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GENTE CORRIENTE

Diego Ojeda: «Hoy mola llevar libros de poesía al instituto»

El próximo domingo, este poeta, editor y cantautor canario llenará de libros las calles del Eixample y de Ciutat Vella de Barcelona

Juan Fernández

Diego Ojeda: «Hoy mola llevar libros de poesía al instituto»

DAVID CASTRO

Aviso a los vecinos de L’Eixample y Ciutat Vella: el domingo por la mañana, cuando bajen a la calle, la encontrarán inundada por 10.000 ejemplares del libro Si nos organizamos leemos todxs. Los verán en los parabrisas de los coches, en los alféizares de las ventanas, colgados de los árboles. Pero no deben tener miedo: es un artefacto poético. En su interior viajan los versos de los autores del sello Mueve tu lengua, cuyo fundador, Diego Ojeda (Las Palmas de Gran Canaria, 1985) se ha propuesto contagiar el venenillo de la poesía con creatividad.

–¿Rebobinamos? ¿Por dónde empiezo? Fui maestro y psicopedagogo durante una década, pero hace 11 años empecé a componer y cantar canciones. Me iba bien como cantautor, pero la literatura me seguía llamando. Me costó tanto publicar mi segundo poemario que decidí hacerlo por mi cuenta. Aquello fue la semilla de Frida Ediciones, el sello que ha dado a conocer a un buen número de poetas, muchos de ellos noveles, en los últimos años. El verano pasado, los integrantes de este proyecto decidimos darle un nuevo giro.

–¿Cuál? Convertimos a Frida en Mueve tu lengua, una editorial que trata de difundir la poesía de forma novedosa. En nuestras presentaciones hay música y la gente participa, no solo escucha; somos la editorial con más actividad en las redes sociales; nos negamos a editar en formato e-book, porque un libro de poemas necesita ser subrayado; y colaboramos con oenegés para hacer actos benéficos donde la poesía siempre está presente. Lo nuestro no es un movimiento, sino una revolución.

–¿Llenar las calles de poesía formaba parte de esa estrategia? Hace tres años firmé en la Feria del Libro de Madrid. La noche anterior, un millonario había forrado el parque del Retiro con billetes de 50 euros y la gente andaba loca buscándolos. Pensé: sería genial hacer lo mismo con literatura. El fin de semana pasado llenamos un barrio de Madrid con los versos de Felipe Benítez Reyes, Ismael Serrano, Pedro Guerra, Señorita Bebi, Defreds y los 30 poetas que participan en este libro, y este finde toca Barcelona.

–¿Qué reacción le gustaría provocar? El objetivo es generar emociones, que es lo que persigue la poesía. Reivindico la lectura como arma de cambio. Ojalá la gente que encuentre este libro lo lea, lo comente en las redes, lo lleve a casa, lo enseñe a sus amigos, lo haga rular. 

–La poesía no es el género con más adeptos. Eso ha empezado a cambiar. Cuando yo iba al instituto, escondía mis libros de poesía y escuchaba a Silvio Rodríguez con auriculares para que no se enteraran mis amigos. Me daba vergüenza. Ahora eso ya no pasa. Hoy mola llevar libros de poesía al instituto y a los chicos les flipa sacar versos y compartirlos en las redes. Me enorgullece haber formado parte de ese cambio.

–¿Se sienten partícipes? Sí, porque nos lo dicen los lectores. Multitud de jóvenes nos han confesado que se han aficionado a la poesía leyendo nuestros libros. Quizá es porque hemos descubierto una nueva forma de difundirla y porque nuestros autores llevan tatuajes como ellos y escriben sobre los temas que a ellos les preocupan, usando su mismo lenguaje. Hemos demostrado que era posible hacer poesía en los tiempos de Instagram. 

–¿Dicen que con tanta red social la gente ya no lee?
–Es falsa esa idea. Gracias a las redes, los jóvenes han convertido a los poetas en los nuevos superhéroes emocionales. Hoy se premian las ideas expresadas en pocos caracteres, y a veces las encuentras en un tuit y otras en un verso. Al final, la poesía cumple la misión de siempre: pone palabras a eso que sientes y no sabías decir.

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