Cautivos en Gaza

Centenares de familias en Israel, en vilo por la suerte de los secuestrados por Hamás: "Ay, ¿qué estarán haciendo con ellos?"

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Dos mujeres con familiares secuestrados se reconfortan mutuamente en una rueda de prensa el pasado sábado en Tel Aviv.

Dos mujeres con familiares secuestrados se reconfortan mutuamente en una rueda de prensa el pasado sábado en Tel Aviv. / RONEN ZVULUN / REUTERS

Andrea López-Tomàs

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Zahava Eshel no se despega del teléfono. En cualquier momento podría llegar la llamada que tanto anhela. Zahava Eshel desea que Roni, su nieta, esté en Gaza. "Lo sé, en lo más profundo de mi corazón sé que mi niña está viva y está en Gaza", afirma mientras cierra sus ojos y puños con fuerza, como si, así, el deseo estuviera más cerca de la realidad. Pero la verdad es aún incierta. Hace 10 días que no saben nada de esta joven de 19 años que estaba realizando el servicio militar como observadora en el kibbutz de Nahal Oz, a menos de un kilómetro de la Franja de Gaza. A las 9.27 de la mañana del "sábado negro", mandó su último mensaje: "¡Estoy bien! ¡Te quiero, mamá!", que cerraba con cuatro corazones. Zahava sabe que aquellas no fueron sus últimas palabras. Pero, desde entonces, el silencio. Ni rastro de ella. 

La familia Eshel no forma parte de las 199 familias a las que el Ejército israelí ha confirmado que sus seres queridos fueron tomados como rehenes el pasado 7 de octubre por Hamás. Nadie les ha sabido decir dónde está Roni. "Han dicho que hay niños, civiles y ancianos, pero ¿qué pasa con los soldados que están en Gaza? ¿Dónde está esa lista?", exige Zahava desde un puesto de protesta, resistencia y acompañamiento instalado frente a los edificios del Ministerio de Defensa en Tel Aviv. "¿Y mi nieta? ¿Dónde está mi nieta?", cuestiona llena de dolor a EL PERIÓDICO. El lunes por la noche, Hamás compartió el primer vídeo de una cautiva. Se trataba de Mia Schem, una joven de 21 años desaparecida en el festival celebrado cerca de la frontera. No, no era Roni.

"En este momento estoy en Gaza", decía en un vídeo de 60 segundos, donde también se la veía que estaba siendo tratada por una herida en el brazo y ella misma explicaba que la habían operado durante tres horas en un hospital. Zahava también vio el vídeo suspirando porque fuera su nieta. Pero no, no lo era. "Creo que la han sacado porque también tiene nacionalidad francesa, pero mi nieta es sólo de aquí", lamenta. Hamás "sacará [en vídeo] primero a todos los secuestrados con pasaportes extranjeros y, después, ya mostrará a todos los que son sólo ciudadanos israelíes", afirma esta abuela, vestida con una camiseta con la cara de Roni y el hashtag #HamásesISIS en referencia a Estado Islámico. "Eso espero, eso espero", repite. Tal vez entonces podrá saber el destino de su nieta. 

"Papá os espera"

Shmuel Brodez considera que, dentro de las circunstancias, su familia es una afortunada. "Por suerte, un vecino pudo ver cómo mi nuera y mis tres nietas estaban siendo secuestradas", constata, buscando el alivio donde es imposible encontrarlo. Su hijo Avichai fue el primero en plantar una silla de plástico frente al Ministerio de Defensa. "Mi familia está en Gaza. Hagar, Ofri, Yuval y Uriya, papá os está esperando", escribió a mano en una pancarta este granjero del kibutz de Kfar Azza, con vistas a la Franja. Ahora, ya han pasado decenas, incluso centenares, de personas por ese sitio. Se han erigido carpas, instalado mesas, colocado más sillas plegables. Hay comida, flores, banderas israelíes y hasta baños portátiles.

Varias personas muestran sus pancartas a los coches que pasan. "Traed de vuelta a nuestros cautivos ahora", aguanta estoica una joven bajo el duro sol telaviví. Los vehículos reducen su velocidad y pitan en solidaridad con un pueblo volcado en el apoyo social mutuo. "Vengo aquí cada día, porque quiero que vuelvan mis nietas pronto", exige Shmuel. "Quiero ir de paseo con mi nieta como solíamos hacer y no puedo porque está en Gaza, quiero abrazar a mis nietas y no puedo porque están en Gaza, quiero que vuelvan pronto", declara a este diario con rabia. Movidos por el desgarro emocional, se eximen de hacer reclamos políticos. Solo piden el retorno de sus seres queridos.

Pero algunas familias de los secuestrados sí se han atrevido a expresar sus críticas al actual Gobierno. El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, tardó más de una semana en reunirse con ellas. Las autoridades israelíes tardaron también en reaccionar al secuestro más masivo de su existencia y el silencio duró demasiado. "Tres días después de no saber nada de Roni, vinieron algunos oficiales a casa de mi hijo y le comunicaron que estaba desaparecida, eso es todo", explica Zahara. "Desde ese momento, no nos han dicho nada más", denuncia. La ira hacia el Ejecutivo derechista que no vio venir el ataque más mortífero perpetrado por militantes palestinos en los 75 años de historia de Israel es palpable en las calles. "Bibi tiene que dimitir", dice un cartel a la vista de todos.

Contra la invasión

Además, algunas de las familias afectadas han expresado su oposición a la posible invasión terrestre de Gaza. Los expertos afirman que lo más probable es que Hamás haya encerrado a sus familiares en un laberinto de túneles subterráneos en la Franja de Gaza, mientras la Fuerza Aérea israelí bombardea el territorio y el Ejército se prepara para invadir. La milicia palestina ha anunciado que varios de los rehenes han muerto a causa de los bombardeos. En la calle Kaplan de Tel Aviv, los israelíes concentrados en solidaridad con las familias muestran mensajes que apoyan el intercambio de prisioneros. "Seguridad, no venganza", expresa otro cartel. 

"Yo no soy un político, solo soy un abuelo y lo único que quiero es que vuelvan mis nietas", insiste Shmuel Dobrez antes de volver a sentarse en una silla de plástico bajo una sombrilla. Su hijo Avichai está ocupado yendo de funeral en funeral. El hijo de Zahava, sin saber dónde está su hija, dedica sus horas a hablar de ella. "Mi hijo y su mujer van de periodista a periodista, todo el rato contestando al teléfono", explica la abuela de Roni. Todos están convencidos de que la joven soldado está viva, pero no creen que su Gobierno esté haciendo lo suficiente. 

"¿Por qué estoy aquí sentada? Quiero que traigan de vuelta a todos los cautivos ahora. No, ¡ayer!", reclama Zahava. "Cada día es más horrible para ellos: que estarán comiendo, que están bebiendo, cómo es su relación con ellos...", se detiene. "Ay, ¿qué estarán haciendo con los secuestrados?", divaga con la mirada endurecida por más de dos semanas sin noticias desde aquellos últimos cuatro corazones, aguardando a que ese dramático silencio se rompa.