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LA CUMBRE DEL G-20

Los incidentes del River-Boca siembran desconfianza sobre la seguridad en Buenos Aires

El Gobierno argentino garantiza el funcionamiento del dispositivo diseñado para proteger a los líderes mundiales

Durante la reunión al máximo nivel también se celebrará una "contracumbre" y protestas callejeras

Abel Gilbert

Últimos preparativos para la cumbre del G-20 en Buenos Aires.

Últimos preparativos para la cumbre del G-20 en Buenos Aires. / EFE / JUAN IGNACIO RONCORONI

Un Boeing C-17 Globemaster III de la US Air Force. Aviones C-17. Cazabombarderos A-4AR Fightinghawk. Los servicios de inteligencia locales e internacionales tensaron sus músculos y saberes. Los acompañarán en las calles 22.000 efectivos de seguridad. El dispositivo que se desplegará a partir del jueves en la ciudad de Buenos Aires para velar por la cumbre del G-20 se ha mostrado de repente exiguo ante los ojos del mundo. Había sido pensado para enfrentar manifestaciones contra la globalización y, eventualmente, frente a la hipótesis de un acto terrorista. No contempló otras cuestiones estrictamente argentinas: la existencia de los violentos hinchas de fútbol.

Los incidentes que rodearon a la esperada final de la Copa Libertadores de América el pasado fin de semana, cuando el bus que conducía a los jugadores de Boca Juniors fue atacado con piedras por fanáticos de River Plate antes de llegar al estadio, y la posterior represión indiscriminada de la policía, cuyos gases lacrimógenos fueron especialmente inhalados por los deportistas, pusieron en entredicho la jactancia de las autoridades argentinas sobre la invulnerabilidad de la reunión que sentará en una misma mesa a Donald Trump, Vladimir Putin, Angela Merkel, Xi Jinping  y otros líderes de ese foro permanente.

Mejor marcharse

Días atrás, dos jóvenes argentinos fueron arrestados por supuestos vínculos con el grupo Hezbollah. “Nos rompieron la casa”, dijo el padre. A sus hijos les secuestraron dos carabinas, una escopeta y cuatro pistolas antiguas que eran de su abuelo, de 82 años. El operativo fue presentado por las autoridades como una muestra de una eficacia implacable de cara a la cumbre. “Imagínese que lo de Boca y River parece algo bastante menor al lado de tener 20 presidentes y ocho organismos internacionales”, dijo entonces la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Pero, además, le recomendó a los habitantes de la capital “que usen el fin de semana largo para irse porque la ciudad va a estar muy complicada”.

Recordó que a partir del jueves habrá muchas zonas vedadas.  Se cerrarán los aeropuertos y el transporte estará limitado. El Gobierno autorizó además el derribo de aviones sospechosos.  “Estamos absolutamente preparados”, alardeó. Tal fue el celo exhibido por los anfitriones que el Foreign Office redujo el nivel de alerta por posibles ataques terroristas de “muy probable” a “probable”.

Hinchas y piedras

Y, entonces, aparecieron los hinchas de River con sus piedras. El ministro de Exteriores argentino, Jorge Faurie, consideró que los problemas que rodearon al fallido partido de fútbol no se replicarán en la cumbre. “Estamos preparados para el G-20, tengamos fe”. En la tarde del martes se iniciaron las manifestaciones contra la cumbre. "No al G-20, fuera el FMI", fue el lema del acto multitudinario realizado en un estadio capitalino durante un día atravesado a su vez por huelgas parciales, relacionadas con la aguda crisis económica, y otras protestas.

Se esperan otros actos en las próximas horas. Bullrich ha pedido al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, que contribuya, sin demasiado éxito, a la calma de las acciones antiglobalización. El jefe de ministros, Marcos Peña, dijo que todos los recursos del Estado se volcarán para que las protestas contra la cumbre se desarrollen en paz. “Estuvimos en Hamburgo (en 2017) y vivimos lo que fue la conflictividad callejera”. Peña no pensaba en el fútbol. Por lo pronto, un meme empezó a circular por las redes sociales. “Dice Merkel que el G-20 mejor lo hagamos por Skype”. 

Temas: Argentina