red de alimentos

La vacuna del apoyo mutuo que salvó a los barrios del abismo

Helena López | 11 marzo 2021

El confinamiento desplomó las economías de miles de familias, pero prendió también la mecha de la solidaridad en rellanos, escaleras y barrios, conformando redes de ayuda que un año después, no solo perduran, sino se han demostrado imprescindible. Aquí, el ejemplo del Poblenou.

Sujeta un papel con un listado escrito a mano en bolígrafo rojo de nombres, direcciones y teléfonos, mientras llena la furgoneta con tantas cajas como nombres aparecen anotados en él. “Ahora vuelvo”, se despide. Sube en la furgoneta blanca, parada frente a una acera llena de lotes de alimentos perfectamente colocados en el suelo e identificados -una persona, dos personas, tres personas, con cocina, sin cocina…- y desaparece de la escena para empezar el reparto. Macumba, vecino del Poblenou desde hace 10 años, es el miembro de la Xarxa d’Aliments i Suport Mutu encargado de llevar las cajas de comida a domicilio a las personas enfermas, confinadas o las mayores, con movilidad reducida.

Las asambleas

JORDI COTRINA

Los miércoles se reúnen en La Flor de Maig para hacer recuento de los alimentos de los que disponen y organizar la compra de lo que falta y la entrega.

La del Poblenou es una de la veintena de Xarxes d’Aliments i Suport Mutu nacidas en la capital catalana a partir del encierro total y el posterior crack social de hace un año que, 12 meses después, no solo sigue en activo sino que cada día recibe nuevas peticiones de ayuda todas las semanas. Tienen una lista de espera de 60 familias. “Y como nosotros, todos los barrios”, resume José Luis, miembro de la ‘xarxa’ del Poblenou y enlace de la coordinadora Interxarxes, que agrupa a las distintas iniciativas territoriales con la misma lógica repartidas por toda la ciudad. Hace unas semanas se manifestaron juntas en la plaza de Sant Jaume con una petición clara: “pan, techo, papeles y trabajo”. 

En el Poblenou, barrio tomado como ejemplo, pero cuya realidad es muy similar a la de tantos otros barrios de la ciudad, el reparto es los sábados, uno sí, uno no, y, las asambleas, los miércoles. Todo en el Ateneu La Flor de Maig, uno de los espacios comunitarios de referencia en el territorio, donde se reúnen colectivos diversos, que trabajan de la mano, como Ens Plantem (grupo centrado en el derecho a la vivienda) o Apropem-nos (quienes trabajan cuestiones relacionadas con los derechos de las personas migrantes) y cuyas sinergias son imprescindibles. Las vidas de las personas que tienen problemas para llenar la nevera están atravesadas por muchos otros problemas y el objetivo de estas redes de apoyo es arropar a los vecinos y transformar estas situaciones desde la raíz.

LA PREPARACIÓN

JORDI COTRINA

La entrega de los paquetes de alimentos se hace en la calle, para que sea seguro para todos, un sábado sí, un sábado no, frente a La Flor de Maig.

Es por eso que en el formulario que se ofrece a las personas que se acercan por primera vez a la red de alimentos del Poblenou se les pregunta por cuestiones vitales como la vivienda o la situación administrativa, para dirigirlos también al resto de colectivos. En no pocas ocasiones, además, los activistas de una red están también en las otras. Y, si no están, se conocen. Macumba, por ejemplo, conoció a Carlota, una de las combativas almas de la Xarxa d’Aliments, hace ya una década, cuando él vivía en el asentamiento de la calle de Puigcerdà y Carlota formaba parte de la red de apoyo a esas personas. Desde entonces han sido muchas las luchas compartidas

"Son mi familia"

Carolina es una de las mujeres que está sentada en la mesa cubierta con un hule rojo de topos blancos en la puerta de La Flor de Maig este sábado 6 de marzo. Junto a ella, su pequeño, de tres años, se entretiene paciente. No hay compañero que pase que no le dirija unas palabras de complicidad. “Son mi familia”, resume esta joven de 25 años, quien llegó a Barcelona hace cuatro años desde El Salvador. Tanto es así que Carolina sigue acudiendo a la Xarxa -no solo los sábados, a participar en el reparto, sino también los miércoles, a la asamblea, siempre con su hijo a cuestas-, pese a que hace unos meses que ya no vive en el distrito de Sant Martí, sino en el lejano Carmel. “Me tenía que ir del piso en el que estaba y la habitación que encontré que me alcanzaba estaba en el Carmel, pero volveré al barrio, de eso estoy convencida”, explica la joven, tímida y enormemente agradecida, quien hace tiempo que se dedica a la limpieza de domicilios.

A DOMICILIO

JORDI COTRINA

Macumba reparte en su furgoneta los paquetes de alimentos a las familias enfermas, confinadas o con problemas de movilidad.

Quien puso en contacto a Carolina con la red fue la educadora de la escuela infantil de su hijo. “Se ponía en mis zapatos. Sabía que estaba sola en Barcelona con el niño y que con el confinamiento no podía ir a limpiar casas y me quedaba sin ingresos”, recuerda.

Tal y como a ella le tendieron la mano, lo hace ella desde la comisión de listas. Este sábado, además, a dos del 8 de marzo, como trabajan en coordinación con el resto de entidades del barrio, además del cuestionario habitual preguntan a las mujeres cómo les ha afectado el covid. Más de la mitad responden que han perdido el trabajo y muchas manifiestan problemas para conciliar. Algunas están tristes, además, por no haber podido ir a su país cuando tenían familia allí enferma o que había muerto…

Otra cara del miedo

Otra de las cosas que se encuentran y denuncian, no solo en el Poblenou, sino en el resto de redes de la ciudad, es que hay familias que les manifiestan que evitan acudir a servicios sociales a pedir ayudar por miedo a que les quiten a sus hijos. “Aquí los servicios sociales tienen que hacer autocrítica. No puede ser que las personas vulnerables tengan esa imagen. Algo mal tienen que hacer para que haya esa percepción”, reflexiona José Luis.  Según las últimas cifras que han podido reunir desde la coordinadora de Xarxes d'Aliments i Suport Mutu de la ciudad, estas ofrecen alimentos a 950 familias entre las que hay 3.150 personas (1.051 de ellas, menores).

LA RECOGIDA

JORDI COTRINA

Las 120 familias de la red se acercan el sábado por la tarde a La Flor de maig con carros de la compra o directamente del supermercado para recoger los lotes de alimentos.

Necesidades distintas

Los sábados de recogida son intensos. No solo hay que entregar los 120 lotes a las familias apuntadas, sino que también hay que gestionar la lista de espera. Siempre, siempre, llegan familias nuevas, que no solo hay que acoger y escuchar, sino que nunca se van sin nada. Su jornada empieza por la mañana, cuando van a comprar los alimentos que faltan. En la asamblea del miércoles anterior han hecho el recuento de lo que han podido reunir en la recolecta popular en la puerta de los supermercados del barrio y ahora toca comprar -con el dinero de la caja de resistencia, con fondos también de los vecinos solidarios- lo que falta para que todas las familias tengan de todo: leche, aceite, huevos, galletas, verduras y arroz, pero también productos de higiene personal, pañales para los bebés o compresas. Una vez reúnen todos los productos toca hacer las cajas, lo que requiere también todo un proceso, ya que las necesidades son distintas. Las personas que no tienen cocina, por ejemplo -porque viven en albergues, en la calle o en habitaciones sin derecho a ella- tienen cajas especiales, con alimentos ya cocinados. Tampoco son iguales las cajas para unidades de convivencia con niños que sin ellos, o las de personas que viven solas…

MUJERES LUCHADORAS

JORDI COTRINA

Carlota Falgueras es una de las activistas vecinales y sociales históricas del Poblenou que participa activamente en la Xarxa d'Aliments.

En un muro justo frente al Ateneu La Flor de Maig, donde todos los sábados de reparto esperan varias personas con bicicletas, carros de la compra y carros de supermercado, una pintada señala que “la mejor venganza será la sonrisa de nuestras hijas”. 

EL MAPA

La CUP Barcelona creó en marzo del año pasado un mapa colaborativo con las distintas redes.

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