Reunión en Ginebra

Biden busca la "estabilidad estratégica" con Rusia y Putin, seguir en la liga de los grandes

  • Los mandatarios de las dos potencias se encontrarán en Ginebra con el objetivo de que no se deterioren más las maltrechas relaciones

Joe Biden y Vladímir Putin.

Joe Biden y Vladímir Putin.

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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Marc Marginedas
Marc Marginedas

Corresponsal para la exURSS

Escribe desde Moscú

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BIDEN

Firmeza, pero sin añadir más tensión

Sobre el papel, el objetivo de Joe Biden en la reunión bilateral que mantiene este miércoles en Ginebra con Vladimir Putin parece modesto, pero eso no lo hace menos complicado: intentar que no se deterioren aún más las relaciones de Estados Unidos con Rusia, en un punto peligrosamente bajo. La Casa Blanca busca poner a EEUU en la senda de una relación más predecible y salir del encuentro con instrucciones a los equipos de ambos países de lo que Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional de Biden, ha definido como "estabilidad estratégica".

Son retos especialmente marcados cuando la agenda del encuentro, que buscó el presidente estadounidense, está plagada de cuestiones algo más que espinosas. Ahí figuran los esfuerzos de injerencia rusa en las elecciones estadounidenses y los ciberataques como el de Solar Winds vinculados directamente a Moscú y por los que se han impuesto sanciones, pero también los crecientes ciberataques con ransomware en los que se denuncia la permisividad del Kremlin con los hackers. También, las agresivas acciones rusas en Ucrania, en apoyo a Bielorrusia o con la oposición interna, cuyo máximo exponente ahora es el encarcelamiento del opositor Alexei Nalvani, cuya supervivencia en la cárcel Putin no ha garantizado. "Su muerte sería otra indicación de que Rusia tiene poca o ninguna intención de respetar derechos humanos básicos fundamentales. Sería una tragedia", dijo Biden el lunes.

Para el mandatario demócrata, en cualquier caso y según diversos analistas, lo más importante es eliminar más tensiones con Rusia que podrían distraerle de sus propios objetivos, de la reconstrucción de la economía de EEUU tras la pandemia y la concentración de su poder en política exterior para tratar de frenar la creciente competición económica y de influencia geopolítica de China.

"Un digno adversario"

Públicamente Biden no ha querido dar detalles de su agenda para el encuentro o de cómo lo va afrontar personal y políticamente y el lunes en una rueda de prensa en Bruselas recordaba que "lo último que cualquiera haría es negociar frente a la prensa mundial cómo va a enfocar una reunión crítica con un adversario o alguien que podría ser un adversario". No obstante, sí ha revelado las líneas maestras del pensamiento con que llega al encuentro con un mandatario al que, enterrando la polémica sobre su definición como "asesino", ha calificado de “brillante, duro” y "lo que se dice un digno adversario".

"Lo que transmitiré a Putin es que no busco conflicto con Rusia pero responderemos si continúa sus actividades dañinas y no dejaremos de defender la alianza tras-atlántica o defender los valores democráticos", ha explicado en los últimos días Biden. Ha hablado también de "líneas rojas" y de "respuestas" en caso de que Putin opte "por no cooperar y actuar en la forma en que lo ha hecho en el pasado en relación a la ciberseguridad y algunas otras actividades", pero también ha asegurado que, por parte de EEUU, están "listos" para "elaborar juntos alguna doctrina estratégica" que potencialmente permita a los dos países trabajar juntos en áreas concretas. Y Biden buscará esa colaboración, o simplemente tratar de evitar que Rusia no obstaculice sus esfuerzos, en cuestiones como su intento de reactivar el acuerdo internacional para frenar el programa nuclear militar de Irán o para minimizar la violencia talibán en Afganistán.

Bajas expectativas y puntos de luz

Nadie en la Administración estadounidense tiene o quiere que se tengan grandes expectativas del encuentro en términos de resultados específicos, aunque hay algunos objetivos que se ven más al alcance. Concretamente, uno de los campos que se mira con más esperanza es el de la colaboración en el control de armas nucleares, especialmente dado que los dos países acordaron prorrogar poco después de que Biden llegara a la Casa Blanca el tratado Nuevo START, que limita cabezas nucleares de ambos, y que expira en 2026, en el que Washington quiere incluir armas estratégicas que hasta ahora no estaban cubiertas por el pacto, una negociación que será ardua y debe iniciarse lo antes posibles.

El logro más inminente podría ser que se dieran pasos, aunque sea pequeños, para restaurar los lazos diplomáticos que se han ido reduciendo durante los mandatos de Barack Obama y Donald Trump, cuando cerraron o quedaron suspendidas las actividades de tres consulados en Rusia, y se han perdido o cortado canales de comunicación. De hecho, líderes empresariales estadounidenses con intereses en Rusia ansían una "tregua en las guerras diplomáticas".

Biden llega al encuentro dispuesto también a presionar personalmente a Putin para que permita expandir la distribución de ayuda en Siria por las fronteras de Turquía, Jordania e Irak, según ha revelado Foreign Policy. El próximo 10 de julio hay que renovar en Naciones Unidas ese programa del que dependen 3,4 millones de personas en el noroeste sirio y 1,8 millones más en el noreste y Moscú podría intentar cerrarlo o reducir su mandato de un año a seis meses.

Críticas y defensa 

Algunos republicanos en EEUU han criticado el acierto de la reunión denunciando que es un "regalo" a Putin del que este puede sacar rédito político en Rusia y también internacional. Algunas voces europeas ven como desacertado y potencialmente nocivo un acercamiento a Rusia que podría desviar atención y recursos en un momento en que Moscú, y no Pekín, se ve como la principal amenaza para la región. Biden insiste en que en la reunión de la OTAN nadie en público ni en privado le ha mostrado reticencia a la bilateral.

Hay también preocupación por las percepciones que puede dejar el encuentro, al que Biden, de 78 años, llega posiblemente cansado al final de un viaje de ocho días. Pero no habrá rueda de prensa conjunta que permita a Putin explotar ese flanco. Y Michael McFaul, que fue embajador de EEUU en Rusia cuando Biden tuvo su encuentro personal en 2011 con Putin, ha defendido en declaraciones a AP que el mandatario tiene como ventaja una visión más completa del líder ruso que sus predecesores y tiene un componente único en su análisis: un profundo conocimiento de una región que ha visitado con frecuencia y donde ha oído directamente sobre la agresión y amenaza que representa Rusia.

PUTIN

La reunión, una victoria para Moscú

Vladímir Putin volverá a sentarse, frente a frente, y de igual a igual, con un presidente estadounidense. En el pasado, ya lo hizo con Bill Clinton, George Bush, Barack Obama y Donald Trump, cuatro de los predecesores de Joe Biden. Y ahora, pese a que Rusia es acusada de vulnerar permanentemente sacros principios de la legalidad internacional, incluyendo la anexión de un territorio perteneciente a un país extranjero por la fuerza militar, estas cumbres bilaterales siguen siendo una cita imprescindible, lo que, a juicio de Moscú, viene a demostrar que el aislamiento internacional de Rusia es imposible.

Esta es, a grandes rasgos, la principal aspiración del Kremlin de cara a la cumbre de este miércoles entre los presidentes de EEUU y Rusia. Para la parte rusa, "la misma celebración de la cumbre constituye un logro de su diplomacia, aunque no se tomen decisiones", señala telefónicamente Andréi Kortúnov, director del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC), un laboratorio de ideas vinculado al Ministerio ruso de Asuntos Exteriores. La cita de Ginebra demuestra que el país "continúa jugando en la misma liga" que su rival norteamericano, continúa el experto.

Desarme y estabilidad estratégica

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Cuestiones de imagen aparte, para el Kremlin, el desarme y todos los temas referentes a la estabilidad estratégica será el punto más relevante a tratar, al igual que para la delegación norteamericana. "Espero que la cumbre sea un punto de partida", ha asegurado al diario 'Izvestia' Serguéi Riabkov, viceministro ruso de Asuntos Exteriores. Y aunque la prolongación del tratado START III en febrero ha garantizado que por el momento, ambas superpotencias nucleares no se van a lanzar a construir nuevos proyectiles de largo alcance sin control, los avances tecnológicos han generado muchos temas pendientes: "el cosmos, la ciberguerra, los drones...", enumera Kortúnov. "Si el trabajo en este campo ya se reanuda, eso ya será un logro", concluye.

Durante la negociación de la agenda de temas a tratar, el Kremlin ha dejado claro que existen asuntos que bajo ningún concepto deberán abordarse durante las discusiones, en concreto el trato que recibe la oposición rusa y el encarcelamiento de Alekséi Navalni, considerado por el Kremlin como una injerencia en sus asuntos internos. Hace unos días, durante intervención, el líder de la Casa Blanca llegó a asegurar que, durante la reunión con Putin, evocaría del respeto a los derechos humanos, lo que fue respondido con una nada velada advertencia. Las propuestas de temas "no encajan" y en los próximos días, EEUU recibiría "señales incómodas" del malestar del Kremlin, contestó el propio Riabkov. De inmediato, Moscú anunció el reforzamiento del depliegue militar junto a la frontera de Ucrania, y se hizo publico la existencia de un ciberataque contra una empresa cárnica desde territorio ruso. Hasta tal punto el tema es de importancia que hasta ha hecho fracasar la difusión de un comunicado conjunto tras el encuentro. "Fracasó por la exigencia rusa de incluir la no interferencia en los asuntos internos", revela Kortúnov.