Cita con las urnas

El veto independentista al PSC petrifica los bloques | Elecciones catalanas 2021

  • El 'cordón sanitario' aviva el choque entre partidos en el esprint final de la campaña

Imatge de los nueve candidatos a la presidencia de la Generalitat, antes del debate electoral en La Sexta.

Imatge de los nueve candidatos a la presidencia de la Generalitat, antes del debate electoral en La Sexta. / La Sexta / José Irun

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Jose Rico
Jose Rico

Jefe de la sección de Política

Especialista en política catalana

Escribe desde Barcelona

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Los 'cordones sanitarios', cuyo significado político no lo recoge todavía la RAE --que solo contempla esta expresión aplicada a la contención de epidemias o plagas--, se originaron a principios de los años 80 del siglo pasado en Francia y Bélgica para aislar e impedir el acceso al poder de la ultraderecha. Solo con esta ideología se han aplicado vetos políticos en el resto de Europa, pero Catalunya ya acumula dos excepciones.

En el 2003, con José María Aznar en la Moncloa, el PSC, ERC e ICV-EUiA incluyeron en el Pacto del Tinell que alumbró el tripartito una cláusula anti-PP que algunos de sus firmantes reconocieron años después que fue un error. Ahora, todo el independentismo ha disimulado sus divisiones y fracturas para unirse en un veto a los socialistas cuya principal consecuencia es la confirmación de que los bloques seguirán pétreos si el dictamen de las urnas de este domingo certifica las encuestas.

Con este compromiso, la futura investidura deberá resolverse dentro de esos mismos bloques en que se ha fracturado la política catalana desde 2015, salvo que el independentismo no alcance la mayoría absoluta que le otorgaban todos los sondeos. En el lado no independentista, el PSC se frota las manos con el 'cordón sanitario' porque le permite, en palabras de su candidato, Salvador Illa, asemejar al secesionismo con "la foto de Colón", en referencia al acto que PP, Cs y Vox compartieron en Madrid antes de las últimas elecciones generales.

El veto, además, les vino de perlas a los socialistas para pasar página del resbalón de su candidato con la PCR en el debate de TV3, por el que tanto los independentistas como las derechas le acusaron de haberse vacunado. El Ministerio de Sanidad zanjó la polémica este jueves, antes del debate de La Sexta, exhibiendo un documento oficial que certifica que Illa no se ha puesto la vacuna.

Debate más agrio

Este último debate de la campaña confirmó que la conjura anti-PSC ha enconado un poco más el choque entre candidatos, que protagonizaron un debate mucho más bronco que el de TV3. "Han pasado del todos contra Illa al contra Illa vale todo, incluso la calumnia", repitió el exministro de Sanidad ante los incesantes ataques múltiples de casi todos sus homólogos. Laura Borràs (JxCat) le reclamó que se pusiera la mascarilla o abandonase el plató, mientras que Pere Aragonès (ERC) equiparó su actitud con las pruebas del covid a la que mantuvo Donald Trump durante la campaña de las elecciones en EEUU. El candidato de Cs, Carlos Carrizosa, le instó a aclarar si se ha vacunado.

El documento suscrito por JxCat, ERC, CUP, PDECat y Primàries, que les compromete a no pactar "en ningún caso la formación de gobierno" con el PSC "sea cual sea la correlación de fuerzas surgida de las urnas", no tiene la validez jurídica que tenía, por ejemplo, aquella visita de Artur Mas al notario en 2006 para jurar que CiU ya no se entendería más con el PP pese a su pasado. Pero sí contiene un significado político de primera magnitud en la recta final de una campaña marcada por el triple empate demoscópico entre Junts, Esquerra y PSC.

Documento firmado por JxCat, ERC, CUP, PDECat y Primàries por el que se comprometen a no pactar con el PSC

/ CATALANS PER LA REPUBLICA

Los posconvergentes han hecho del espantajo del tripartito una flanco de ataque electoral contra sus actuales socios del Govern, que trataban de esquivar las pullas recordando al partido de Carles Puigdemont que sus votos sostienen a una socialista imputada por corrupción al frente de la Diputación de Barcelona.

Aragonès y el propio líder de Esquerra, Oriol Junqueras, habían aguijoneado tanto al PSC que el margen para acuerdos poselectorales era escaso. Pero la presión de JxCat cuajó hasta el punto de que ERC había detectado que parte de su electorado estaba indeciso o tentado de quedarse en casa el domingo, sobre todo en la porción de votantes limítrofe con Junts. Eso elevaba el riesgo de verse nuevamente sobrepasado en las urnas, como hace tres años, por unos socios con los que asume que deberá sentarse a negociar a partir del lunes. Y ambos se juegan que las elecciones les proporcionen la ventaja negociadora de ser la primera fuerza independentista.

En medio de todo ello surgió la iniciativa de Catalans per la Independència, una escisión de la ANC que reivindica las esencias del 1-O y que obligó a mojarse a las formaciones secesionistas en puertas de los comicios. Esquerra insiste en que no le hacía falta poner nada por escrito porque la voluntad de excluir a Illa de toda ecuación era absoluta, pero el gesto extrema un poco más el complejo equilibrio por el que, según los republicanos, es compatible facilitarle la gobernabilidad a Pedro Sánchez y trazar una línea roja a un PSC al que siempre han acusado de ser una sucursal del PSOE.

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La firma de Aragonès

Sin embargo, tampoco el veto conjunto sirvió para neutralizar la táctica de JxCat de alertar de un tripartito en ciernes, usando como pretexto el hecho de que no fuera Aragonès, sino su jefe de campaña, Sergi Sabrià, quien estampase la firma en el documento en nombre de ERC. Según el partido, el candidato iba camino de un mitin en Manresa cuando los promotores del escrito se presentaron en la sede republicana, informa Xabi Barrena.