Santiago Roncagliolo y la 'Generación fregona'

"Nuestros hijos buscarán amor mientras las mujeres los tratarán como pedazos de carne. Es nuestro futuro inmediato", asegura el escritor peruano

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Santiago Roncagliolo
Santiago Roncagliolo

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Una noruega me contó que, en su país, las madres ya eran mujeres liberadas e igualitarias en los años 70. Como resultado, según ella, los varones noruegos de hoy desean formar familias y dedicarse al hogar. Pero se frustran porque las mujeres solo quieren sexo sin compromiso. Para que las noruegas acepten tener hijos, el Estado les ofrece jugosas subvenciones, jornadas reducidas y permisos compartidos con los padres. A pesar de esos encomiables intentos de soborno, la tasa de natalidad de ese país figura entre las más bajas del mundo. No es ciencia ficción. Es nuestro futuro inmediato.

Mi padre fue un militante de izquierda comprometido con la igualdad de género. Defendió los derechos de las mujeres y se rebeló contra la familia tradicional. Pero no sabía qué hacer con un bebé. Aún no lo sabe. Si lo dejo solo con su nieta de 4 años, es capaz de hablarle del conflicto palestino.

Hoy, ser padre significa ocuparte del hogar de verdad. Pero sin referentes para hacerlo. En nuestra infancia, los hombres –incluso los progresistas– veían fútbol mientras sus esposas les llevaban cervezas a la mesa, hablaban de política mientras ellas comentaban las recetas, salían a la montaña mientras ellas los esperaban con los niños. Hoy, todo eso se ha acabado. Creerse el jefe está tan mal visto como fumar en un restaurante. Y es igual de arcaico.

Sin embargo, nadie nos enseñó cómo hacerlo de otro modo. A nuestra generación le corresponde descubrirlo día a día, por ensayo/error y pasar el testigo... Si lo logramos.

El orden tradicional se rompe a ritmos dispares. Las mujeres han mostrado una habilidad ante el mundo laboral mucho mayor que los hombres ante las realidades domésticas. Por ejemplo, me ocurre constantemente –y noto que es tendencia masculina–, descuidar detalles sobre las rutinas cotidianas:

–¿Cuánto Apiretal había que poner en la dosis?

–¿Esta no era la talla de la niña?

–¿De verdad hace falta tender toooodas las camas? 

Quizá esa carencia se deba a nuestra educación machista y desaparezca en la próxima generación. Pero hay una diferencia entre géneros que sospecho más profunda, acaso biológica: la capacidad de lidiar con emociones.

"Durante siglos, los hombres creímos  "Durante siglos, los hombres creímos que no hablar de nuestra intimidad se debía al orgullo de machote" 

Cesc Gay, ese cirujano de la sensibilidad contemporánea, lo ha contado en películas como 'Truman' o 'Una pistola en cada mano': los hombres no hablamos de nuestra intimidad. Durante siglos, creímos que se debía al orgullo del machote. Hoy está demostrado que simplemente nos falta vocabulario.

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Lo he visto miles de veces, cuando las parejas se divorcian. Tras la ruptura, mis amigas vienen a mi casa y me cuentan cada segundo de su matrimonio con pelos y señales: lo que salió bien, lo que salió mal, lo que él dijo el 3/2/03 y cómo el 8/10/05 quedó claro que mentía... Los varones, en cambio, vienen a mi casa y ponen un partido. El fútbol es crucial en el mundo masculino porque llena las horas que pasamos sin hablar.

Nuestros hijos darán el paso siguiente, el de los noruegos, y buscarán amor mientras las mujeres los tratan como pedazos de carne. Pero dudo seriamente que, incluso entonces, sean capaces de contárselo entre ellos.

Santiago Rocangliolo

Santiago Rocangliolo (Lima, 1975) está considerado una de las voces latinoamericanas más destacadas de su generación. Acaba de publicar ‘La noche de los alfileres’ (Alfaguara), protagonizada por cuatro amigos y ambientada en la capital peruana en los convulsos años 90, cuando Lima era “una ciudad sitiada, con bombas y apagones”. Para escribir esta historia de iniciación, narrada con crudeza y humor, ha buceado en su memoria y ha tirado de sus recuerdos de adolescente, “porque ya es tiempo de echar la vista atrás”. Afincado en Barcelona, Santiago Rocangliolo es padre de dos hijos.