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Jose Coronado: "Moriré con las botas puestas"

El actor estrena 'Cien años de perdón', dirigida por Daniel Calparsoro, donde interpreta su poli número 15

Olga Pereda

El actor Jose Coronado. 

El actor Jose Coronado.  / JOSÉ LUIS ROCA

Dechado de educación como no hay en el cine español, Jose (sin tilde) Coronado nos recibe con un café solo y patillas de lobo de mar. El café se lo toma en pocos sorbos. Es temprano y la cafeína se agradece. Las patillas son parte de un guion. El actor madrileño está metido en los ensayos de la nueva película de Agustín Díaz Yanes, 'Oro', un viaje al siglo XVI y a la conquista de otros mundos que se rueda en Canarias. Coronado entró talludito, con 30 años, en una profesión que ama y que, a sus espléndidos 58, le requiere constantemente. Estrena ahora 'Cien años de perdón', donde se vuelve a meter en la piel de un policía (el madero número 15 de su filmografía). Dirigida por Daniel Calparsoro, es la historia de un atraco bancario que pone en evidencia las apestosas cloacas del Estado. 

Se le echó de menos en la gala de los Goya. En sus 30 años de historia habré faltado solo en dos o tres ocasiones. Pero este año tenía mucho trabajo y me pilló en Barcelona.

¿Lo vio por la tele? Qué plantel de políticos. Sí, claro. Algo de fuerza debemos de tener los de la cultura que conseguimos reunir allí a todos, menos al amigo Mariano [Rajoy]. Hay gente que criticó la presencia de políticos en la gala, pero a mí me parece muy bien que estuvieran allí. Hay que cuidar la cultura, que es un derecho del pueblo. A través de nuestro cine, esta estupidez de la 'marca España' se lleva con solidez. Estamos en un estupendo nivel, luchando con otros países que tienen más presupuesto. Y a veces se nos reconoce más fuera que dentro.

Qué rabia, ¿no? Pero no lo digo por el público. El público era un elemento que teníamos que ganar y en los últimos 20 años nos lo hemos ido ganando. A nada que nos ayudasen un poquitín… Si no, habrá que aplicar otras fórmulas.

¿Tomar el palacio de invierno? No, meter una secuencia porno en cada peli que hagamos, porque el porno tiene un 4% de IVA. Toma porno y luego, si eso, te contamos la vida de Lope de Vega.

Hablemos de polis. El de ‘Cien años de perdón’ es su ‘madero’ número 15. Sí, por ahí debe de andar. Es un coronel retirado que está en la reserva y al que nadie conoce. Se encarga de solucionar asuntos turbios del Estado. Un tipo frío y sin escrúpulos, pero tremendamente efectivo.

La película es mucho más que un ‘thriller’. Es lo bueno que tiene. Que a la acción pura y dura se le añade la política ficción, que, por desgracia, es un tema de rabiosa actualidad. Lo estamos viviendo desde hace unos cuantos años. Política de corrupción.

Usted, que es un devorador de prensa y telediarios, ¿se sigue indignando? Ahora lo que estoy es aburrido. Sigo haciendo el esfuerzo de leer prensa y ver las noticias, pero me pregunto: “¿Y si cojo un libro, que me va a aportar más?”. [En la enorme estantería del piso madrileño de Coronado no cabe un solo volumen más]. Es terrible que en los últimos años se haya perdido el concepto de ética. Todos estos Bárcenas... La gente dice que son los putos amos, héroes. Esto es un problema de educación. Hay que llevarlo a las escuelas y decir que estos no son héroes, sino hijos de puta a los que hay que castigar. No hemos recuperado la ética, lo conseguiremos dentro de unos años. Lo que sí se ha conseguido es poner unos mecanismos de control para que la corrupción no quede impune.

La hermana del Rey está sentada en un banquillo. Claro, pues fantástico. Pero que no todo quede en escaparate. Lo que es preciso es que devuelvan el dinero. Un dinero que hace falta para construir autopistas, hospitales y escuelas. Es importante que los tiempos de la judicatura se acorten para que no sean años y años de recursos.

Volviendo a los polis, en sus tiempos mozos convivió con ellos para prepararse su papel en ‘Brigada central’, con Imanol Arias. Sí, era la primera vez que me empapé de los polis. Y del cine. Era un bebé de 29 años. Me sorprendió mucho lo tenebroso del mundo policial. Fuimos a la antigua DGS, en la Puerta del Sol, y vimos redadas e interrogatorios. Para construir mi personaje en 'Cien años de perdón' he tirado de otro policía, el que interpreté en 'El Lobo'.

Un facha. Un fascista que quería ser ministro del Interior. Un tipo muy peligroso. De él he recuperado para la película de Calparsoro esa forma de ser hermética, fría y sin escrúpulos. 

¿Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón? Yo creo que sí. Los verdaderos malvados están en las altas instancias. Esos son los que hacen daño.

"Cuando empecé, era tremendamente malo. Verde, sobreactuado, terrible"

Si hablamos de polis, ahí está el Santos Trinidad de ‘No habrá paz para los malvados’. ¿Qué le debe a Enrique Urbizu? Mucho. Le debo el Goya y el lujo de haber trabajado en ese peliculón que no tiene un gramo de grasa porque es puro músculo. Le debo haber aprendido y haberme vuelto a enamorar del oficio de actor, que es algo que va mucho más allá de recibir premios. Urbizu es un enamorado de su profesión. Solo hay que ver las clases que imparte en la Universidad Carlos III. Los alumnos se agolpan para escucharle. 

Es uno de los mejores cineastas de la industria española. Pero sigue sin rodar. Se ha caído ‘2014 hijos de puta’. Como buen vasco, Urbizu es tozudo como nadie. Su problema es que es tan inteligente y lleva tan trabajadas sus películas que no puede permitir que cualquier ejecutivo de televisión le diga cómo tiene que rodar una secuencia o con qué actores. Él por ahí no pasa. 

Usted entró madurito en la profesión. Tenía 30 años. Pero había vivido mucho. Se fue de casa con 18, se matriculó en varias carreras, montó una agencia de modelos y tuvo una vida canalla. Hombre, la movida de los años 80 de Madrid... ¿Quién no la vivió? Es lo mejor que le ha pasado a Madrid en el siglo XX.

¿Toda esa vida ha hecho que hoy Coronado sea quien es? Fue mi método Stanislavsky (risas). Me acuerdo de cómo al gran Ricardo Franco le criticaron por cogerme a mí, que no sabía nada de actuar. Y él contestó: “Ya, pero sabe mirar a una mujer”. Hay muchos actores que se tiran años en escuelas, haciendo la gallina y el no sé qué, pero luego no viven. Para dedicarse a la interpretación es fundamental que hayas vivido. Tienes que estar en la calle. Yo me hice hombre al entrar en esta profesión. Y, además, tuve a mi primer hijo [Nicolás, nacido de su relación con Paola Dominguín]. Cuando empecé, era tremendamente malo. Verde, sobreactuado, terrible. Siempre doy gracias a que en esos años éramos poquitos los que estábamos. Poco a poco fui aprendiendo para que no me echaran de este mundillo.

¿Qué lección ha aprendido de su hijo? Aprendo cada día.

"Mato por mis hijos. Los adoro. Pero si tuviera otra vida no me importaría vivir libre"

Sigue viviendo con usted. ¿No le echa? ¡No! ¿Por qué? Hoy los chavales lo tienen muy difícil. Vive conmigo desde que tiene 8 años y tenemos una relación fantástica. A veces le veo más sensato y más maduro que yo. Hacemos una buena extraña pareja.

Su hijo es modelo y actor. ¿No le pone malo que no tenga cien proyectos de cine y televisión? He aprendido a no angustiarme tanto. Cuando tienes un hijo, es tu razón de vivir y te obsesionas. Hasta los 18 años, he hecho todo lo que he podido. Le he dado educación, valores, ética. Le he mantenido. Pero luego hay que hacer un ejercicio: búscate tú la vida. Vives en casa, bien. Pero haz lo que te dé la gana, es tu problema. Tengo 58 años y también quiero vivir para mí. Mato por mis hijos. Los adoro. Pero si tuviera otra vida no me importaría vivir libre.

¿Está diciendo que está arrepentido de tener hijos? [Además de Nicolás, tiene a Candela, fruto de su relación con Mónica Molina] ¡No, por Dios!. Estoy diciendo lo que te quitan.

¿No se puede ser padre y ser libre? Durante un tiempo, no. Cuando se hacen hombres o mujeres hay que decirles: “Se acabó, ahora tienes que jugártela tú”. Sé que esto que estoy diciendo ahora a lo mejor no es muy popular, pero es así. Y que conste que si mañana tengo que morir por uno de mis hijos, me muero. Y con una sonrisa. Son lo mejor que me ha pasado en la vida.

Su popularidad es tremenda. ¿Puede desayunar tranquilo en un bar? Absolutamente.

Pero cada minuto debe de tener un admirador armado con su móvil. Va dentro de mi sueldo. Además, no lo veo como algo terrible. Me gusta, porque lo único que siento es que la gente me entra con mucho respeto y me trasmite buena energía. No me cuesta más que dos segundos atender a esa persona. Es más fácil hacer esa foto que ponerme a dar explicaciones de si estoy o no en un momento privado.

Su presencia en la serie ‘El príncipe’ (Tele 5), donde da vida a un policía tan duro como leal, ha debido de aumentar esas peticiones de selfis. Sí. Cuando haces series, lo notas. Siempre he hecho tele, un sector que defiendo. Con ella llegas a millones de espectadores cada semana. En cine, mientras, te ven 400.000 personas en el mejor de los casos. Eso sí, es importante escoger productos de calidad y no hacer porquerías.

‘El príncipe’ ha puesto el foco en el yihadismo. Me gusta porque es una serie que, además de entretener con ese reparto de gente tan estupenda, habla de un problema serio que está concentrado en Ceuta y Melilla. En varios capítulos hemos hablado de cosas que luego han pasado en la vida real y hemos visto en los telediarios.

La serie ha regresado por fin a la parilla. Ya teníamos ganas. Rodamos hace año y medio los últimos ocho capítulos, que son los que se están emitiendo ahora.

¿Y no habrá nueva temporada? No. Soy un devorador de ficción y a veces el problema de las teleseries es que la obsesión de dejar temporadas abiertas hace que todo se alargue y los personajes se estiren inicesariamente. 'El príncipe termina claramente'. Será un final de verdad. Un final cerrado. 

"La serie 'El príncipe' termina claramente. Será un final de verdad. Un final cerrado"

En la serie trabajó codo con codo con Álex González. ¿Aprendió algo de él? Álex tiene una educación y un corazón fuera de lo normal. Ahora está en Los Ángeles y nos llamamos mucho, como si fuéramos novios. Es un tipo estupendo. Nos hemos enamorado. De él he aprendido a no relajarme nunca y a meterme en su estela de pasión. No me cuesta mucho porque sigo teniendo dentro ese Peter Pan por el que cada día me levanto para ir a trabajar. 

Rodeado de tanta gente joven, ¿se siente mayor para el oficio? No, nunca me voy a sentir mayor. Ni cuando tenga 85 años. Yo he trabajado con Manuel Alexandre y me parecía un tipo joven. Me acuerdo cómo jugábamos al mus con Mario Camus y tomábamos gintónics. Esta es una profesión de amor eterno. Y, si me dejan, moriré con las botas puestas.

De momento no para. Le hemos visto en otra ficción histórica, ‘La corona partida’, dirigida por Jordi Frades. Y, en breve, en ‘El hombre de las mil caras’, de Alberto Rodríguez. Sí. Ahí doy vida al mejor amigo del espía Francisco Paesa, un piloto de aviación y su socio en los chanchullos.

Francisco Paesa [el exagente del Ministerio del Interior que entregó al exdirector general de la Guardia Civil Luis Roldán a las fuerzas de seguridad en 1995] está vivo. ¿Se ha puesto en contacto con el equipo del filme? Él vive en París y cuando rodábamos en el río Sena estábamos convencidos de que desde algún sitio nos estaba viendo. Es un tipo que hizo grandes barbaridades, como meter un avión regular en Sarajevo en plena guerra de los Balcanes. Lo inundó de pegatinas de la Cruz Roja y se lo llevó lleno de obras de arte. 'El hombre de las mil caras' es una película de tramposos que habla de las cloacas del Estado.

De nuevo, como en el filme de Daniel Calparsoro. Es valiente mirar a los gobernantes y decirles: “¡Eh!, que podemos hablar de vuestras cloacas”. No es que podamos, es que debemos.

En su agenda también está hacer una teleserie para TVE sobre las figuras de Lope de Vega y de Cervantes. Además, tiene programado un recital de poesía en el Teatro Español. ¿Es el actor español que más curra? Soy uno de los más privilegiados, sí. 

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