DERECHO A LA VIVIENDA

Ese verdadero 'escudo social' llamado barrio

  • La movilización del vecindario logra parar este jueves otros dos desahucios en Ciutat Vella, programados pese a la moratoria estatal en vigor hasta el 31 de octubre

  • El Raval se había organizado para defender Riereta, 3, exnarcopiso 'recuperado' por el barrio, y el Gòtic para arropar a Kristina, una mujer de 65 años

Kristina (derecha), celebra la paralización de su desahucio, este jueves.

Kristina (derecha), celebra la paralización de su desahucio, este jueves. / JORDI OTIX (EPC)

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Tanto en la calle paralela, Ferran, como en la perpendicular, la Rambla, una normalidad casi prepandémica. Cientos de turistas –quizá no tantos como antes del covid, pero muchos- aprovechando el caluroso septiembre mediterráneo. Mientras, casi en una realidad paralela, en la calle de la Lleona, estrecho callejón que desemboca convertido en calle de los Tres Llits, en la plaza Reial, unas decenas de vecinos se atrincheran frente a la finca donde vive su vecina Kristina, una mujer de 65 años muy querida en el barrio y militante en prácticamente todos los frentes desde hace décadas. Los dos mundos –el del turismo y las compras, la ‘recuperación’, y el de la Barcelona más precaria que lucha por defender el derecho a un techo- se cruzaban en la plaza Reial, donde durante dos horas se alargó la negociación entre los representantes de la propiedad, la propia Kristina, la mediación de los Mossos d’Esquadra, la del Ayuntamiento de Barcelona y los activistas por el derecho a la vivienda que arropaban a su vecina. Finalmente, pasada la una del mediodía, la mujer alzaba el característico papelito rosa: desahucio parado. Otra vez.

Pocas horas antes, al otro lado de la Rambla, en el Raval, una escena similar. Otro brazo alzado sosteniendo un esperanzador resguardo rosa que, aunque es solo una pelota adelante –como en el caso de Kristina, la comitiva judicial volverá-, sabe a victoria y significa, al menos, una noche más en casa. En el caso del Raval, el desahucio era en el número 3 de la calle de Riereta, edificio con un simbolismo especial para el Raval rebelde. Se trata de un local que fue durante tiempo una auténtica pesadilla para el vecindario, ya que acogía uno de los narcopisos más conflictivos de la zona. Desde el barrio organizado llevaban meses denunciando la situación de "peligro real" que generaba dicha actividad delictiva en el edificio "sin que nadie hiciera nada". “Logramos echar a los narcos y, dado que éramos conscientes de que la propiedad, un gran banco, no haría nada por defender a los vecinos, recuperamos nosotros el piso, la forma más eficaz de evitar que volvieran a hacerse con él los narcos”, resumía Ángel Cordero, presidente de la asociación de vecinos Xarxa Veïnal del Raval tras celebrar que, por el momento, el desahucio se paraba. Y añadía: "Seguimos queriendo negociar la regularización de la situación con un alquiler asumible para los jóvenes que dan vida al inmueble". 

Celebración de la suspensión del desahucio en Riereta, 3, en el Raval.

/ JORDI OTIX

Segundos lanzamientos

En ambos casos se trataba de un segundo lanzamiento. En el anterior, sus barrios -Gòtic y Raval- también se volcaron en ellos y lograron pararlos, como advierten que volverán a hacer "todas las veces que haga falta". Al terminar el desahucio de Riereta -previsto para las 9.30 horas-, bastantes de los allí concentrados cruzaron la Rambla para acercarse hasta el de Kristina, previsto para las 10.40; desahucio también especial para los vecinos y activistas por el derecho a la vivienda por su vinculación personal con la afectada, militante veterana; y porque su caso evidencia a la perfección la dureza de la situación. "No se trata solo de desahuciar a una mujer de 65 años en plena pandemia; es hacerlo, además, de un piso que es un palomar, una infravivienda", subrayan. La mujer está en la Mesa de Emergencia de Barcelona, pero la cola es larga (hay familias que pasan hasta dos años en la mesa, esperando el piso al que se les ha reconocido tienen derecho).

Mientras los vecinos concentrados en la puerta de la mujer coreaban para hacer más llevaderas las horas –estuvieron allí casi cuatro- clásicos de todos los tiempos como “viva la lucha, de la clase obrera”, de la portería de al lado asomaba una bici y después su propietario, cargado con una mochila amarilla de Glovo. Escenas de la Barcelona contemporánea.

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Una larga lista

Dos desahucios simbólicos (y mediáticos) por su centralidad, el de Lleona y el de Riereta, pero solo dos más de los muchos que esta semana de inicio de curso se han programado en Barcelona. El miércoles había convocados en Sant Andreu, La Teixonera y Ciutat Meridiana. Y el martes, en Hostafrancs, desahucio al que convocó la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que insiste en lo escandaloso de desahuciar a familias vulnerables mientras sigue vigente una moratoria estatal hasta el 31 de octubre y en que durante estos meses de moratoria, los casos que sí se han parado simplemente se han ido acumulando y cuando esta termine la situación será insostenible.

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