recordar que las matanzas organizadas de seis millones de judíos por el régimen nazi de Alemania no deberían volver a ocurrir nunca. Ahora, ese reclamo se repite con más significado que antes. Otro de los grandes apoyos identitarios de este país es el Ejército. Tanto hombres como mujeres realizan el servicio militar obligatorio que sirve, a su vez, de rito de iniciación y puerta de entrada a la vida adulta en Israel. Pero aquel trágico 7 de octubre el Ejército desapareció. "Muchos sienten que el Gobierno ha violado el contrato que mantiene con cada uno de los ciudadanos, porque las personas que vivían en la frontera tuvieron que defenderse a sí mismas y proteger la seguridad de Israel; el Gobierno debía protegerlos y no lo hizo", añade Yair.

Uno de cada tres israelíes

Casi dos meses después de su propio 9/11, la sociedad israelí empieza a hablar desde otro escenario. Un nuevo estudio, realizado por el Colegio Académico Achva, el Centro de Salud Mental Shalvata y la Universidad de Columbia, muestra que uno de cada tres israelíes presentó síntomas de trastorno de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés) en el primer mes. Entre quienes se vieron directamente afectados por el ataque, ya sea por estar presentes en el momento o por perder a alguien cercano, la prevalencia de PTSD fue de más del 50%. "El recuerdo del Holocausto y la sensación de que no hay nadie ahí para ayudarte suponen un regreso completo al ciclo de la Alemania nazi, es dramático", afirma Yair. "Esto no pasará pronto; creo que en la conciencia israelí, durante una generación como mínimo, habrá un momento de trauma al que seguiremos haciendo referencia durante nuestras vidas, como la gente en Estados Unidos con el asesinato de Kennedy o el 9 de septiembre", añade.

"El 7 de octubre se convertirá en un momento inherente a nuestra identidad israelí", explica a EL PERIÓDICO, desde Hong Kong, donde está realizando una estancia de investigación. En la calma que instalan los miles de kilómetros que le separan de su país, ha podido analizar junto a varios compañeros cuál ha sido la respuesta de su pueblo. "No hay ninguna diferencia entre los israelíes que están en Israel y los que estamos fuera", aclara. "El sentimiento más repetido entre todos es la tristeza y el duelo, es un trauma compartido que se mantendrá en el largo plazo", dice el profesor Yair. "Inmediatamente después de la masacre, la guerra no ha permitido que se lleve a cabo el proceso de duelo, ya que todos corrían a refugiarse de los cohetes lanzados desde Gaza y buscaban nuevos lugares donde protegerse", reconoce. "No ha habido tiempo para procesar toda esta experiencia que será trascendental para toda una generación e incluso más", concluye.

Miles de solicitudes

Por ahora, la única respuesta han sido las armas. Las solicitudes de permisos para portarlas se han disparado, según ha anunciado el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir. En estos dos meses, se han presentado más de 260.000, igualando al número total solicitado en los últimos 20 años. La relajación de los criterios de elegibilidad han hecho que cada día, de promedio se concedan 1.700 permisos, en comparación con los 94 diarios de noviembre de 2022 y los 42 del año anterior. "Vivimos con el terror y esperamos que ocurra en el día a día", explica Yair, celebrando la "locura de la vida israelí". "No es coincidencia que protejamos nuestras fronteras ni que tengamos un Ejército fuerte, porque, en el momento en que no nos protejamos a nosotros mismos, nadie va a hacerlo por nosotros", denuncia Osrat Abitbol Melnikor, volcada en el activismo para traer de vuelta a los 136 rehenes aún en Gaza. 

En gran parte, la lucha por el retorno de los cautivos es lo que mantiene unido al país. "La gente no sabe qué pensar, hay una situación de indecisión porque la presencia de los rehenes nos impide atacar directamente a los gazatíes, ya que tal vez podrían herir a los nuestros", constata Yair. En Israel, la cuestión de los rehenes alcanza niveles teológicos. El Talmud, un conjunto de comentarios sobre la Torá judía, considera el rescate de los cautivos como una responsabilidad comunitaria, ya que muchos eruditos antiguos lo consideraban un destino peor que la muerte. Si el Gobierno de Israel se niega, será el pueblo judío el que luche contra sus líderes, si es necesario, para evitar que los suyos sigan viviendo el cautiverio, la más trágica de las fatalidades. En las calles, les esperan con sol, protección y sus felices retratos.