Elecciones catalanas

JxCat y ERC fuerzan la máquina para negociar en ventaja un nuevo Govern

  • Ambas formaciones asumen que deberán sentarse tras las elecciones pese a los choques de la campaña

  • Los republicanos consideran neutralizado el espantajo del tripartito que agitan los posconvergentes

El presidente de ERC Oriol Junqueras con Pere Aragonés y la cabeza de lista de Lleida Marta Vilalta, en un miting en Lleida.

El presidente de ERC Oriol Junqueras con Pere Aragonés y la cabeza de lista de Lleida Marta Vilalta, en un miting en Lleida. / ACN / Guillem Roset

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Xabi Barrena
Xabi Barrena

Periodista

Especialista en información sobre el Govern de Catalunya, de ERC y en el seguimiento de la actualidad del Parlament.

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Fidel Masreal
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Júlia Regué
Júlia Regué

Periodista

Especialista en información del Parlament de Catalunya, siguiendo la actualidad política catalana

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12.372. Esa es la cifra que ERC tiene grabada a fuego. Son los votos de ventaja que obtuvo JxCat sobre los republicanos el pasado 21-D y que derivaron, cual dominó, en una presidencia de la Generalitat posconvergente y una del Parlament para Esquerra. El 0,28% del total de votantes y el 0,22% del censo decidieron, por tanto, el rumbo de los últimos cuatro años. Sabedores ambos bandos de que hasta el rabo todo es toro, y conscientes de que la opción más plausible, pero no única, es que ambas fuerzas tengan que pactar un nuevo Executiu, posconvergentes y republicanos fuerzan la máquina en estos últimos días de campaña para llegar a esa negociación en posición de ventaja. Cada uno a su manera.

El partido de Puigdemont sostiene que con Esquerra no se han quemado los puentes durante la campaña, porque no ha habido sangre “más allá de las ‘rufianadas’ [se refiere a las declaraciones del líder de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, que periódicamente carga contra Junts]”, según indica un miembro del Govern. También en Junts se admite que si toca volver a pactar será necesaria una depuración de nombres “tóxicos” que han envenenado las relaciones entre ambos.

La posconvergencia también muestra voluntad en mejorar el reparto de ‘conselleries’ en caso de que toque volver a forjar coalición con ERC. En esta lógica se ha de interpretar el anuncio de Laura Borràs de que contará con el secretario de Salut, Josep Maria Argimon, como titular de Salut, hoy en manos de ERC.

Junts mantiene que si Pere Aragonès queda por delante el domingo, Esquerra intentará dejar a Junts fuera del Govern. “Cuando Joan Tardà habla [en contra de reeditar el pacto con JxCat] no se trata de una voz individual sino de un globo sonda”, aseguran en el partido del ‘expresident’.

Con todo, durante toda la campaña ha habido matices en Junts sobre la conveniencia o no de atacar a Esquerra. Desde quienes creen que no es oportuno ser agresivo en exceso porque el día 15 tocará pactar, hasta quien cree que los ataques no han de ser la prioridad pero son “inevitables”. Entre otras cosas, porque Junts solo puede crecer a costa de los republicanos.

Soniquete domeñado

Estos, por su parte, creen que han domeñado ya el soniquete del tripartito, por mucho que insistan los posconvergentes. Para ello han tenido que elevar el nivel y pasar del desmentido táctico (‘no pactaremos porque queremos sucederles en el área metropolitana’) a la descripción del PSC como la némesis de ERC, cual Sherlock Holmes y el Doctor Moriarty, que, sin ir más lejos, hizo este miércoles Oriol Junqueras. No se ahorró el líder de ERC ningún epíteto al describir a los socialistas como antagónicos por ser los garantes “de una Monarquía decadente” y como “un partido con un larguísimo historial de corrupción”.

Los republicanos, con todo, confían en la vía indirecta para superar a JxCat, en la creencia de que a campo abierto y de frente, el entorno mediático posconvergente haría con ellos lo que los blindados alemanes con la caballería polaca. Así, la vía es aglutinar el voto útil del independentismo ante la ‘amenaza’ de un triunfo de Salvador Illa.

Si el escenario se cumple, y el independentismo supera los 68 escaños -no hay que desdeñar ninguna opción, máxime con una abstención tan líquida en ciernes por la pandemia- la táctica de los republicanos para evitar el sainete de los últimos meses en un nuevo Govern será diluir la presencia de JxCat mediante la entrada de otras fuerzas. De momento, Aragonès solo ha recogido ‘noes’.

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Exigencia a los mayoritarios

En cuanto al tercer socio necesario, es sin duda pronto para la CUP bosquejar escenarios futuros sin el recuento ya hecho. De momento mantiene la enmienda y la exigencia a ambos partidos mayoritarios del secesionismo. Por ejemplo, se les requiere que “planten cara al Estado” y que el futuro Govern active las leyes suspendidas por el Tribunal Constitucional durante la pasada legislatura en materia social. Y su objetivo sigue siendo celebrar un referéndum antes del 2025, junto a una hoja de servicios en materia social que ensanche la base independentista.