OPINIÓN

Y tú, ¿qué das de merendar a tu hijo?

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Galletas caseras.

Galletas caseras.

¿Qué le dais de meredar a vuestros hijos? Bocadillo hecho en casa, diréis muchos. Bravo. Arriba el bocadillo y abajo los donuts. Al rico bocadillo. ¿De qué? Chorizo, fiambre de pavo, jamón cocido, jamón serrano, salchichón… Mal. Muy mal. Julio Basulto, dietista nutricionista, y Juanjo Cáceres, profesor universitario y experto en alimentación humana, acaban de publicar 'Dieta y cáncer', documentadísimo manual sobre qué puede y qué no puede hacer tu alimentación. Uno de sus capítulos está dedicado a las carnes procesadas: bacón, butifarra, chistorra, chorizo, sobrasada, jamón curado o cocido, fiambre de pavo, morcilla, chorizo, carne en conserva, salchichón… Sí, el jamón serrano también está en la lista. ¿Cómo? Lo que leéis.

Basulto y Cáceres ofrecen un dato demoledor, sacado de 'Nutrición y cáncer. Lo que la ciencia nos enseña', libro coordinado por el doctor Carlos A. González Svatetz. Ahí va: la carne procesada es responsable del 1,8% de todos los tumores. Es una cifra muy inferior a la cantidad de cánceres que provoca el tabaco o el alcohol, pero hay que tenerla en cuenta.

“Si te estás preguntado ¿qué pongo ahora en el bocadillo? te diremos que cualquier cosa que pongas en él muy probablemente será mejor que el embutido”, concluyen los autores de 'Dieta y cáncer'. 

El otro día vi en el parque a una madre que llevaba en un táper la merienda de su peque. Dentro había hummus casero (crema de garbanzos), palitos de zanahoria pelada y tostadas de pan integral. Una merienda estupenda desde el punto de vista nutricional que, sin embargo, desató ola de miradas frías entre el sector de mamás que apuestan por las galletas y los zumos industriales. “Será que no trabaja, porque a ver de dónde saca el tiempo para hacer el hummus”. “Pobre niña, no habrá probado una galleta en su vida”. “Merendar garbanzos. Nos estamos volviendo locos con la alimentación infantil”… Así son (algunas) madres: en lugar de respetar, critican. Siempre se critica a quien no educa a sus hijos como lo hacemos nosotros.

Otra madre debió pensar que el hummus es una patraña sin sentido y le ofreció a la niña una galleta industrial. La niña, por supuesto, la quería. Pero su madre, con cariño y calma, le dijo: “No, tú tienes tu merienda aquí”, señalando su táper.

Nocilla hecha en casa

A mí, que ya me había leído el libro de Basulto y Cáceres, la mamá del hummus me dio envidia. Mejor dicho, me dio envidia ver cómo su hija se lo comía. Un día, preparé para merendar paté vegetal (alubias en conserva, tomate seco, aceite de oliva y albahaca) y mi hijo puso tal cara de asco que el bocadillo terminó en mi estómago. He tenido más suerte con otras meriendas saludables. Por ejemplo, galletas caseras y, sobre todo, nocilla hecha en casa (avellanas, cacao puro, leche, aceite de oliva virgen y dátiles).

A pocas mamás del parque les confieso que la nocilla es casera. Si lo hiciera sé que tendría una legión de samaritanos ofreciendo a mi hijo bollería industrial para que el pobre pudiera saborear las cosas buenas de la vida. Total, mira qué meriendas insalubres tomábamos la generación EGB y qué majos hemos salido todos.

¿Por qué nos sentimos con derecho para ofrecer mierdas industriles a niños y niñas que comen sano? ¿Por qué entras en una farmacia y ofrecen piruletas a todos los peques? ¿Por qué las abuelas compran natillas con chocolate para merendar? ¿Por qué las cajas de todos los supermercados están inundadas de huevos Kinder y gominolas?

Que cada mamá y cada papá hagan lo que puedan y lo que deban con la alimentación de sus hijos e hijas. Pero, por favor, empecemos a respetarnos todos. Si tú das a los tuyos huevo Kinder, perfecto. Pero deja vivir a los que prefieren dar garbanzos. O tomates.

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