Crisis económica

La inseguridad alimentaria desata la violencia en los supermercados del Líbano

  • La muerte de un voluntario durante un reparto de ayudas muestra la desesperación de una población al borde del colapso

  • Mientras los precios de los bienes de consumo siguen aumentando, los salarios se mantienen igual tras un desplome histórico de la moneda

Una mujer fríe patatas en su vivienda en el barrio marginal construido junto al cementerio de Ghoraba, en Trípoli.

Una mujer fríe patatas en su vivienda en el barrio marginal construido junto al cementerio de Ghoraba, en Trípoli. / IBRAHIM CHALHOUB (AFP)

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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Karim Mehyedin tenía 23 años. Hace unos días se presentó como voluntario para repartir alimentos en la ciudad de Trípoli, al norte del Líbano. La desesperación condenó su solidaridad con unas balas. Karim Mehyedin murió este martes. La creciente inseguridad alimentaria en el Líbano ha agudizado la violencia en los supermercados. Mientras sus salarios se mantienen igual, la sociedad libanesa es testigo del aumento de los precios de todos los productos. Desbordada por su incapacidad de satisfacer sus necesidades básicas, recurre a la violencia por el último pedazo de pan.

En las últimas semanas, las redes sociales libanesas se han llenado de vídeos de personas llegando a las manos en los supermercados. Muchos ciudadanos ven cómo la subida de los precios desemboca en una escasez de alimentos y productos básicos, más allá de aquellos de segunda necesidad. En la norteña y castigada Trípoli, los enfrentamientos han escalado. Durante la distribución de 500 paquetes de ayuda humanitaria, algunos hombres intentaron hacerse con más cantidad de la que les correspondía, prendiendo la mecha del caos

Un disparo fortuito, entre las disputas y el saqueo, provocó la muerte del joven voluntario. Otras dos personas resultaron heridas. Pero el país no dispone de tiempo para llorar el asesinato de Mehyedin. A los libaneses se les va robando el tiempo poco a poco. Largas colas en las gasolineras en busca de un producto hasta ahora subsidiado y, por lo tanto, escaso. Como también ocurre en la vecina Siria. A su vez, largas colas frente a las panaderías tras la decisión del Gobierno de dejar de distribuir pan a supermercados. 

"Espere su turno", deben insistir los dependientes. "Si no hemos cogido el coronavirus ya, seguro que nos contagiamos aquí", susurran los clientes. La población observa exasperada la inacción de su Gobierno a medida que van subiendo los precios, a medida que se vacían las estanterías. El aceite y la leche para bebés son los productos más disputados en las peleas. Además, encontrar ciertos medicamentos en las farmacias lleva meses siendo como la búsqueda del tesoro

Bienes solo para los libaneses

Algunos ciudadanos han llegado a reclamar que los productos básicos se reserven a la población local. Que se excluya de su acceso a la comunidad de refugiados sirios. Uno de cada cuatro habitantes del Líbano pertenece a este grupo vulnerable. El desplome histórico de la libra libanesa el pasado marzo salpicó a toda la población por igual. Desde 1990 -final de una guerra civil que duró tres lustros-, la moneda ha estado fijada artificialmente a 1.507 por dólar. Ahora, los valores fluctúan alrededor de las 12.000 libras por dólar.

Pero los salarios se mantienen. Desde 2019, la libra libanesa ha perdido más del 85% de su valor en el mercado negro. Para la sociedad libanesa, no ha sido la pandemia lo que más va a entorpecer la celebración del Ramadán. Un nuevo estudio de la Universidad Americana de Beirut demuestra que un mes de comidas 'iftar' para romper el ayuno suma un total que es dos veces y medio el salario mínimo. Equivale a unas escasas 675.000 libras libanesas que, al cambio de este jueves, son unos 55 euros

Retirada de los subsidios

Las autoridades libanesas han conseguido mantener los subsidios de unos 300 productos de consumo. Aunque las menguantes reservas de dólares en el Banco del Líbano amenazan con retirar las ayudas a las importaciones de trigo, combustibles y medicinas. Mientras, los libaneses habitan en el desgobierno político. Han pasado casi siete meses desde el nombramiento de Saad Hariri como primer ministro encargado de formar un nuevo ejecutivo. 

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El anterior Gabinete dimitió como respuesta a la explosión del puerto de Beirut el pasado 4 de agosto. Las disputas por ministerios clave entre las distintas formaciones, cada una alineada con una comunidad religiosa, han imposibilitado la formación de un Ejecutivo. Así, las donaciones internacionales recaudadas no pueden llegar a una población cada vez más asfixiada. De forma alarmante, los supermercados en el Líbano se han convertido en el escenario de una realidad que puede pronto trasladarse a las calles.