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"Querida Barcelona: Más de 20 años habitándote y he pasado del enamoramiento a la decepción"

Turistas frente a la Sagrada Família, en Barcelona.

Turistas frente a la Sagrada Família, en Barcelona. / SIMONE BOCCACCIO

Querida Barcelona: Más de 20 años habitándote y he pasado del enamoramiento a la decepción y la desilusión, no contigo y todo lo que nos ofreces sino con tus gobernantes y gestores. Los lugares, las ciudades, son para quienes los habitan: ciudadanos felices hacen lugares felices. ¿Ocurre esto contigo? Yo creo que no. Gran parte de la ciudadanía es expulsada al ver su calidad de vida mermada por factores diversos.

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Claramente has empeorado, lo digo con tristeza, rabia e indignación. Una ciudad tan espectacular, con todo a tu favor: patrimonio, cultura, clima, mar, montaña, gastronomía. ¿Cómo es posible que te vayas degradando de esta manera? ¿A lo mejor por falta de atención a lo importante? A las personas que te habitan; a tus maravillosos comercios emblemáticos, que se van muriendo poco a poco a cambio de más de lo mismo; a incentivar un turismo sostenible y de calidad; a la limpieza y el mantenimiento de todas y cada una de tus calles y rincones, que dan verdadera lástima a la que te sales del circuito turístico; a potenciar todos y cada uno de tus barrios, con tantas cosas para ofrecer.

Ahora sería el momento de darte un vuelco, de poner solución al problema de la vivienda para evitar el desangrado de ciudadanos que te tienen que abandonar porque económicamente eres insostenible; de cuidarte entre todos haciéndote bonita para vivir: limpia, alegre, segura, digna de respeto... ¿Dónde está todo lo que te diferenciaba? ¿Ha desaparecido? ¿A cambio de qué? De uniformidad, de ofrecer cantidad, montones de establecimientos iguales abiertos a todas horas, y no la calidad de la diferencia y la buena atención de trabajadores alegres, orgullosos y no amargados por sus precarias condiciones laborales...

Ojalá supiéramos aprovechar el momento, reconducir todo esto, que los responsables políticos empezaran a gestionar lo que es de todos y supiesen movilizar, ilusionar y motivar a una maltratada ciudadanía. Solo así se volvería a oír hablar de ti, de una Barcelona con mayúsculas.

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