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Receta para tener unas felices fiestas

Receta para tener unas felices fiestas

ALVARO MONGE

Mario Martín

Recuerdo unas navidades en las que, a pesar de mi juventud de entonces, sentí por primera vez el compromiso de intentar hacer más felices a todas las personas que íbamos a compartir la nochebuena. Mi decisión, aunque humilde, tenía que ver con intentar que aquellas personas fueran lo más felices en esas horas compartidas.

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No disponía de mucho presupuesto, pero mi premisa es que todas las personas que se sentaran a la mesa tuvieran algún regalo, aunque fuera un humilde palillero, lo conseguí, pero a pesar de ello, mi entusiasmo no quedó saciado.

Aunque quizás lo primero es ser consciente de que lo que supone un reto para muchos no es más que superar unas cuantas horas de confraternización (tampoco es tan difícil), sobre todo teniendo en cuenta que, superado el momento, no habrá que repetir hasta pasados otros 12 meses.

La primera reflexión importante tiene que ver con rebajar las expectativas. Nadie tiene la obligación de ser feliz en Navidad. No se agobie, no se sienta mal.

A medida que se tiene una cierta edad se suele pensar más en la personas que no tenemos a nuestro alrededor, que en las que sí están con nosotros y eso es un error de gran calado. El mejor homenaje que podemos hacer a quienes nos precedieron es cuidar y alentar a nuestros descendientes, y a su saga. Hoy nosotros jugamos el rol de aquellos a quienes echamos de menos, y nuestro mejor tributo es brindarles el mejor futuro, pero también el mejor presente, esa es nuestra responsabilidad.

Sí usted se encuentra en la decena entre los treinta o los cuarenta años, seguramente tendrá que organizar estas cenas, y comidas, navideñas. Por contra si usted ha superado ya los sesenta años, esperará que sus hijos le asignen un hueco dentro de sus disponibilidades. Vívalo con aceptación y vulnerabilidad, pero sin sentirse víctima de nada, se trata de una cena o una comida, el mundo no se acaba en el hecho de dónde pase su hijo/a la nochebuena o la noche vieja.

Querido amigo, sea racional. Estamos a mitad de diciembre y en poco más de tres semanas estaremos en la normalidad de la cuesta de enero, usted sabe ya con quien va a pasar cada una de estas celebraciones navideñas, visualice lo que tendría que suceder para que todas ellas sean un éxito. Sabe de lo que hablar y de lo que no, simplemente haga lo correcto.

Con seguridad que esa persona que no le genera comodidad volverá a estar sentada junto a usted estas navidades. ¿Y bien? Si esto sucede es que esa persona es importante para alguien de su núcleo cercano. ¿Tan difícil para usted es superar esas dos o tres horas con una conversación educada y razonable? Demuestre su empatía y póngase en el lugar del otro, seguramente para él tampoco será fácil.

Limítese a copiar a ese niño que tiene cerca, interiorice su entusiasmo, su capacidad de asombro y esa magia de estar presente al 100% únicamente en cada una de las cosas del momento.

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