política monetaria

El BCE exprime su arsenal para combatir el coronavirus

El banco central comprará 120.000 millones de deuda y inunda de liquidez barata a los bancos

Lagarde advierte a los Gobiernos de que la respuesta debe ser "primera y principalmente fiscal"

Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde

Presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde

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Pablo Allendesalazar

Pese a bordear desde hace meses el límite de su capacidad de actuación, el Banco Central Europeo (BCE) ha hurgado este jueves en su arsenal de herramientas para lanzar un nuevo paquete de medidas excepcionales con el que tratar de paliar el "gran 'shock'" que para la economía de la eurozona está suponiendo la pandemia del coronavirus. La institución, así, ha decidido inundar de liquidez a las empresas y los bancos, una actuación que sin embargo ha provocado una enorme decepción en los mercados. "La respuesta debe ser primera y principalmente fiscal, no creo que nadie espere que los bancos centrales sean la primera línea", se ha escudado su presidenta, Christine Lagarde, en un llamamiento casi desesperado a los Gobiernos a actuar.

Con el telón de fondo de las sempiternas discrepancias entre los países de la moneda única, la alta funcionaria francesa ha argumentado que el impacto de la enfermedad será "grave, pero temporal" si se adoptan las medidas adecuadas "en las próximas semanas, no meses". De momento, el BCE ha bajado su previsión de crecimiento para este año del 1,1% al 0,8%, pero Lagarde ha reconocido que la estimación está ya desfasada ante la ausencia de datos más actuales sobre el impacto de la pandemia, al tiempo que ha evitado descartar una posible recesión. Su mayor temor es que el proceso de adopción de iniciativas presupuestarias sea "complaciente y a cámara lenta", ha añadido antes de apuntar directamente a la reunión de los ministros de finanzas del euro del próximo lunes.  

La presidenta del BCE ha defendido que la autoridad monetaria ha hecho su parte con las medidas que ha aprobado. El consejo de gobierno ha decidido impulsar un programa excepcional de compra de deuda pública y privada por valor de 120.000 millones de euros hasta final de año, que sumarán de media unos 13.000 millones al mes a los actuales 20.000 millones de euros de adquisiciones mensuales, lejos de los 80.000 millones de los peores momentos de la Gran Recesión. Lagarde ha dejado entrever que se priorizará la compra de bonos empresariales para evitar que las compañías tengan problemas de financiación, pero no ha dejado del todo claro si se mantendrán los límites que obligan a preservar un equilibrio en el peso de cada país en las adquisicisiones, una medida que de eliminarse podría beneficiar a los más afectados por la enfermedad. La prima de riesgo de Italia, en consecuencia, ha subido con fuerza.

Crédito bancario

Además, el BCE lanzará unas inyecciones de liquidez extraordinarias hasta junio para aportar a los bancos todo los recursos que pidan a un interés del -0,5% (devolverán menos de lo que reciban) y suavizará las condiciones de las subastas de liquidez ya previstas entre junio de este año y junio del 2021, que tendrán unos tipos de hasta el -0,75%. Paralelamente, el área de supervisión bancaria de la institución ha decidido que las entidades financieras podrán hacer uso de los colchones de capital y liquidez que les obliga a reservar la normativa, entre otras medidas destinadas a que fluya el crédito. Lagarde, en este campo, ha pedido a los Gobiernos garantía públicas a los demandantes de préstamos para que los bancos se decidan a concederles financiación.

La mayor decepción para los inversores y analistas, en cualquier caso, ha venido por la decisión del organismo de no recortar los tipos, al contrario de lo que han hecho en las últimas semanas otros grandes bancos centrales como los de China, Estados Unidos y Reino Unido. El problema del BCE es que, al contrario que sus homólogos, apenas tiene margen para hacerlo: los de referencia llevan en el 0% desde marzo del 2016, mientras que la facilidad de depósito (el interés que se impone al dinero que los bancos guardan en la institución) se bajó al -0,5% en septiembre.

Unanimidad

En el mercado se esperaba que esta última se redujese al -0,6% y, aunque había dudas sobre la efectividad de la medida, el hecho de que no se haya tomado ha sido interpretado como un reconocimiento implícito de impotencia por parte del BCE. Lagarde, por supuesto, lo ha rechazado de plano. Así, ha negado rotundamente que los tipos hayan llegado o estén cerca de la llamada tasa de reversión, es decir, el nivel a partir del cual provocaría la contracción del crédito en lugar de su impulso. También ha defendido que las medidas tomadas son las "más eficientes y mejor enfocadas" para afrontar la situación actual y ha dejado la puerta abierta a adoptar nuevas iniciativas si el coronavirus lo hace necesario.

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La presidenta, asimismo, ha querido subrayar que el consejo de gobierno -formado por el comité ejecutivo del organismo y los gobernadores de los bancos centrales nacionales- ha alcanzado las decisiones de forma "unánime". Es un mensaje relevante, ya que el paquete de medidas adoptado el pasado septiembre bajo el mandato de Mario Draghi provocó una fuerte e inusitada controversia interna por la oposición de los representantes de Alemania, Austria, Países Bajos y Estonia al recorte adicional de tipos y la reactivación de la compra de deuda. Sin embargo, los analistas han interpretado este acuerdo total como el peaje a pagar para no ir más lejos en las medidas adoptadas. 

Como en el 2008

Las medidas del BCE llegan un día después de que trascendiese que su presidenta, Christine Lagarde, advirtió a los líderes europeos en la videoconferencia que mantuvieron el martes de que la pandemia de coronavirus amenaza con provocar una crisis semejante a la de la Gran Recesión del 2008 en ausencia de una respuesta urgente y coordinada. "(Salvo que se adopten medidas decididas) veremos un escenario que nos recordará a muchos de nosotros al de la Gran Crisis Financiera del 2008", alertó la francesa, según reveló a la agencia 'Bloomberg' una fuente conocedora del encuentro. Si las autoridades no actúan de forma valiente, mantuvo, se corre el riesgo de que se produzca un "colapso de parte" de las economías europeas, pero si la respuesta es adecuada el 'shock' probablemente sea temporal.