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Felipe VI se equivocó

Mario Martín

Mario Martín

Hay un chiste repetido en el acervo popular en el que un hijo se dirige a su madre a primera hora de la mañana de un día de diario, diciéndole: “Mamá no quiero ir al cole”, a lo cual su progenitora intenta animarle y convencerle de cumplir con su obligación, hasta que, casi enfadada, le dice: “Hijo, debes ir, tienes 42 años y eres el director del colegio”.

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Lo expresado en este ejemplo sirve como metáfora en cuanto a lo ocurrido con la negativa de Felipe VI a recibir a la presidenta del Parlament de Catalunya, Carme Forcadell, para informar al actual Jefe de Estado de España del nombramiento del nuevo ‘president’ de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Los matices explicativos de la decisión, en cuanto al protagonismo de la puesta en marcha del proceso soberanista, para la independencia de Catalunya respecto a España, tanto por parte de la señora Forcadell como del señor Puigdemont, e incluso del señor Mas, no justifican la decisión tomada por Felipe VI y sus asesores en la Casa Real o el Gobierno, sino que hacen más evidente la necesidad de diálogo, y qué mejor ocasión para que la primera autoridad del Estado y los artífices del proceso soberanista puedan argumentar cara a cara sus posiciones.

Catalunya hoy, de momento, es una comunidad autónoma integrante de España y nada justifica que la necesaria formalidad en el trámite al nombrar a su presidente quede relegada al envío de un fax o un correo electrónico; recordemos que la publicación de ello en el BOE (Boletín Oficial del Estado) se realizó con la firma del Jefe de Estado, Felipe VI, y del señor Rajoy como presidente del Gobierno.

Si algo necesita hoy España es conversar y negociar, y las posiciones rígidas, por una parte y por la otra, no ayudan a avanzar en el descubrimiento del terreno común.

El señor Mas emprendió un viaje hacia ninguna parte en el que él se ha quedado en el camino, la señora Forcadell se propasó en su primera intervención como presidenta de un Parlament en el que la mayoría de sus escaños no representan a la voluntad mayoritaria de los catalanes, el señor Puigdemont aún no ha terminado de digerir su sorpresiva llegada a ser el 130º 'president' de la Generalitat de Catalunya… Todo se podría haber hecho de otra forma, pero Felipe VI también se equivocó; él es el Jefe de Estado de todos los españoles, incluso de los que quieren dejar de serlo, y su obligación es recibirlos cuando el rol que desempeñan lo requiere, más allá de posicionamientos personales y situaciones más o menos agradables.

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