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TENSIONES DIPLOMÁTICAS

El 'caso Khashoggi' tensa aún más las relaciones entre Turquía y Arabia Saudí

Ankara y Riad llevan años enfrentándose por liderar el mundo musulmán y Oriente Próximo

Adrià Rocha Cutiller

Un hombre turco lee en un periódico los detalles de lal asesinato de Khashoggi.

Un hombre turco lee en un periódico los detalles de lal asesinato de Khashoggi. / AP / BURHAN OZBILICI

El príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, son dos gallos atrapados en el mismo corral: los dos tienen la intención de dominar el mundo musulmán. La desaparición y posible asesinato del periodista Jamal Khashoggi en el consulado saudí de Estambul está poniendo en aún más aprietos sus complicadas relaciones. La cuerda que les une, ya de por sí delgada y maltrecha, está quebrándose.

«Turquía era el odiado poder colonial por los saudís durante siglos, cuando los otomanos reclamaban como suyos y controlaban los centros sagrados del Islam, incluida la Meca —escribe Robert Pearson, analista del Middle East Institute de Washington—. En la actualidad, Turquía está expandiendo su influencia militar con bases en CatarSomalia y una futura en Sudán. Eso levanta miedo en Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Egipto. A muchos árabes no les gustan los intentos actuales de Turquía de restablecer una influencia neo-otomana en la región».

Oriente Próximo está dividida en unos bloques —existentes desde hace décadas— que las revueltas en la primavera de 2011 ayudaron a redefinir. Uno de ellos está liderado por Arabia Saudí y Egipto, a los que los sigue el siempre fiel séquito de Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Jordania y Omán. Al otro lado, justo en frente, está Irán seguida de Siria —la de Bashar el Asad—, Catar, parte de Irak y la milicia libanesa de Hizbulá.

La Turquía de Erdogan busca ser una tercera vía para crear otro bloque, a la sombra del pasado imperial otomano. El mejor amigo de Turquía en la región es Catar: Ankara tiene mejores relaciones con Teherán y sus aliados que con Riad y los suyos.

Muy pocos amigos

El caso Khashogi le ha complicado los planes al presidente turco. «Turquía, en la actualidad, está en el centro de una tormenta económica y tiene muy pocos amigos a los que pedir ayuda —uno de los que se la dio fue Catar, enemiga acérrima de Arabia Saudí—. Las relaciones entre Ankara y Washington pasan por grandes momentos. Las relaciones con Rusia son vulnerables y las con la UE son complicadas. Por esto, para evitar más problemas, Turquía ha estado intentando no dañar aún más sus relaciones con Arabia Saudí», explica la experta Gönül Tol y columnista del periódico turco ‘Radikal’.

Erdogan y su Gobierno se juegan mucho: el dinero que proviene del golfo périsco suma cerca del 9% de las inversiones extranjeras en Turquía; el dinero que proviene de Arabia Saudí, se calcula, es la mayoría de esa parte. Si ese flujo de divisas parase de llegar a Turquía, la economía del país se resentiría aún más de lo que ya lo está.

Estambul, ciudad refugio

Pero sobre todo, lo que hace incompatibles a Bin Salman y Erdogan son algunos de los habitantes de Estambul. La antigua capital del Imperio Otomano se ha convertido en una ciudad refugio para los Hermanos Musulmanes, un grupo panárabe, islamista y conservador con el que Erdogan se siente próximo.

El presidente turco ha protegido y acogido a sus miembros, muchos de los cuales huyeron de Egipto tras el golpe de Estado de Abdelfatá Al Sisi en 2014. Tanto El Cairo como Riad consideran a los Hermanos Musulmanes —jaleados por Catar y la televisión catarí Al Jazeera— como una organización terrorista y una amenaza para su seguridad nacional.