Cita con las urnas

Los catalanes deciden entre continuidad, relevo o cambio | Elecciones catalanas 2021

  • Las quintas elecciones catalanas en una década dirimen si sigue el 'procés' y, en tal caso, quién lo pilota

Foto de familia de los candidatos a las elecciones del 14-F. / EFE / ALBERTO ESTÉVEZ / VÍDEO: EFE

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La etiqueta de 'plebiscitarias' ha adjetivado las dos últimas elecciones autonómicas que se han celebrado en Catalunya, marcadas por una fuerte polarización política y social. El coronavirus ha impedido que los comicios de este domingo sean revestidos de esa connotación, pero de la decisión de los catalanes depende de nuevo el futuro del proceso independentista iniciado en 2012. La diferencia con las convocatorias anteriores es que esta vez son tres, y no dos, los escenarios que pueden abrirse a partir del lunes. El enconado pulso a tres bandas que se ha librado en la atípica y bronca campaña hace que los 5.624.044 electores dictaminen este domingo si quieren que el 'procés' se radicalice, se remoce o se diluya.

En lo que ninguna encuesta fallará es en que no habrá mayorías absolutas y se abrirá paso el Parlament más fragmentado de la historia, lo que obligará al candidato o candidata que quiera ser investido a comenzar una titánica carrera de obstáculos para tratar de desteñir las líneas rojas fijadas por los partido durante la campaña. Los vetos cruzados hacen temer incluso una hipotética repetición de los comicios, que por plazos podría producirse en pleno verano.

La más roja de esas líneas, el inédito cordón sanitario independentista contra el PSC, lastra las opciones de ser ‘president’ del candidato socialista, Salvador Illa, que abandonó el Ministerio de Sanidad en plena pandemia en busca del vuelco electoral que desalojase a los soberanistas de la Generalitat. Su eventual victoria puede serle tan amarga como la de Inés Arrimadas en 2017 si las fuerzas independentistas siguen sumando mayoría absoluta.

La reválida de la mayoría independentista será clave para decantar el Govern

Ante lo igualado de las encuestas, el exministro ha sido el blanco de los dardos más envenenados de la campaña, pero se enredó en la recta final con una negativa a someterse a una PCR que sus oponentes aprovecharon para deslizar la sospecha de que se había colado en la vacunación. Illa ha dejado claro que, si gana este domingo, se presentará a la investidura aunque no tenga apoyos suficientes, a fin de señalar a ERC como responsable de perpetuar los bloques que dividen Catalunya desde hace un lustro.

Los republicanos se han visto arrastrados a dejar por escrito un veto al PSC que habían prometido de palabra para no perder comba en la lucha con JxCat por la hegemonía independentista. El hipotético triunfo de Pere Aragonès o el de Laura Borràs supondrá la pervivencia de la llama procesista, pero quién empuñe el timón del Govern será más decisivo que nunca, pues los ritmos y las estrategias de ambos son como la noche y el día, uno anclado a la mesa de diálogo con el Gobierno central y el otro, a la inconcreta promesa de activar la nonata DUI de 2017.

Los tres posibles escenarios después de las elecciones catalanas / ZML

Para diluir el peso de Junts y excluir al PSC, ERC abandera la propuesta de un Govern multipartito de todas las fuerzas favorables a un referéndum y a la amnistía de los presos del 1-O, pero ahí se acaban las coincidencias entre En Comú Podem, la CUP y el PDECat, las tres formaciones que se disputan la llave de la gobernabilidad. Entre ellas parecen incompatibles, y por eso la mayoría han desechado la idea, lo que puede añadir escollos a las negociaciones.

Aragonès y Borràs han abierto la puerta a gobernar en solitario con apoyos externos si la convivencia en el Consell Executiu se intuye aún más inhóspita. Un factor clave para encarar esas negociaciones será la distancia que separe este domingo a la primera fuerza independentista de la segunda.

El veto de ERC al PSC reduce las opciones de Illa de ser 'president' a que el secesionismo no sume 68 escaños

Si vence ERC pero la diferencia con JxCat es muy estrecha, los republicanos temen que las condiciones de Borràs les empujen otra vez hacia el choque con un Gobierno al que acaban de dar el oxígeno presupuestario que necesitaba. Y el mismo riesgo corre Esquerra si el partido de Carles Puigdemont le sobrepasa otra vez y retiene la presidencia de la Generalitat. Con razón Aragonès ha repetido en los debates de campaña que "no es lo mismo estar en un gobierno que presidirlo".

Una victoria de Borràs haría presagiar otra legislatura de convulsiones, tanto por la continuidad del órdago independentista como por el horizonte judicial de la presidenciable de Junts, que, imputada por cuatro delitos de corrupción, podría acabar en el banquillo e, hipotéticamente, inhabilitada como el último 'president', Quim Torra.

Aragonès y Borràs se disputan si prevalece la estrategia de diálogo o de choque con el Gobierno central

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En esta pugna dentro del bloque secesionista también será determinante el porcentaje de voto que sumen sus integrantes. En 2017, con la polarización al rojo vivo y la participación en récord (79%), se quedaron en el 47,5%. Se da por segura una caída de la movilización que podría devolverla a cotas anteriores al ‘procés’, un escenario que, a priori, beneficia al independentismo, que suele estar bastante más movilizado que el electorado no soberanista.

Una tercera terna zanja este domingo su batalla particular. El vencedor de las elecciones de 2017 puede sufrir el mayor desplome en unas autonómicas. Ciutadans se juega el tarro de las esencias constitucionalistas con el PP y la ultraderecha de Vox, que llama a la puerta también del Parlament.