Los retos del nuevo alcalde

Los tres temas que marcarán la política de Barcelona en este mandato

Los dos pactos posibles de Collboni y cómo condicionarían sus políticas

Collboni promete diálogo al mundo empresarial como contrapunto a Colau

Collboni se compromete a terminar la unión del tranvía en Barcelona

Collboni anuncia un incremento de las multas por incivismo en otoño

Barcelona ofrece 27 solares a la Generalitat para construir vivienda pública

Jaume Collboni recibe la vara municipal como nuevo alcalde de Barcelona

Jaume Collboni recibe la vara municipal como nuevo alcalde de Barcelona / Manu Mitru

Toni Sust

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Jaume Collboni cumple este lunes 100 días como alcalde de Barcelona. A la espera de sumar un socio que le dé aire para gestionar y apoyo en las decisiones claves, lo que sí ha hecho Collboni es enviar señales de lo que quiere de estos próximos cuatro años.

Y entre estos gestos, la realidad que vive la ciudad y la agenda del resto de administraciones, se puede delimitar sin dificultad cuáles serán los tres temas que marcarán el mandato que está empezando y que concluirá en 2027: los proyectos relacionados con el transporte público, el frente del civismo y el de la vivienda pública.

En el ámbito de las infraestructuras de transporte público, Barcelona afronta cuatro años de gran intensidad, que empezarán en otoño, cuando se inicie la conexión de las estaciones de plaza de Espanya y Gràcia de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), con la prolongación de la línea Llobregat-Anoia, que supondrá la creación de tres nuevas paradas, Gràcia, Francesc Macià y Hospital Clínic, y la reforma de dos existentes, Gràcia y Plaça Espanya.  Obras que acabarán en 2030 si todo va bien.

El tranvía por la Diagonal

Muy relevante será conocer en qué fecha decide Collboni acometer la segunda fase de la conexión del tranvía por la Diagonal. En junio dio por hecho que si de él dependía habría unificación de Trambaix y Trambesòs: "¿Cómo no se tiene que conectar esta infraestructura?". Pero como en abril sembró la duda sobre la posibilidad de que la obra se retrasase al siguiente mandato, para evitar tanto trabajo en la vía pública tras los registrados en los últimos años, tendrá que despejar la incógnita.

Las obras de conexión del tranvía por la Diagonal llegan a Verdaguer.

Las obras de conexión del tranvía por la Diagonal llegan a Verdaguer. / Ajuntament de Barcelona

De no detenerse el proceso previsto, el tranvía llegaría a Francesc Macià en mayo de 2026, completando así la unión y creando por el camino las paradas de Diagonal/Cinc d'Oros, Balmes y Casanova.

Ampliación del metro

El PSC sacó pecho en febrero por haber logrado al cerrar el acuerdo de los presupuestos de la Generalitat que se dediquen 6,5 millones de euros a la redacción de los proyectos de ampliación de la L1 hasta Sant Crist-Badalona, de la L3 hasta Esplugues Centre y de la L4 hasta Sagrera-Meridiana. Collboni también defiende la de la L2 hasta la Marina a través de Montjuïc. Son asuntos que deben ser tratados en la Comisión mixta Generalitat-Ayuntamiento de Barcelona prevista para otoño.

En cuanto a La Sagrera, la alta velocidad empezará a pasar por el interior de la estación a finales de 2024. La segunda vía está prevista para 2026.

El civismo

El civismo ya marcó la campaña electoral a través de los debates sobre la limpieza y la seguridad en la ciudad y en menor medida la gestión del turismo. Y el tono que el gobierno de Collboni quiere dar al asunto está quedando muy claro. Desde el principio, el alcalde y sus concejales han advertido de que la ciudad no va a tolerar la falta de respeto a la autoridad, lo que supone dar a entender que hasta ahora sí se hacía.

Se envía el mensaje también de que con el nuevo alcalde se acabó el discurso de desobedecer leyes, de desairar al poder económico o al Rey y de marcar una línea que separe los interlocutores bienvenidos de los que no lo son. Es decir, un combate, sin citar al enemigo, contra el discurso de Barcelona en Comú o el que se le atribuyó, cómo desee leerse. La clave es visibilizar un punto de inflexión.

El rey Felipe VI se reúne con Jaume Collboni, alcalde de Barcelona

El rey Felipe VI se reúne con Jaume Collboni, alcalde de Barcelona / ELISENDA PONS

La semana pasada fue pródiga en gestos en esta dirección: el lunes, el alcalde fue recibido por Felipe VI tras 17 años sin reuniones de este tipo. El martes fue aplaudido con sonrisas de alivio en el Cercle d’Economia, donde apeló al diálogo como norma. El miércoles condenó los ataques con pintura a inversores que participaban en la feria inmobiliaria ‘The District’, en tanto que la que fue concejala de Vivienda en el mandato anterior a las órdenes de Ada Colau, Lucía Martín, se encontraba entre los que protestaban contra la cita. Ella, precisa Barcelona en Comú, no arrojó pintura a inversor alguno.

El ‘plan Endreça’

Aunque el plan Endreça’ no recoge la argumentación anterior, es el buque insignia del discurso del orden, si bien esta palabra ha quedado relegada en beneficio de otra que suena mejor: el civismo. El plan fue presentado por la primera teniente de alcalde, Laia Bonet, y el tercer teniente, Albert Batlle, el 26 de julio, cuando Collboni llevaba nueve días en el cargo.

Un plan en función del cual se anunciaron sanciones más elevadas contra el incivismo, que en realidad es algo que ya anunció Colau. Pero los socialistas, que entonces eran sus socios cuando ella gobernaba, dicen por lo bajini: “Es que ahora las multas se cobrarán”. Bonet y Batlle hablaron también, como lo ha hecho luego el alcalde, de sumar agentes a las patrullas de la Guardia Urbana.

El plan prevé más limpieza del espacio público, una campaña de comunicación a favor del civismo - que incluye el inglés para los turistas- y abordar una modificación de la ordenanza de Convivencia. Esta semana ERC pidió esa reforma (si bien los republicanos apuestan más por una modernización que por un endurecimiento) y recibió el apoyo del gobierno del PSC. En definitiva, vuelve el orden, vuelve el civismo, el tiempo dirá si también como una realidad o solo como un discurso.

La vivienda, los solares y el 30%

Todo indica que Collboni pugnará para que nadie pueda decirle que no es tan alcalde de la vivienda como Colau. De entrada, pretende mantener el ritmo de construcción de obra pública y mejorarlo si puede. Su ofrecimiento de 27 solares a la Generalitat para construir aúna las dos intenciones. Primero, porque supone subrayar que esos solares ya se pudieron poner sobre la mesa antes, y no se hizo. Si el acuerdo cuaja, el Incasòl construirá cerca de 1.700 pisos y el alcalde podrá decir que eso es gracias a su impulso.

En el mismo frente, el alcalde tiene que entomar este mandato la regulación estatal de los alquileres y concretar su promesa de flexibilizar la medida acuñada por Colau por la que las grandes promociones y rehabilitaciones de más de 600 metros cuadrados deben dedicar a vivienda protegida un 30% de sus pisos. Una norma que frenó la actividad porque el sector la rechaza y no ha dado por ahora el resultado esperado. Collboni aboga por que ese 30% no se concrete en pisos de la misma finca y que se pueda abonar en dinero.

El cambio debería reactivar el ritmo constructor privado, y si eso se traduce en más pisos, y por lo tanto más de VPO, el socialista podrá defenderlo con números en la mano y combatir las posibles críticas de quienes creen que se pliega al sector privado.