BARCELONEANDO

16 días sin Rodolfo, el mejor amigo del hombre solo

A Alfredo lo ingresaron y lo único que le preocupaba era su perro, que estaba solo en casa. Pero por suerte hay gente buena y una familia lo acogió bajo el auspicio municipal

Rodolfo y Alfredo, hace un par de semanas, de paseo por el parque de la Guineueta

Rodolfo y Alfredo, hace un par de semanas, de paseo por el parque de la Guineueta / Ricard Cugat

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

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Alfredo tiene el bajo del pantalón perdido. Rodolfo, su compañero de piso y de vida, serpentea entre sus piernas una y otra vez, en busca de contacto. Pasean por el parque de la Guineueta con andares parejos. Pasan junto a un grupo de personas mayores que intentan seguir una clase de 'tai txi'. Y luego, se cruzan con grupos de adolescentes que usan este pulmón verde como patio en tiempos de pandemia. Alfredo se para, Rodolfo se para. Y viceversa. Es verdad que uno de los dos maneja la correa, pero es para evitar que el veterano cocker spaniel se enfrente a otros perros a los que apenas puede distinguir con los ojos, muy mermados ya, pero sí con el olfato. Lo son todo el uno para el otro. Esta es una historia de amor, pero también nos habla de enfermedad mental, de soledad. O de gente buena que ayuda a los demás.

Alfredo y Rodolfo, en el parque de la Guineueta / RICARD CUGAT

Acababan de darle un ascenso en la marca de ropa para la que trabaja. Aquello implicaba más responsabilidad y más sueldo, pero también le quitaba el contacto directo con el cliente que a él tanto le gusta, ese 'corner' de El Corte Inglés que es su segundo hogar. La situación le superó, y dos semanas después, el 9 de marzo, tuvo un ataque de pánico. Colapsó. Andaba por la calle sin rumbo, deshecho. "El corazón se me iba a salir, no podía reaccionar con coherencia y no controlaba lo que hacía", recuerda. Llamó a su psicóloga de Vall d'Hebron, Silvina Magnani. Ella le dijo que no se le ocurriera meterse en el metro y le mandó una ambulancia para que le ingresaran de inmediato. "Solo era capaz de razonar cuando hablaba de Rodolfo, que estaba solo en casa".

Cosas de la pandemia

Antes de seguir con el relato, conozcamos un poco mejor a Alfredo. Nació en Uruguay hace 51 años. De padre gallego y madre italiana (ambos ya fallecidos) y sin hermanos. Estudió diseño de moda y llegó a Barcelona hace 13 años tras pasar un tiempo primero en Galicia y luego en La Roca del Vallès. Ha tenido que salir adelante solo, sin familia y lejos de su hogar. Una soledad que pasa desapercibida, que no es ningún problema pero que a veces, como sucedió en esta ocasión, puede generar ciertos desajustes. Con la pandemia, además, surgieron angustias, que no eran económicas pero sí mentales, momentos en los que todo se hacía cuesta arriba y no había un hombro en el que reclinarse. Un poso que iba acumulando inquietud y nervios y que solo necesitaba un catalizador para erupcionar. El ascenso... Por fortuna, ahí estaba Rodolfo.

Compañeros de piso y de vida. Aquí, en un banco del parque de la Guineueta

/ Ricard Cugat

"En el hospital no hacía más que preguntar por él, era lo único que me preocupaba". Pero todo estaba bien, porque había entrado en escena el Centro de Acogida de Animales de Compañía de Barcelona (CAACB), organismo municipal que adopta perros y gatos, no solo los abandonados, también los que requieren de un hogar provisional porque las personas con las que viven han tenido un percance. Fueron a recoger a Rodolfo y lo llevaron al complejo de la Arrabassada. Llamaron a Rosa Maria Torres para ver si le interesaba quedarse con el cocker unos días. Era la primera vez que esta mujer y su familia acogían un perro. "Dijimos que sí y fuimos a buscarlo. La verdad es que todo fueron facilidades. Nos dieron la cama, la comida, la correa..., todo el material necesario para cuidar de él". Su hija Natàlia y su sobrina Àdama ejercieron de escuderas del proyecto. "Es muy cariñoso y se adaptó muy bien. Nos encantaría volver a verle". También a Alfredo le gustaría conocerlas "para darles las gracias". Tiene pinta de que ese encuentro se producirá más pronto que tarde.

Rodolfo, con su familia de acogida. De izquierda a derecha, Rosa Maria, su hija Natàlia y su sobrina Àdama

/ El Periódico

Rodolfo volvió a casa 16 días después, cuando a Alfredo le dieron el alta. La familia de Rosa Maria tenía el coche cargado para marcharse de fin de semana. "Nos llamaron y nos dijeron que en un rato estaban en casa, por poco no nos pillan en la autopista". Volver a verlo, relata Alfredo, "fue como estar en una película; él loco y yo otro tanto, los dos llorando". "Siempre solemos quejarnos -prosigue- de que las cosas no funcionan, pero no es así, y este es un buen ejemplo. Todo salió bien y no puedo más que estar agradecido, a la protectora y a la familia que se hizo cargo".

Hay buena gente

El elogio va para el equipo que lidera Anna Ortonoves, jefa del departamento de Gestión y Protección de Animales del Ayuntamiento de Barcelona. Ahora mismo hay 70 animales en acogida y dos de ellos están relacionados con personas que están ingresadas y que no pueden hacerse cargo de ellos. El resto, encontrados o abandonados. Y todos ellos, a la espera de un hogar definitivo. Una vez llegan al centro, pasan una revisión veterinaria, se les actualizan las vacunas y se inicia un trabajo de socialización. Entonces es cuando echan mano del catálogo de entre 50 y 60 personas o familias de acogida. "En el mundo hay gente muy buena y aquí tienes la demostración. Sobre todo los que aceptan quedarse perros ya muy mayores para que pasen acompañados sus últimos días". Los que se los quedan de manera transitoria, a esperar que alguien contacte con el CAACB (a través del mail adopcionscaacb@bcn.cat o en la página web) para poder iniciar una nueva vida.

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Rodolfo, muy atento ante la llegada de un perro a su zona del parque

/ Ricard Cugat

A Rodolfo, por cierto, lo encontraron atado a una farola en Cornellà. Alfredo lo acogió hace un par de años. Cuenta que ha tenido en adopción a más de 100 perros, pero con ningún otro había alcanzado semejante conexión. "Cada vez nos parecemos más, yo a él en cascarrabias, y él a mi en el andar torpe". Llegó a casa ya mayor, con problemas de salud y un futuro incierto. Dos familias le habían rechazado, pero Alfredo lo tuvo claro: "Si quieres un perro a medida, cómprate una planta, porque un perro va a tener problemas y vas a tener que gastarte dinero". Y ahí siguen, con sus paseos por la Guineueta, sus pantalones llenos de pelo. Cuando falte, tiene claro que vendrá otro mejor amigo, porque son muchos los animales que necesitan un hogar. Pero tiene pinta de que ninguno será como el cocker Rodolfo.

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