Grave crisis económica

Los libaneses viven con angustia la escasez de medicamentos en las farmacias

  • La falta de dólares para importar y el acaparamiento sitúa a los más vulnerables en una situación límite

  • Oenegés e iniciativas individuales tratan de remediar una situación que tiene consecuencias letales

Malak Kiami Amel en el almacén de farmacia del Hospital Saint George de Beirut

Malak Kiami Amel en el almacén de farmacia del Hospital Saint George de Beirut / ANDREA LÓPEZ-TOMÀS

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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Hoda Al Kara vive en El Cairo con su marido, egipcio. Cada mes solía viajar a Beirut para visitar a su familia y mantener su negocio de organizadora de eventos con su hermana. El 12 de julio acudió a pasar unos días en su ciudad, pero la situación la atrapó durante cuatro meses. "Cuando me di cuenta que pronto se acabarían los medicamentos en Líbano, decidí quedarme más tiempo y colaborar con una amiga que tiene una oenegé", explica. Desde entonces, cada semana su marido llena las maletas de fármacos en El Cairo y los reparte en Beirut. "Traemos aquellas medicinas básicas y las entregamos de forma gratuita; sin ellas, mucha gente moriría".

Iniciativas individuales como las de Al Kara son las que sostienen una terrible situación que lleva meses amenazando el futuro de la industria farmacéutica en Líbano y la propia salud del país. "Ahora mismo estamos en una situación crítica respecto a los fármacos", explica Karim Gebara, el presidente de la Asociación Libanesa de Importadores Farmacéuticos (LPIA, por sus siglas en inglés). "El 80% de los medicamentos son importados y el 20% es de fabricación local, aunque la materia prima es importada, así que hablamos de una industria basada en la importación en el 90%", reconoce.

Gracias a los subsidios, el precio de los fármacos sólo ha aumentado un 1,4% en un año mientras la inflación en el Líbano supera el 130%.

"Para importar hace falta una divisa fuerte", recuerda Gebara. Pero la crisis económica ha hecho desaparecer los dólares del país, moneda muy codiciada tras la devaluación de la libra libanesa en un 80%. "El valor del dólar se ha disparado en comparación con nuestra moneda local", reconoce Al Kara, "por lo que las farmacias no tienen capacidad de importar porque no disponen de dólares". La diferencia entre el dólar y la libra podría catapultar los precios, como ya ha hecho en muchos sectores. Por eso, como medida de protección, el Banco Central aplica subsidios a la importación de varios productos, entre ellos los medicamentos.

Gracias a estas ayudas, el precio de los fármacos sólo ha aumentado un 1,4% en un año mientras la inflación en Líbano supera el 130%. "Hasta septiembre la situación estaba más o menos bajo control", rememora Gebara. "Entonces, el Banco Central anunció que le quedaban 2.000 millones de dólares que podrían durar hasta final de año, por lo que la gente entró en pánico, corrió a las farmacias y compró tantos medicamentos como podían para guardarlos en sus casas", recuerda. Desde septiembre, muchos fármacos ya no han vuelto a las estanterías de las farmacias.

Pacientes desesperados

"Los medicamentos para enfermedades crónicas no están disponibles", reconoce Malak Khiami, farmacéutica en Amel Association, en cuyos 25 centros esparcidos por todo el país reparten medicinas. El problema de la escasez de fármacos le toca de cerca: "Mi padre es diabético y tiene una farmacia pero desde septiembre no ha podido comprar nueva medicación porque los proveedores no se la traían, así que como mi tío toma el mismo tratamiento optaron por dividirse el estoc que les quedaba". Pero cuando se agote, ¿qué ocurrirá?

Entrada principal de una de las farmacias de la capital libanesa.

/ Andrea López-Tomàs

Carteles escritos a mano y colgados en las puertas de las farmacias anuncian la ausencia de ciertos medicamentos. El país se estremeció cuando las cámaras de seguridad capturaron a un soldado fuera de servicio apuntando con su pistola a una farmacéutica cuando le dijo que no le quedaba Panadol. "La gente está desesperada y reacciona de la peor manera", analiza Gebara, "muchas personas van hasta a 30 farmacias distintas buscando el fármaco que necesitan". Presos del pánico, los pacientes con más recursos acumulan medicamentos en casa por miedo a la escasez o a la subida de precios, mientras que aquellos que viven al día recorren kilómetros en busca de su tratamiento. 

"Ahora las oenegés somos el Gobierno", reivindica Hoda al Kara, que lleva medicamentos de Egipto al Líbano

"Quiénes tienen conocidos o familiares fuera de Líbano les traen medicinas del extranjero", explica Khiami, "pero los que no los tienen, están sufriendo y recurren a otras vías". Desde publicaciones en las redes sociales hasta acudir a los servicios religiosos de caridad y a las organizaciones de ayuda humanitaria, incluso peligrosos viajes a la vecina Siria, los libaneses buscan cualquier opción con tal de sobrevivir. "Mucha gente ha dejado de tomar su tratamiento; algunas ya habrán muerto cuando se tome una decisión", reconoce al Kara.

Inacción del Gobierno

La situación es insostenible en todos los niveles. "Antes, solíamos asistir de manera casi exclusiva a la comunidad de refugiados sirios en Líbano", rememora Khiami, "ahora el número de libaneses que acuden a nuestros centros en busca de medicamentos se ha duplicado". Después del pánico que arrasó con el stock de las farmacias en septiembre, el Ministerio de Salud, junto a la LPIA y los sindicatos de doctores y farmacéuticos, acordaron limitar los tratamientos a un mes. "Los farmacéuticos solo dan medicamentos a los pacientes que conocen de su propia comunidad", explica Gebara, "no es ideal pero, ¿qué podemos hacer?".

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El anuncio de un inminente levantamiento de los subsidios por parte del Banco Central despertó la ira en las calles libanesas la semana pasada. "La gente no confía en el Gobierno, ni en los proveedores que sobornan al Gobierno; por eso, tenemos que encontrar soluciones nosotras mismas", defiende al Kara. Sin los subsidios los precios aumentarán y, en consecuencia, subirá el precio del dólar en el mercado negro ante su mayor demanda. "El Gobierno se siente cómodo sin hacer nada, ya que todo sigue funcionando gracias al trabajo de las organizaciones y las iniciativas individuales", reivindica esta libanesa que llena maletas con medicamentos. "Ahora las oenegés somos el Gobierno".