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"Ignominia con rostro humano"

Protesta contra la violencia machista en Madrid

Protesta contra la violencia machista en Madrid / Alberto Ortega /Europa Press

Joaquim Montoliu Martínez

François Bizot es un etnólogo francés apresado en octubre de 1971 en Camboya por los jemeres rojos, que lo acusaban de ser un espía americano. Fue liberado tres meses después. Ante la inminencia del juicio al que iban a ser sometidos sus captores por crímenes contra la humanidad, declaraba: «Veo el crimen contra la humanidad como una especie de mirada que se vuelve de repente sobre nosotros mismos. Me gustaría que se tuviese el valor de humanizar a los verdugos –sin querer perdonarles ni minimizar sus crímenes- para ver en ellos lo que el hombre es capaz de ser, lo que nosotros somos capaces de ser».

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Bulle la consternación, la conmoción, la repulsa, la indignación… por las siniestras acciones de Tomás Gimeno con sus hijas en Tenerife y el asesino confeso de Rocío Caíz en Martín de la Jara. Se suceden manifestaciones públicas de rechazo a estos macabros comportamientos que reclaman la adopción de medidas para evitar casos similares. Son expresión de un sentimiento generalizado entre la población de cercanía con las víctimas y distanciamiento con los agresores, a los que se puede considerar una especie anómala que convive con nosotros, como refiere Bizot: “nos contentamos con ver al culpable en el monstruo, con ver a un ser que está muy lejos de nosotros. Nos negamos a verlo como un ser humano, alguien que se asemeja a lo que somos, pero con una historia diferente.”

"Todo lo que se rompe me concierne” concluye Ernesto Frattarola en el poema 'Cristal'. Los casos mencionados son roturas que estremecen la conciencia, difícilmente dejan a alguien indiferente. Pero se corre el riesgo de desconectar pronto acuciados por multitud de acontecimientos y alternativas que atraen nuestra atención a diario. El profeta Joel advierte a sus contemporáneos: “desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos”. El reproche a acciones tan deleznables ganaría en honestidad si da pie a examinar si en nuestros afectos anida algún brote de aversión a nuestros semejantes.

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