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Xavi Artal, cartero en el Gòtic: "Soy casi como un psicólogo de calle"

  • Tras casi dos décadas paseando a diario las calles con correspondencia y empatía, Artal no solo forma parte del tenaz tejido vecinal del castigado barrio: es uno de sus personajes más conocidos y queridos

Xavi Artal, cartero en el barrio Gòtic de Barcelona desde hace 18 años.

Xavi Artal, cartero en el barrio Gòtic de Barcelona desde hace 18 años. / JOAN CORTADELLAS (EPC)

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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¿Cómo se trabaja en un barrio tan machacado?

El turismo ha hecho mucho daño. Y, cuando digo turismo, digo también especulación, alquileres altos, desaparición del pequeño comercio… Pero, esa imagen que se tiene de no barrio, que es muy fuerte y todo el mundo se la ha hecho suya, no quita que haya una red muy fuerte dentro del barrio que sigue luchando, y que yo me la encontré aquí cuando llegué a trabajar aquí ya hace 18 años. Ya existía entonces y ha ido a más.

¿Cuesta luchar contra el potente mantra de 'barrio perdido'?

La demostración de que no está perdido es la lucha contra los desahucios. En este barrio, tan castigado, ha habido una gente que ha dicho 'no, no nos vamos de aquí'. Las redes de apoyo durante la pandemia no surgen de la nada. Aquí se organizaron 200 familias, además de una forma como muy lógica. Hubo, entre otros, un payés que estaba en Santa Caterina que de repente se quedó sin tener a quién vender lo que plantaba y empezaron a organizarse y a repartir entre estas familias. No pizzas, no ñoquis; verdura fresca. La inteligencia colectiva es muy potente.

La respuesta popular durante la pandemia fue para quitarse el sombrero. 

En esta sociedad la constancia cuesta mucho y nos pensamos que las cosas nacen como setas, y no. Estas redes de apoyo fueron posibles por todo el trabajo previo, y ahora siguen trabajando en otros ámbitos. 

Entonces, ¿era verdad que íbamos a salir mejores?

Siempre que pasa algo así hay quien da el salto a implicarse, quien entiende que esto va de lo comunitario, de lo colectivo. Y yo reivindico eso. Reivindico las ganas; reivindico a la gente que luchó por el El Borsí y lo ganó para el barrio. 

Años atrás, cuando se hablaba incluso de un museo a Woody Allen, se antojaba imposible esa victoria.

Para las miradas clasistas de la Cultura, para quienes todo tienen que ser equipamientos a nivel internacional [aunque después en momentos de crisis vayan a buscar a creatividad de los chavales en las placetas], dedicar El Borsí a un 'casal' fue polémico, pero es que un 'casal' puede ser un espacio de creación potentísimo. 

Su papel en el barrio va muchísimo más allá que el de repartir cartas. Me atrevería a decir que la correspondencia parece casi la excusa.

Cuando llevas 18 años con la misma gente, les acabas conociendo. Ahora me viene a la cabeza el Quimet, que ya no está entre nosotros. Si iba a su casa y no estaba, miraba el reloj y decía, son las diez y media, debe estar comprando el pan. Y pasaba por allí y me lo encontraba y charlábamos. Es un poco la imagen de psicólogo de calle, porque hay gente que te empieza a explicar su vida.

¿Estamos muy solos?

Hay personas que quizá no están solas, pero tienen ganas de hablar, en un contexto en el que los pisos de alrededor son para turistas, que quizá te hablan en inglés y tú no sabes... Tú no dejas de ser una cara conocida que habla su idioma. Todos necesitamos comunicarnos. Un día repartiendo por aquí un chaval de Senegal me dijo, ‘escucha, que me han dicho que aquí pagáis por reíros y me parece increíble. Risoterapia, lo llaman'. Hemos llegado a eso. Nos han convertido en una sociedad super individualista.

"En un mundo en el que lo que prima es la velocidad, mi trabajo es caminar; y caminar te da otra perspectiva"

¿Su papel sería el mismo en un barrio menos gentrificado?

Para mí, es muy político, esto. Actuar de esta manera es absolutamente político. Además, me sale de alma, actuar de esta manera. Y por el mundo podemos ir pasando, pero es mejor que la vida no te pase, que te traspase. Y cuando vas conociendo a la gente vas atando cabos. Esto ha pasado por esto y por esto...

Y descubre cosas...

Hablas con ellos y te das cuenta de que chicos que trabajan en Glovo porque es la única posibilidad que tienen, en realidad son ingenieros. Y te das cuenta de cómo hemos dejado todo ese conocimiento de lado. Pero para llegar ahí se necesita constancia; eso es el 'pocheo', es la sopa bien hecha. Todo lo otro es correr, es 'me importa un bledo'. Mi trabajo es caminar. En el mundo de la inmediatez y las prisas, mi trabajo consiste en caminar, y caminar te da otra perspectiva.

Caminar, qué bonito. La calle es una tribuna de lujo.

Ves lo bueno y lo malo. A mí lo que me duele mucho, mucho, son los desahucios. Se me saltan las lágrimas. Ver a Amparo, a Manuela. A gente que conoces y que lleva toda la vida aquí. Vidas muy complicadas, muchas veces, pero son vidas. Vidas. Que las echen me duele muchísimo. Volvemos al clásico, a tener que luchar para poder encender la luz y cocinar algo caliente; tener un techo. Estamos otra vez ahí.

"Volvemos al clásico, a luchar para poder tener un techo, encender la luz y cocinar algo caliente; estamos otra vez ahí"

¿Y cómo se revierte eso?

Está muy bien que se le pregunte esto a un cartero. Tenemos que empezar a preguntar más a los carteros, a las kellys… Necesitamos un cambio cultural, no solo político. Cuando cuatro descerebrados empezaron a decir que no iban a la mili, el discurso hegemónico era que la mili tenía que hacerse, no había debate, en cambio hoy todo el mundo tiene muy claro que la mili no vale. Son cambios culturales. Es como la basura. No tiene nada que ver cómo tirábamos la basura hace 30 años a como lo hacemos ahora.

La basura, un temazo.

La basura se ha convertido en un arma política. Durante la pandemia, como hablo con todo el mundo, hablaba con los basureros, y me decían, 'es que no hay curro, no hay curro'. La basura clásica aquí son cartones de pizza y vino barato, constantemente. Y gente que baja las bolsas a las 11.30h, cuando deja los apartamentos turísticos, y nadie le ha pedido responsabilidades sobre esto a los que se están lucrando con ello. Y lo mismo con los restaurantes… Pero como la memoria no cabe en este mundo tan rápido, pasa lo que pasa. El tema de la basura fue campo de batalla ya con Hereu, con el ‘volem un barri digne’... Basura y seguridad tendrían que estar al margen de la campaña. Después la gente se sorprende de que el fascismo esté creciendo, mientras lo están alimentando con estas historias. 

Cuénteme otras historias. De las bonitas, de las que llena el carro.

Durante una época, los niños enviaban cartas a los Reyes Magos y les respondíamos con una carta del paje y un detallito, un sello… Yo animaba a los niños a que las escribieran y venía a recogérselas. Juntaba unas 100 y era una flipada, cuando les traía la respuesta.

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Detalles así le han hecho tan querido en el barrio. 

Cuando ha desaparecido el sereno y casi han desaparecido los bares de referencia, ¿quién queda? El que pasa por aquí con el carro cada día. Aquí yo reivindico uno de los trabajos más chulos, que es de las trabajadoras familiares. Es una pasada como trabajan en el Gòtic. Se lo saben todo.

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