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tensión internacional

El desplome de la lira turca pone en alerta al BCE y a los inversores

La moneda ha caído hasta un 14,6% por las dudas sobre Erdogan y la tensión con Estados Unidos

Trump incrementa los aranceles al acero y el aluminio turcos y Ankara denuncia una "guerra económica"

P. Allendesalazar

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante un mitin en Estambul. 

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante un mitin en Estambul.  / EFE / ERDEM SAHIN

Nuevo foco de alarma en los mercados. El continuado derrumbe de la lira turca en lo que va de año se ha acelerado en los últimos días, lo que ha incrementado los temores sobre el país que ya tenían desde hace tiempo los grandes inversores internacionales. La situación se ha agravado este viernes después de que se conociese que el Banco Central Europeo (BCE) lleva dos meses vigilando a los bancos comunitarios más expuestos a Turquía (entre ellos el BBVA) y de que Estados Unidos tomase represalias contra el país, con una subida de aranceles al acero y el aluminio.

La moneda del país euroasiático ha llegado a bajar hasta un 14,6% frente al dólar este viernes, su mayor retroceso desde principios del 2001 hasta marcar un nuevo mínimo histórico, si bien ha recuperado posiciones posteriormente y ha reducido la pérdida a entorno al 7%. En lo que va de 2018 acumula una devaluación de en torno al 35%, que se suma a la pérdida de un cuarto de su valor del año pasado. El precio de los seguros para cubrir posibles impagos de la deuda del país se ha disparado un 109% en lo siete primeros meses de este ejercicio.

El desplome de la divisa se explica por el temor a un sobrecalentamiento de la economía; el creciente autoritarismo del presidente, Recep Tayyip Erdogan; y la tensión con Estados Unidos. La inflación se disparó hasta el 15,8% en julio, casi el triple que el objetivo del banco central turco, y los expertos estiman que la institución debería subir tipos para combatirla. Sin embargo, Erdogan se ha proclamado "enemigo" del encarecimiento del precio del dinero y ha pedido que los tipos bajen para abaratar el crédito.

Independencia en cuestión

Las dudas sobre la política económica del país y sobre la independencia del banco central se han disparado desde junio, después de que el presidente nombrase a su yerno ministro del Tesoro y Finanzas y aprobase un decreto para otorgarse el poder de elegir directamente al gobernador de la autoridad monetaria. El Ministerio, precisamente, trató infructuosamente este jueves de lanzar un mensaje tranquilizador al asegurar que el PIB crecerá entre un 3% y un 4% este año (supondría un enfriamiento deseado por los inversores, ya que en junio creció al 7,4%). También afirmó que el déficit por cuenta corriente estaría por debajo del 4% (una variable clave para una economía basada en el consumo interno y que necesita inversión del extranjero para funcionar).

A ello se suma la creciente tensión con Estados Unidos. La Administración Trump no ha deportado a Turquía al clérigo Fethullah Gülen, residente desde 1999 en el país y a quien Erdogan acusa de estar detrás del intento de golpe de Estado del 2016. El pastor evangélico estadounidense Andrew Brunson, por su parte, se enfrenta a una condena de hasta 20 años de cárcel en Turquía acusado de terrorismo por su supuesta relación de Gülen y con el movimiento de liberación kurdo. La decisión de la justicia turca de hace unos días de no liberarle de su arresto domiciliario llevó a Estados Unidos a imponer sanciones a los ministros turcos de Interior y Justicia, represalias a las que el regimen de Erdogan ha prometido responder.

El enfrentamiento ha subido este viernes un nuevo peldaño. El presidente Trump ha anunciado por twitter que ha aprobado una aumento de los aranceles al acero y al aluminio turcos hasta el 50% y el 20%, respectivamente. "¡Nuestras relaciones con Turquía no son buenas en este momento!", ha subrayado. En respuesta, Erdogan ha llamado a los otomanos a "no perder la guerra económica" y a ha instado "aquellos que tienen euros, dólares u oro bajo sus almohadas vayan a cambiarlos por liras". Ante esta escalada, de nada ha servido que el ministro de Finanzas haya prometido avanzar hacia un modelo económico de mayor estabilidad financiera y con "completa independencia de la política monetaria.

Pueblo y dios

El fracaso esta semana de una reunión en Washington para tratar de acercar posturas entre los dos países ha acentuado las caídas de la lira.  Pese a todo ello, Erdogan ha restado importancia a la bajada de la moneda. "Hay varias campañas (extranjeras para hundir la moneda). No os preocupéis por ello y no olvidéis que si ellos tienen dólares, nosotros tenemos a nuestro pueblo y a nuestro dios. Estamos trabajando duro. Mirad lo que éramos hace 16 años y mirad ahora", afirmó este jueves en un mitín.

Así las cosas, el BCE ha estrechado su vigilancia sobre los bancos europeos más expuestos a Turquía, aunque considera que la situación aún no es crítica, según publica este viernes el 'Financial Times'. Los más importantes son el italiano Unicredit y el francés BNP Paribas, además del BBVA. El banco español es dueño del 49% del Garanti, el mayor banco privado del país, que aporta el 14% del beneficio del grupo. La entidad presidida por Francisco González lleva tiempo lanzando un mensaje de tranquilidad al respecto: sigue apostando por el país por la calidad de su banco y por su experiencia en gestionar entornos volátiles.