02 oct 2020

Ir a contenido

Pescanova: historia de una estafa

Los "hombres de paja" de la empresa desmontan la versión de la excúpula en el juicio que les acusa de estafa en la fallida empresarial no inmobiliaria más grande de la historia de España

Pescanova utilizó empresas fantasma para hinchar su volumen de negocio con 2.500 millones de euros en facturas falsas y obtener financiación bancaria

Lara Graña

Manuel Fernández de Sousa, el expresidente de Pescanova.

Manuel Fernández de Sousa, el expresidente de Pescanova.

Las explicaciones de la excúpula de Pescanova en su macrojuicio por estafa, blanqueo de capitales y otros cargos que investiga el colapso de la pesquera van a la deriva. Hasta ahora, los altos directivos de la compañía habían defendido su inocencia ante la sección cuarta de la Audiencia Nacional, en San Fernando de Henares, asegurando que la pesquera trabajaba junto a hasta 12 sociedades instrumentales que almacenaban sus mercancías. Sin embargo, este argumento se hundió este jueves.

Fue entonces cuando comparecieron ante el juez los “hombres de paja” de Pescanova, teóricos administradores de las empresas instrumentales que aseguraron que ellos no tenían conocimiento alguno del mercado del pescado y que se limitaban a firmar las supuestas transacciones de mercancías siguiendo las órdenes del equipo directivo de Manuel Fernández de Sousa, expresidente de Pescanova SA.

“Yo no tengo almacenes. He oído aquí que soy un gran mayorista de pescado, y yo entiendo solo de comprar unas cajas de langostinos por Navidad”, remarcó Javier Fernández Corujeira, trabajador de una pequeña asesoría que operó por la pesquera, imputado en el juicio. Esa asesoría fantasma, junto con las once restantes, llegó a facturar 632 millones de euros con Pescanova tan solo el 2012. Una de estas firmas estaba domiciliada en el piso de alquiler de otro imputado, Javier Retamar.

EMPRESAS DE PAJA

Su versión, así como la de otros testigos, refrenda el relato de la Fiscalía. Según el escrito de acusación del Ministerio Público, Pescanova utilizó presuntamente esas sociedades instrumentales para obtener financiación bancaria entre 2007 y 2013. Así, la multinacional gallega falseaba sus facturaciones y simulaba transacciones inexistentes de mercadería para alimentar así una demanda insaciable de liquidez. En resumen, ese supuesto entramado le servía a Pescanova para inflar fraudulentamente su negocio ante las autoridades para generar 2.500 millones de euros en facturas en cinco años y poder obtener así financiación bancaria para “liberar tensión de tesorería”.

El auto de apertura de juicio oral expone que “las transacciones con estas sociedades se generaban en función de las necesidades de liquidez de Pescanova”. Los interrogados este jueves, entre ellas las tres personas que gestionaron esas 12 empresas, señalaron que fue la directiva de la empresa quien engrasó ese presunto entramado de corrupción. Fuesen empleados o propietarios de esas agencias, aseguraron también que cobraron salarios de “unos mil euros”, en unos casos, y de 400 o 500 euros, en otros. “A veces nada”, añadieron.

QUIEBRA HISTÓRICA

El macrojuicio celebrado en San Fernando de Henares contra Pescanova debe determinar si fueron las irregularidades de su excúpula lo que llevó a la famosa pesquera gallega a su quiebra, hace siete años. Su fallida fue de 3.560 millones de euros, lo que la convierte en la más grande de la historia de España, sin contar la de empresas inmobiliarias. Tras su hundimiento, en 2015 la compañía cambió de manos.

Además de su expresidente, Fernández de Sousa, el macrojuicio ha sentado en el banquillo de los acusados a 18 exconsejeros y antiguos miembros de la cúpula directiva de Pescanova señalados por delitos como estafa, blanqueo de capitales, falsedad documental, falseamiento contable y alzamiento de bienes. El fiscal pide penas que suman los 164 años de cárcel.

Temas Pescanova