Club de Educación y Crianza de EL PERIÓDICO

Guerra a la pandemia del azúcar

  • El enemigo público número uno de las dietas infantiles está camuflado bajo nombres como sacarosa, glucosa, fructosa, agave, moreno, y panela

  • Los expertos alertan del riesgo sanitario que conlleva su consumo en el hígado, el corazón y el cerebro de los niños y las niñas

El azúcar es una verdadera plaga en el día a día de los niños y las niñas

El azúcar es una verdadera plaga en el día a día de los niños y las niñas

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En el Club de Educación de EL PERIÓDICO os hemos contado que los superalimentos no existen, que el pollo no está invadido por las hormonas, que desterrar los yogures de sabores puede ser el primer paso para instaurar una dieta saludable en casa y que el mejor bocadillo para la merienda de tus hijos es aquel que no lleva embutido. ¿Sigues ahí, verdad? Bien, porque esta semana le damos duro al azúcar.

Antes de nada: definamos azúcar. No solo es el blanco, el de toda la vida, el que todos pensamos que es malo y procuramos huir de él. El azúcar se camufla y tiene hasta 262 nombres, según el registro 'online' de la Fundación para Erradicar la Obesidad Infantil. Sacarosa. Glucosa. Fructosa. Dextrosa. Azúcar de dátil. Azúcar moreno. Miel. Jarabe. Panela. Néctar de agave… La cantidad de nombres abrumadora. Un truco: “Si algo termina en osa es azúcar”. Michel I. Goran, director del programa de diabetes y obesidad del Children’s Hospital de Los Ángeles, y Emily Ventura, educadora en nutrición y experta en salud pública, acaban de publicar 'Stop Azúcar' (Grijalbo), un manual científico que ayuda a las familias a descubrir cómo el azúcar está escondido en los alimentos que compramos todos los días en el súper y en muchas de las meriendas caseras que preparamos en casa. El azúcar es dañino para los niños y las niñas. Perjudica su hígado, su corazón y su cerebro. Interfiere en su crecimiento y desarrollo. Los autores lanzan un grito de alarma: la infancia del siglo XXI toma más azúcar que nunca. Estamos delante de otra pandemia.

Fructosa, sacarosa y glucosa... Si algo termina en 'osa' es azúcar

En las familias la expresión que más se escucha es 'por un día'. Hoy es el cumpleaños de un amigo, por un día que coma gominolas no pasa nada. Hoy es Navidad, por un día que coma dulces no pasa nada. Hoy es Pascua, por un día que coma chocolate no pasa nada. Hoy viene la abuela, por un día que tome lacasitos no pasa nada. Hoy es viernes, por un día que coma galletas industriales no pasa nada. Hoy es la fiesta de fin de curso, por un día que coma mal no pasa nada. Hoy vamos a la farmacia y le ofrecen una piruleta, por un día no pasa nada. Hoy se han portado bien en el cole y los profesores les dan una chuche, por un día no pasa nada. Y así 365 días al año de omnipresencia del azúcar.

El azúcar es un enemigo sabio. Se sabe camuflar y es difícil de detectar. Por supuesto está presente en galletas, tartas y helados. Un muffin de arándanos industrial tiene 42 gramos de azúcar (10 cucharaditas y media) y un brick de zumo de manzana, 22 gramos (cinco cucharaditas y media). Pero los autores de 'Stop Azúcar' recuerdan que el enemigo está también en alimentos que los padres y las madres consideran ‘seguros’: yogur, salchichas, salsas y barritas de cereales. “El 70% de los alimentos envasados de un supermercado contienen algún tipo de azúcar añadido”, concluyen.

El 70% de los alimentos envasados de un supermercado contienen algún tipo de azúcar añadido

Goran y Ventura explican que la fructosa es el azúcar más “desconcertante, malinterpretado y pernicioso” porque el cuerpo no lo usa como fuente directa de energía. ¿Por qué no se conoce bien su peligro? “Uno de los motivos es que se asocia con la fruta, de modo que parece saludable. Es cierto que la fruta entera contiene fructosa, además de glucosa y muchos nutrientes beneficiosos, como la fibra. En la fruta entera, la fructosa está envuelta en una capa rica en fibra que reduce y disminuye el ritmo de su absorción en el cuerpo. La fructosa se convierte en problema cuando se consume de forma concentrada o líquida, como en los refrescos o el zumo de naranja”.

Ambos divulgadores instan a las familias a escudriñar bien las etiquetas de los productos que compran para huir de los que están elaborados con jarabe de maíz, agave, concentrado de zumo de fruta o azúcar de frutas. “Son una bomba de fructosa para la que el cuerpo de un niño no está preparado”. Goran y Ventura invitan a huir también de los zumos exprimidos en casa. “La fruta se come, no se bebe”, sentencian tras recordar que la fuente de azúcar más saludable es la fruta entera.

¿Qué pasa con los edulcorantes bajos en calorías? Lo sentimos, pero también aquí hay malas noticias. “Es verdad que evitan calorías pero no sortean los problemas más graves de la adicción al azúcar: la ingestión excesiva de alimentos y los posibles daños a los órganos”, advierte el libro. Sus autores se muestran categóricos: “No aprobamos su consumo por parte de los niños. Esta decisión puede cambiar a medida que se tenga más información científica. De momento, no se ha demostrado que los edulcorantes bajos en calorías no supongan un peligro para la infancia”.

Los autores advierten a padres y madres que compran yogures de aspecto saludable anunciados como ‘sin azúcares añadidos’ y les invitan a mirar con detenimiento la etiqueta para descubrir si tienen aspartamo o estevia. “La etiqueta es correcta porque esos productos no son azúcar, pero quizá esos padres no llevaran intención de comprar un producto edulcorado”.

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Más allá de las caries, el libro advierte de que el azúcar reprograma el organismo de los más pequeños, cambia el metabolismo y afecta al desarrollo de los órganos. Provoca trastornos que pueden aparecer en la infancia o manifestarse más adelante, como diabetes, cardiopatía, enfermedades hepáticas, problemas digestivos, asma e incluso algunas formas de cáncer. Y, por supuesto, obesidad.

La obesidad es un problema difícil de abordar, recuerdan los divulgadores. Algunos padres se esfuerzan por mantener la autoestima de sus hijos diciéndoles que no hay nada malo en el sobrepeso, a otros les parte el alma ponerles a dieta y otros piensan que se pasará con el tiempo…. Cuesta que la gente se tome en serio la situación. 'Stop Azúcar' recuerda el caso del doctor Rohit Kohli, especialista en hígado graso, que atendió en su consulta a un niño de 9 años que pesaba 95 kilos. El chaval le preguntó: "¿Puede darme una pastilla que lo arregle?"