07 ago 2020

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"No hemos venido a cambiar el mundo, sino a vivirlo y a respetarlo"

Beatriz Caspar y Laura Franco

Signos de la deforestación en la Amazonia por incendios y tala ilegal.

Signos de la deforestación en la Amazonia por incendios y tala ilegal. / EFE

Tras esas bandejas de carne que compramos en el supermercado se esconde un sufrimiento y una violencia hacia los animales que es injustificable. Detrás de su sufrimiento se esconde un sistema de opresión y dominación que forma parte de este capitalismo tan cruel y salvaje que ha convertido a los animales en máquinas generadoras de carne, de leche y de huevos. Estos animales malviven en unas naves bajo unas condiciones deplorables en las que los maltratan hasta convertirlos en bandejas de carne. Cada año la industrial animal envía al matadero al número de animales equivalentes a ocho veces la población de la Tierra. La industria animal perpetra abusos terribles sobre animales desprotegidos e indefensos que malviven desde el día en el que nacen.

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Nos creemos ser los únicos animales con derecho a la libertad y a la vida y en el intento de distinguirnos como especie, hemos olvidado nuestra propia naturaleza y hemos menospreciado la tierra que nos sustenta. Ojalá algún día nos demos cuenta de nuestra vulnerabilidad como especie, de nuestra fragilidad como individuos y de nuestra necesidad de compartir, en igualdad de condiciones.

Ojalá nuestra necedad deje de cegarnos y tengamos la valentía de reconocer nuestros errores. Ojalá algún día cosechemos una mirada honesta con la que empezar a reconstruir este planeta, que ha sido dañado por una especie que no ha sabido desprenderse de su ego para darse cuenta de que forma parte de un ecosistema complejo y diverso, en el que todo tiene su curso natural y nada le pertenece. Ojalá entendamos que no hemos venido a cambiar el mundo, sino a vivirlo y a respetarlo, a sumergirnos en sus profundidades y a escalar sus montes más altos para ser testigos de su inmensidad y ser conscientes de nuestra ínfima existencia. Ojalá algún día seamos capaces de reconciliarnos con nuestra especie y con las demás sin más pretensiones que las de reconocernos y comprender que nuestra esencia es la misma, sea cual sea nuestra forma.

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