Conflicto en Oriente Próximo

La guerra contra Hamás devuelve una frágil unidad social a Israel pero no da tregua a Netanyahu

DIRECTO | Guerra entre Israel y Hamás: últimas noticias al minuto

MULTIMEDIA | Israel: origen y evolución del país de la paz imposible

El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, habla con soldados durante su visita al kibutz Beeri, este sábado.

El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, habla con soldados durante su visita al kibutz Beeri, este sábado. / AVI OHAYON / DPA

Andrea López-Tomàs

Andrea López-Tomàs

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Hace 10 días, Boaz Harel no hubiera pisado Sderot. Y mucho menos vestido con esa camiseta. Cerca del corazón, se puede leer en hebreo "Hermanos y hermanas por Israel". Esas palabras identifican la organización de reservistas del Ejército israelí que lideraba las protestas contra la reforma judicial promovida por el Gobierno derechista del primer ministro, Binyamín Netanyahu. "Si hubiera venido con esta camiseta a este lugar hace un mes, la gente me hubiera gritado y despreciado, porque esto es muy de izquierdas y esta zona es muy de derechas", constata este voluntario de Tel Aviv. "Pero ahora no hay izquierda ni derecha. Somos uno. Todos están ayudando a todos. No hay dudas", explica a EL PERIÓDICO. El 'shock' de la ofensiva de Hamás ha unido a toda una sociedad que hace poco más de una semana parecía quebrada para siempre. 

Ahora, Harel trabaja codo a codo con judíos religiosos radicales. Se da la mano con gente que nunca se hubiera encontrado en su barrio de Tel Aviv. "Esa es la gran diferencia respecto a las otras ofensivas [de Israel sobre la Franja de Gaza], y esta cooperación también fortalece la moral", constata. Pese al optimismo que se respira en los centros de voluntarios improvisados en la última semana, la realidad fuera de estos recintos parece otra.

A lo largo de estos días, algunos grupos de manifestantes se han reunido a las puertas del Ministerio de Defensa en el centro de Tel Aviv para denunciar "los graves errores del Gobierno en el período previo a la guerra". También han criticado a Netanyahu por no haber visitado hasta este domingo a ninguna familia de los 1.400 muertos, según el último balance de este domingo, y el centenar de rehenes israelíes.

Caída en las encuestas

"El día después de que termine esta guerra, Netanyahu ya no será primer ministro", anuncia el movimiento civil. Aun así, el invencible 'Bibi' ha orquestado un gobierno de unidad junto a su enemigo político, el líder de la oposición y exaliado suyo en un Ejecutivo anterior, Benny Gantz. Pero las encuestas ya empiezan a castigarlo. El sondeo publicado por el diario 'Maariv' otorga al centrista Unidad Nacional de Gantz 41 escaños en vez de los 12 de ahora.

El Likud baja de 32 a 19, y los partidos de línea dura y los ultraortodoxos también pierden apoyos. Los ataques de Hamás han perforado la fe de los israelíes en el liderazgo del país y sus afirmaciones de ser los únicos que podían mantenerlo seguro. Aunque la rápida movilización suele dar a los líderes un aumento de popularidad, la magnitud de la matanza y la profundidad de los fallos de inteligencia y seguridad podrían acabar provocando un efecto rebote contra Netanyahu y compañía.

Concentración para reclamar la dimisión de Netanyahu, este sábado en Tel Aviv.

Concentración para reclamar la dimisión de Netanyahu, este sábado en Tel Aviv. / ILIA YEFIMOVICH / DPA

Por eso, varios expertos alertan de que esta percepción de unión social es temporal. "Sería de imaginar que, a raíz de la tragedia de la guerra y de la falta de preparación ante la misma, la polarización que ha dominado a la población de Israel en los últimos meses se fortalezca aún más, pero, en ese sentido, se da un fenómeno interesante, muy propio de la sociedad israelí, que implica que, ante situaciones de conflicto externo, se tiende a la re-unión, aunque, al mismo tiempo, esas sensaciones y culpas se mantienen latentes", explica Daniel Wajner, profesor asistente del Departamento de Relaciones Internacionales y el Foro Europeo de la Universidad Hebrea de Jerusalén. "Una vez Israel pueda sobrepasar este desafío, esas tendencias sociales probablemente vayan a explotar", constata a este diario.

"No es el momento"

"El Estado de Israel está dividido políticamente: la mitad de la gente quiere a Bibi y la otra mitad, no, pero ahora estamos más unidos", coincide Itay Tsachar, director general del ayuntamiento de la ciudad árabe de Jaljulia. "Siempre ha habido conflicto en Israel; lo único diferente ahora es que tenemos en el Gobierno gente que no merece estar allí, porque son criminales o excriminales", denuncia desde el centro de voluntarios de Sderot. Pero la ilusión de la unión se ha visto quebrada en ocasiones esta semana. El pasado lunes, se registraron ataques de partidarios del Gobierno a manifestantes acampados frente al Ministerio de Defensa.

Ahora, casi nadie se atreve a señalar a culpables. Sólo unos pocos han vuelto a sacar a la calle carteles incriminatorios contra Netanyahu, al que acusan de "tener sangre en sus manos". "La acusación que se está escuchando hoy es que los ministros no muestran su presencia entre la población, no vienen a pedir disculpas, a compartir los momentos con las familias, a demostrar empatía, como normalmente se suele hacer en Israel en casos de conflicto", analiza Wajner. En la calle, necesitan la confianza para poder seguir adelante, para convencerse de que un mañana es posible. "La gente carece de confianza en el Gobierno, en el Ejército, y eso habrá que reconstruirlo, y se hará, y se reconstruirá muy rápido", defiende Harel.

"Las medidas que se tomen ahora fortalecerán esta confianza. Sí, empezamos en el punto más bajo posible, como hace 50 años en la guerra de Yom Kippur, pero lo superamos y aprenderemos de ello. Eso no volverá a pasar, y la gente se unirá y será más fuerte", afirma, convencido quién también fue miembro de una unidad de combate. Todos insisten en que no es el momento de señalar culpables, que, antes de las comisiones de investigación más esperadas en los últimos años en Oriente Próximo, hay que destruir al enemigo. "Quién tiene la responsabilidad de la actual catástrofe es el primer elemento, quizás el único, que se va a poner sobre la agenda una vez que esta pesadilla de la guerra termine", concluye Wajner.