18 sep 2020

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SIN AGUA PERO CON MÓVIL

África se enchufa

por jeronimo giorgi y angelo attanasio

Elías Aronteti es un sastre de más de 70 años que siempre ha vivido a unas decenas de kilómetros del Kilimanjaro. En su pequeña aldea al norte de Tanzania aún no ha llegado la red eléctrica, como en la mayor parte de las áreas rurales del África subsahariana. Sin embargo, desde hace menos de un año, Elías no solo puede seguir trabajando como sastre, sino que ha abierto una peluquería junto a su taller. Todo ello gracias al panel solar que se encuentra sobre el techo de chapa de su casa. «Soy una persona mayor y para mí habría sido imposible trabajar sin energía eléctrica. La energía solar ha cambiado mi vida», afirma, orgulloso, desde el porche de su casa.
Lo cierto es que la entrada al siglo XXI ha traído consigo el desarrollo tecnológico. El ecosistema móvil ha sido importante fuente de innovación y el teléfono se ha convertido en un negocio y una ventana al mundo. Lentamente, África comienza a conectarse gracias a una generación de líderes que impulsan la innovación para mejorar la vida en el continente.

Entorno propicio

En el 2013, la industria del móvil contribuyó en un 5,4% al PIB de la región y empleó a 2,4 millones de personas, al tiempo que nuevos laboratorios tecnológicos están dando lugar a aplicaciones, servicios y tecnologías. 
La palanca del desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) es la creación de un entorno propicio. En África las políticas de liberalización del mercado de telecomunicaciones comenzaron más tarde que en el resto del mundo debido a que «el balanceo del sector público y privado no siempre está equilibrado», dice Michuki Mwangi, gerente de Internet Society para África. A este hecho se suma la carencia de una sociedad civil fuerte y una academia sólida.
Hacia el año 2000, en Kenia se generaron condiciones para que el Gobierno y el sector privado se comprometieran a desarrollar nuevas políticas y, gracias a esta regulación, «en el este del continente se está dando el mayor desarrollo tecnológico», explicaBitange Ndemo, exsecretario para las Comunicaciones y con un papel importante en la transformación tecnológica de Kenia.

Penetración irregular

Sin embargo, la incorporación de las TIC en el continente es muy irregular, ya que aún hay muchos países que no cuentan con regulaciones propicias. «Queremos crear un mercado competitivo», afirma Sonia Jorge, directora de A4AI, The Alliance for Affordable Internet, organización que media con diferentes países para impulsar reformas que avancen hacia sistemas más abiertos.
Gran parte de los subsaharianos no están conectados a la red eléctrica ni tiene acceso al agua, pero cuentan con móvil. Con más de 330 millones de usuarios y una penetración del 38%, en los últimos ha sido la región de mayor crecimiento gracias a que la población con menos ingresos ha podido acceder a servicios móviles, lo que refleja una mayor competencia y asequibilidad.
Sin embargo, según GSMA, la asociación de operadores y empresas que desarrollan el sistema GSM, la penetración sigue siendo la más baja del mundo, a pesar de que el impacto de la tecnología es indiscutible y «la industria del móvil está teniendo un efecto transformador en el desarrollo económico y social», afirma el gerente de innovación Michael Nique.
Agogo es una pequeña ciudad a pocos kilómetro de Kumasi, la segunda ciudad de Ghana. Allí, se encuentra la agencia OnlyJesus, proovedora de servicios móviles y banca inteligente. Resguardado del sol en el porche de la agencia, Chaska Wambachy espera su turno para enviarle dinero a su hermano, en el otro extremo del país. Tras entregar el efectivo al empleado, espera el SMS de la telefónica MTN que le confirme la transferencia. «Así es muy sencillo enviar dinero», dice Chaska mientras su hija corretea por la calle polvorienta.
Como en el resto del mundo, en África el móvil también se ha convertido en una plataforma que ha permitido la creación de otros servicios. Así surgió el Mobile Money o dinero móvil, la mayor revolución tecnológica africana. En menos de una década este servicio ha transformado la lógica financiera de Kenia y se expande hacia otros países.
El dinero móvil es un servicio a través del móvil por el que, en lugar de pagar en efectivo o con tarjeta, el cliente utiliza su teléfono. Especialmente en el este de África, se está convirtiendo en la manera de pago más común, ya que es un sistema muy útil en lugares donde gran parte de la población trabaja en ciudades y envía dinero a familiares en el campo. «Cien millones de personas usan dinero móvil en el mundo: 40 millones están en África y 26 en Kenia», dice Johan de Lange, director de Mobile Transactional Services.
M-Pesa, la fusión de las palabras móvil y pesa, dinero en swahili, es la historia del mayor éxito tecnológico africano. Creado en el 2007 por Safaricom, adquirida luego por Vodafone, permite depositar dinero en una cuenta almacenada en el teléfono ingresando el efectivo en uno de los 40.000 agentes. Así, el cliente puede enviar partidas por medio de SMS a otros usuarios o vendedores. Que este servicio sea un éxito se evidencia en la infinidad de carteles que tapizan la ciudad.

Servicios agrícolas

El alto coste de envío de dinero, el monopolio de Safaricom y, sobre todo, la experimentación fueron los motivos que permitieron el desarrollo del dinero móvil en Kenia. «Cuando se lanzó M-Pesa, Kenia era un mercado sin regulación, por lo que el producto fue moldeado por el mismo mercado. Esa fue la razón de su éxito», afirma Johan de Lange. En el oeste de África, el proceso fue más formal, ya que los bancos centrales tomaron el control, lo que se tradujo en un menor desarrollo.
A tecnologías como el dinero móvil se ha sumado el M2M, un sistema que permite la transferencia de datos, y el Pay-as-you-go, con el que se puede abonar cualquier tipo de servicio, desde el lugar más remoto, con un teléfono. Otra tecnología desarrollada a través del móvil es el M-Agriculture, que se basa en el envío de información y servicios agrícolas a comunidades rurales. Aún inicipiente, la experiencia de empresas como Farmerline o Esoko, dos start-ups nacidas en Ghana, sugieren que estas aplicaciones pueden transformar las zonas rurales a largo plazo.
«Implementar una tecnología es muy difícil. Hay que ser un sociólogo más que un tecnólogo», afirma el galés Mark Davies, director de Esoko. En África el mayor impacto está por venir: dos tercios de la población aún no tienen móvil.

La apuesta por la energía solar 

Aislada en medio de la sabana en los alrededores de Thika, en Kenia, en un paisaje azotado por el sol, se encuentra la chabola de chapa de Agnes Kereya. Con 20 años, se dedica a cuidar de sus hijos y las cabras que pastorean junto a su casa. Del techo cuelga una bombilla de Led alimentada por un panel solar. «Antes tenía que usar una lámpara de queroseno. Ahora tengo luz eléctrica y puedo cargar el móvil», explica en swahili.
En África, casi dos terceras partes de la población viven sin electricidad. Sin embargo, hay algo de lo que África dispone de sobra: sol. Esto coloca a la energía solar en el centro del debate, porque se configura como una forma viable de llevar energía a casi cualquier lugar sin la necesidad de invertir en grandes infraestructuras.
Hace 10 años se empezó a investigar el desarrollo de los sistemas de energía solar para viviendas. El programa Lighting Africa, patrocinado por el Banco Mundial, fomentó su impulso en el campo. Sin embargo, en el 2006 el precio de los equipos domésticos oscilaba sobre los 500 dólares, un coste demasiado alto.
«Hace cinco años un watt costaba dos dólares, ahora con un panel de calidad cuesta menos de uno», explica Itotia Njagi, gerente de Lighting Africa. El precio de los aparatos se ha reducido y se han hecho más eficientes, pero lo que ha consolidado el acceso a la energía solar ha sido la introducción de un modelo de negocio innovador. La tecnología Pay-as-you-go ha significado una solución al cobro de microcréditos: el reto en África no es solo de asequibilidad, sino de proporcionar sistemas de pago que se ajusten a las necesidades de la gente. Pero para cerrar el círculo de la accesibilidad hacía falta un último componente: sencillez. El concepto Plug-and-play se basa en la simplicidad a la hora de usar un producto en el que no se requiere configuración ni un técnico para su instalación. En el caso de los sistemas solares se coloca el panel en el techo y se enchufa con un cable a la batería. Luego se conectan las luces o los teléfonos a la batería.
Desde el 2009 estos sistemas han experimentado un aumento anual de las ventas del 95%. El mercado se sigue desarrollando rápidamente gracias a la llegada de nuevas empresas: unos 7 millones de personas cuentan con energía solar y en el 2030 se espera alcanzar los 250 millones.
En África, Kenia es el mercado de mayor crecimiento y es el hub del continente gracias a la existencia del dinero móvil. Por ello, no es extraño que los creadores de M-Pesa hayan fundado también M-Kopa, el mayor proveedor de equipos solares familiares del continente.
Sin embargo, al igual que el dinero móvil, el sector de la energía solar también necesita de un mercado competitivo. Y mientras que en la mayoría de los países del este está libre de impuestos, en el oeste la carga oscila entre el 22% y el 33%. La energía solar es una alternativa real, y si bien actualmente la red eléctrica proporciona mucha más energía que la que puede generar el sol, podrían pasar 30 años para que cientos de millones de personas tuvieran acceso a la electricidad. Por ello, «aunque la conexión a la red se hiciera en los próximos dos años, la energía solar podría reducir la brecha durante este tiempo», dice Itotia Njagi.

Ventana al mundo

En África el móvil ha evolucionado rápidamente, pero así el acceso a internet. Con 170 millones de usuarios, su penetración es del 18%, cuando el promedio global oscila sobre el 40%. «Muchos países lo están entendiendo y empieza a verse una visión más clara, una idea de integración con los demás sectores», afirma Sonia Jorge, directora de A4AI. Se trata, eso sí, de un proceso lento.
Además, gran parte de los países generan pocos profesionales, ya que se centran en el consumo de tecnología más que en la producción. «África no cambia igual de rápido que el resto del mundo, y la brecha aumenta», dice Nii Quaynor, conocido como el «padre de internet» en África.
Ubicado en el edificio Bishop Magua Center de Nairobi, que concentra una gran cantidad de empresas tecnológicas de Kenia, se encuentra iHub, el hub tecnológico más importante del país y uno de los más relevantes del continente. Desde su fundación, hace cinco años, ha creado más de 150 empresas y 1.000 empleos. La luz que penetra por los ventanales ilumina las espaciosas salas, donde decenas de geeks tienen la mirada fija en sus ordenadores. Una imagen cada vez más común en las grande urbes subsaharianas.
Hasta el 2009, la forma de conectarse con el mundo era por satélite, muy cara y de poca capacidad, pero las nuevas conexiones submarinas significaron un incremento notable de la capacidad de transmisión de datos, reduciendo tiempo y costes. 
«La penetración se da en áreas urbanas, pero el problema es la distribución dentro de los países», debido a la falta de infraestructuras, afirma MeoliKashorda, director de KENET (Red de Educación de Kenia). Tradicionalmente, en estas regiones se han dejado las infraestructuras en manos del sector privado, a pesar de que los políticos son cada vez más conscientes de la relación directa entre el acceso a internet y el desarrollo socio-económico.
Un ejemplo es la existencia de unos 100 laboratorios tecnológicos en 28 países. Un auténtico movimiento que fomenta la creación de productos y empresas. Es una tendencia que se expande a la velocidad de un nuevo hub cada dos semanas.
Este crecimiento es consecuencia del desarrollo de internet, una manguera de irrigación. Allí donde llega el cable de fibra óptica crecen hubs como la hierba y cambian los ecosistemas locales. Pero donde no llega, la tierra permanece seca. Por ello las zonas verdes, como internet, se concentran en las urbes de la costa.
África avanza hacia una mayor conectividad, los preciosbajan y el consumo de internet aumenta. La red ya es parte de la vida cotidiana en los centros urbanos. Sin embargo, la mayoría de la población vive en zonas rurales