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LUCHA VECINAL

El Raval se alía para evitar el desalojo de una okupación contra los narcopisos

La casa fue uno de los cuatro exnarcopisos que los vecinos okuparon para evitar que los traficantes volvieran a tomarlos

El BBVA, propietario del inmueble, ha anunciado que frenaba el desalojo, a petición del ayuntamiento

Helena López

David Cuadrado, en su piso de la calle Riereta, 3, este martes.

David Cuadrado, en su piso de la calle Riereta, 3, este martes. / FERRAN SENDRA

Tres bolsas de red colgadas en la pared de la pequeña cocina comedor en los bajos del número tres de la calle de la Riereta. Cebollas, ajos y patatas, qué mayor síntoma de normalidad. De que aquello, al fin, es un hogar. "Lo tienen todo siempre muy limpito. Estamos muy tranquilos desde que están ellos. Nos da muchísima rabia que les echen. Con todo lo que hemos pasado aquí...", señala una de las vecinas del edificio, en el que vive desde hace años 20 años junto a su marido y sus hijos adolescentes. "Cuando estaban los traficantes y vivíamos rodeados de droga, suciedad, ratas y peleas, no hacían nada, no nos hacían ni caso; y ahora que nadie les llama tienen prisa en desahuciar a estos pobres estudiantesEsto es lo que más nos indigna", prosigue esta vecina del Raval, que la mañana de este martes ha querido bajar al Ágora Juan Andrés Benítez a arropar a su vecino David Cuadrado, recién licenciado en Filosofía y estudiante de un máster en Estudios de Género.

No es la única indignada por el desalojo inicialmente anunciado para mañana, aunque el BBVA, propietario de la vivienda, anunciara ayer por la tarde que iba a parar la operación, a petición del ayuntamiento. El barrio está lleno de carteles de la red antidesahucios convocando a la resistencia. La concentración de los afectados se mantendrá hasta que les llegue a ellos una confirmación oficial.


El local en el que vive David junto a otro estudiante es el primero de los cuatro ocupados –liberados en su terminología– por los propios vecinos del Raval como antídoto contra la lacra de los narcopisos. El primero que pretenden desahuciar. «Si desahucian, vamos a volver a entrar. No nos vamos a rendir», advierte Iñaki García, de Stop Desahucios Raval.

Esquina de los horrores

El bajo a punto de ser desahuciado fue uno de los peores focos de narcotráfico del Raval, donde los vecinos calculan que aún hoy hay "unos 30 narcopisos". "Hacían fuego dentro de la casa, sufríamos amenazas constantes, llevaban machetes y tenían a menores en condiciones pésimas. Estábamos en una situación límite y el banco, propietario del local, no nos daba ninguna respuesta. Ninguna. Lo único que nos decía la gestora es que traspasaban las quejas a la propiedad. Nada más", recuerda Judith, presidenta de la comunidad de vecinos. Hay unanimidad entre los vecinos -cuatro en propiedad y dos inquilinos- en que no quieren que echen a David. 

"Estábamos en una situación límite y el banco, propietario del local, no nos daba ninguna respuesta"

Judith

Presidenta de la comunidad de Riereta, 3

En marzo del año pasado desalojaron a los traficantes y en abril, a los pocos días, volvieron a entrar. "Cuando tapiaban les insistimos en que si no tapiaban también el 1 y el 5 y por detrás, donde también se traficaba, volverían a entrar, pero no nos hicieron caso y claro, volvieron a entrar".  Los mismos. En noviembre del mismo año, aprovechando que el vecindario -organizados en la plataforma Acció Raval- vio que los traficantes llevaban días fuera, entraron. "Los primeros días fueron duros. No paraba de llamar gente a la puerta que venía a comprar y les teníamos que decir que no, que allí ya no se vendía", explica el joven, cuya primera intención no era instalarse allí. "Lo que queríamos era recuperar el espacio para el barrio. Demostrar que el narcotráfico es otra cara de la especulación", prosigue el joven, quien insiste en que lo más importante de parar el desahucio previsto para este jueves no es que ellos -escudos humanos contra los narcopisos- se queden allí sino lograr que la vivienda sea destinada alquiler social para familias vulnerables del barrio.   

Cartel contra el desahucio del 3 de la calle de Riereta / Ferran sendra

"Estamos a la espera de poder hablar con el BBVA para negociar el alquiler social. Una medida mínima de buena voluntad sería parar el desahucio. De que no vuelvan a okuparlo los narcotraficantes ya nos ocupamos nosotros, pero pedimos a la administración que medie para que estas viviendas, fruto de la estafa inmobiliaria, no vuelven a entrar en la rueda de la especulación, con el horror que hemos vivido en los últimos cinco años en Riereta y en Vistalegre", afirma Ángel, uno de los portavoces de Acció Raval, quien añade que la misma entidad bancaria, tiene "al menos otro narcopiso en la calle de Sant Climent, y tampoco hacen nada". "Ya les va bien no hacer nada y que el barrio se degrade. Forma parte de su estrategia especulativa", argumenta.

"Estamos muy satisfechos de estas recuperaciones. La mejor manera de evitar la narcokupación es dando un uso social a la vivienda"

Iñaki García

Stop Desahucios Raval

Además de los bajos ahora en riesgo, este grupo de vecinos liberó otras tres viviendas, antiguos narcopisos, para abrirlos a familias del barrio. "Estamos muy satisfechos de estas recuperaciones. Tenemos claro que la mejor manera de evitar la narcokupación es dando un uso social a la vivienda", insisten los vecinos. Dos de ellas están en la perpendicular calle de Vistalegre. "Una pertenece a un fondo buitre y sus ocupantes ya han sido identificados y estamos pendientes de fecha de desahucio. Como muestra de su talante, lo primero que hicieron cuando lo liberaron fue cortar el agua", apunta Ángel. El otro piso en la misma calle, en el que vive una madre con sus hijos, es propiedad de la Generalitat, quien lo cedió al ayuntamiento y ya han cerrado un alquiler social. El tercero, también en la calle de Riereta, "es también propiedad de un banco y vive en él una persona mayor del barrio que fue desahuciada de su anterior vivienda", señalan. 

El mensaje del colectivo es claro. "Para luchar contra el tráfico de droga no basta con la represión policial. La policía tendría que estar en las aduanas y los puertos e impedir la llegada de la droga. Tenemos claro que los consumidores son unas víctimas más de esta mafia. Y esa acción policial debería de ir acompaña de una política de vivienda ante la emergencia habitacional que vive el barrio y la ciudad", concluyen. Cada semana reciben de cinco a siete casos nuevos de personas a punto de perder sus casas solo en el Raval.

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