18 sep 2020

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"Si la monarquía quiere tener futuro, debe ser transparente y ejemplar"

Miguel Fernández-Palacios Gordon

Los reyes Felipe y Letizia en el Cerro de Santa Catalina,  en Gijón. 

Los reyes Felipe y Letizia en el Cerro de Santa Catalina,  en Gijón.  / EFE / Ballesteros

La monarquía, por méritos propios, ha llegado a un punto crítico. Evidentemente ha sido el que aún es rey emérito, Juan Carlos I quien, con su proceder, amparado del silencio cómplice de unos medios que olvidaron el deber de cuestionar el poder con honestidad y rigor, la ha puesto en un brete. Hace lustros que se oyen rumores que se podrían haber rastreado periodísticamente, en lugar de cubrirlos con paladas de censura hipócrita, y hubieran impedido que la institución se hubiera creído impune y no soportaríamos tan bochornoso espectáculo.

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Cualquier institución pública debe tener los bolsillos de cristal. La transparencia debe regir sus principios. Por eso no comprendo la insistencia de persistir en el mismo error que la ha hecho entrar en crisis: la opacidad. ¿Cómo, pretendiendo regenerarse y distanciarse de su predecesor, y sosteniendo que enarbola la bandera de la transparencia, cae en idéntico proceder y continúa con el encubrimiento institucionalizado, ejemplificado en que todos los españoles nos preguntáramos dónde se ocultaba el emérito?

Somos una sociedad democrática adulta, que no debe ser tutelada ocultándole problemas sino siendo oportunamente informada. Si la monarquía quiere tener futuro, debe ser transparente y ejemplar. Cualquier desliz que se salga de esos parámetros, puede situarla al borde del abismo.

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