Balance forofo de la temporada

Hablan los pericos: Cabreados, ¿pero con quién? Un ránking del 1 al 10, por Ernest Alós

Seamos ecuánimes a la hora de buscar culpables por el descenso del Espanyol: hay donde elegir

El centrocampista del Espanyol, Sergi Darder, al término del partido ante el Valencia y que ha representado el descenso de categoría del equipo

El centrocampista del Espanyol, Sergi Darder, al término del partido ante el Valencia y que ha representado el descenso de categoría del equipo / EFE/Biel Aliño

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Ernest Alós
Ernest Alós

Coordinador de Opinión y Participación

Especialista en escribir, cuando puedo, sobre historia, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, fotografía o Barcelona.

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¿Recuerdan aquel juego de móvil, Angry Birds? Pues entre los distintos modelos de pájaro cabreado, el negro, el amarillo, el verde... faltaba el blanquiazul. Aunque en realidad parece que el descenso a Segunda se veía venir tanto que la reacción ha sido más de tristeza que de indignación. En lo que parece que no hay consenso es hacia quién dirigir ese malestar. Hay demasiados candidatos. Y no todos están en las salas del VAR.

1.Raúl de Tomás, el tapón del verano

El primero al que achacar el descenso, por orden cronológico. Que era más raro que un perro verde y que en el vestuario deberían estar sudando sangre con él ya se veía. Las expectativas de 'fer caixa', las ganas de quitarse un problema de encima y las aspiraciones de Raúl de Tomás de volar más alto condicionaron toda la programación deportiva. Pasó el verano, la oferta no llegaba, la rabieta de quien aspiraba a la Premier League y acabó malvendido al Rayo Vallecano iba a más... Y se remató el mercado mal, tarde y con el bolsillo vacío.

2.Chen. Jugando al Fútbol Manager con desfase horario

El empresario juguetero chino puso el dinero que habían dejado a deber directivos muy pericos y muy de aquí. Salvó el club de la desaparición. Y no supo qué hacer con él. El afán de controlarlo todo desde el otro hemisferio, sin confiar en ejecutivos sobre el terreno y con restricciones a la movilidad (la suya y la de capital) durante la pandemia y pospandemia ha paralizado el club. Se clama por la venta: pero ante algunos de los compradores que se rumorearon, con negocios 'curiosos' en la frontera de México y EEUU, casi mejor un industrial hecho a sí mismo con carnet del PCCh. Así que ojo con enseñar banderas de Taiwán en el campo.

3.Domingo Catoira. Por lo de la portería

Así que visto el culebrón Raúl de Tomás, hacía falta un plan B por si fallaba. Pero parece que no se contó con esto hasta el final. Con el propietario con 'delay' y un consejero delegado del que no constan méritos ni deméritos así que ni lo retrataremos, hacía falta un director deportivo genial. Estaba Domingo Catoira. Y nos acordaremos de él por triplicado. Primero, por lo de la portería. Fichar a un portero, Lecomte, que decía que estaba a un nivel superior pero tenía problemas de psicomotricidad y giraba la cara delante de la bola; a otro, Álvaro, que cuando pudo jugar encogió el brazo para que entrase la pelota (dos puntos, con los que el Espanyol se salvaba) y que algo más sucedería con él porque en el contador de cantadas el francés le ganaba; decir que se confiaba en Joan Garcia y acabar trayendo en el mercado de invierno a Pacheco. Un vodevil.

4.Catoira, por lo de la defensa

El caso RDT torpedeó el fichaje de Montes en verano. Pero el drama ha sido una planificación que hizo jugar al equipo sin laterales en los partidos cruciales. Cuando hace dos años parecía que había tres laterales derechos con proyección, se malvendió al que ha resultado ser el bueno, exiliado en Portugal, se dejó ir a Miguelón y nos quedamos con un Oscar Gil dramático y llegó para arreglarlo un tal André-Gabriel-Pierre o algo así que en cuanto sus entrenadores descifraron quién era no volvió a jugar. En la izquierda, Pedrosa de convaleciente a represaliado y un Brian Oliván que en cuanto se lesionó el equipo cayó en barrena. En el centro, el mejor pasador al equipo contrario, Cabrera. Planificación gloriosa.

5.Catoira, por los extremos inexistentes

Catoira fichó a Lazo y a Dani Gómez. Punto.





6.Los árbitros españoles. Malos, chulos y cobardes

La plantilla de Catoira también ha tenido aciertos (Braithwaite, Denis Suárez pero tarde, Gragera pero tarde). Entre fallos y aciertos estaba la cosa para situarse entre los seis o siete equipos candidatos a bajar, pero para acabar salvándose. Y hubiese sido así de no ser por salvajadas arbitrales como el gol fantasma del Atlético, el gol anulado y el penalti no visto a Braithwaite frente al Valencia, el penalti por desmayo ante el Girona... La pericada visceral ve conspiraciones para hacer bajar al club. Yo no veo una mano negra. Veo un colectivo arbitral malo, chulo y cobarde. Que se equivoca más que una escopeta de feria, en directo y con pantalla. Que abusa del débil y se arruga ante las presiones (una cosa son las llamadas desde la oficina de Florentino o que ya no tengas que ni llamar a quien tienes a sueldo y otra las que pudiera hacer, o más bien no hacer, el consejero Mao) y ante el factor campo (ese penalti clamoroso en el minuto 94 en Mestalla que hubiese dado la salvación). No son los únicos culpables. Pero la estocada, la puntilla y el descabello han sido suyos.

7.Diego Martínez. Un Ted Lasso sin gracia ni final feliz

El discurso de buenrollismo gustó. Pero la comedia duró demasiado y Luis García no llegó a tiempo. Se le puso cara de Ted Lasso, pero el de la temporada del descenso del Richmond, cuando derrochaba vibración Mimosín pero pagaba no entender la pizarra. Demasiada paciencia se tuvo con el ostracismo con Melamed, los cambios continuos de posición, los delanteros centro jugando de extremos, los centrales de laterales, los laterales a banda cambiada, la incapacidad para rectificar lo que no funcionaba.

8.Joselu selección

Escribamos cien veces. Nunca más pediremos que un delantero del Espanyol vaya a la selección. Ya pasó con Raúl de Tomás. Fue vestirse de rojo (y lesionarse también, se tiene que reconocer) y su rendimiento bajó en picado. En los partidos en que el Espanyol se ha jugado la vida, desaparecido.

9.Los del 'A Segunda'

El robo arbitral ha generado más rechazo en medios informativos de la capital que en la prensa deportiva catalana. Es un síntoma. El descenso se ha acogido con un silencio complacido cuando no con gritos de 'a segunda'. Que van más allá de la rivalidad deportiva. Una cosa es desear la derrota del rival, que pierda un título, que su estrella se fugue a París llorando... y otra cosa desear su desaparición (que es a lo que se arriesga el Espanyol en cada descenso). Si lo trasladamos a los términos del club de la lucha callejera: una cosa es dar tortazos y estar dispuesto a recibirlos, y otra ser un mierda y patear entre 12 la cabeza de uno que está en el suelo. Y ahí estamos. Reflexión sobre qué es el Espanyol: ante el deseo de muchos de tener un país monocolor y de que cierren los medios que no encajan, desciendan los clubs que tampoco lo hacen y tengan pasaporte extranjeros los 'colonos', lo del espanyolismo es política. Sí, el discurso de que es un club donde solo importa el deporte (deporte es correr, no ponerse una camiseta el domingo) es ilusorio. De lo que se trata es de decir que el patio es de todos. Así que curiosamente los gritos de 'a Segunda' indignan... pero también refuerzan.

10.Los de la invasión del campo

El fútbol no es ballet. Así que es normal que haya una fracción de los aficionados que tiendan a engorilarse. Encaramados en Canaletas o saltando al campo cuando los del Barça hacían el corro de la patata porque habían ganado la Liga. Sobre los unos se corre un tupido velo y sobre los otros se pone el foco. Pero razón de más para hacer limpieza y para poner a los energúmenos en la lista de motivos para acabar la temporada más que enfadados. Lo de saltar al campo para 'encorrer' (que dirían en Aragón en un verbo perfectamente expresivo) a los jugadores del Barça es de imagen de cámara, identificación y expulsión. El Espanyol puede dar imagen de 'outsider', en primera o en segunda, pero no de barra brava lumpen.

Y podríamos acabar con los que no se merecerían recibir el más mínimo reproche. Como Darder o Oliván si tienen una oferta mejor y se van. O Luis García, que merece seguir después de la mejora de juego (que no solo de testosterona como muchos esperábamos) del tramo final de campaña. Y aumento de sueldo porque está haciendo de entrenador, de director técnico y de portavoz del club. Veremos quién queda.