ÉRASE UNA VEZ EN EL BARRIO... LA VILA OLÍMPICA DEL POBLENOU (40)

¿A quién pertenecen las olas?

El vecindario esperaba el fin de 30 años de concesión a los locales de ocio del Front Marítim para iniciar una nueva relación con el mar que tendrá que esperar

El Estado, su propietario, decidió sacarlos a subasta y la mayoría de ellos acabaron en manos del fondo inversor que ya poseía el edificio del Hotel Arts

Dos ciclistas sin mascarilla circulan frente al Hotel Arts, hace unos días.

Dos ciclistas sin mascarilla circulan frente al Hotel Arts, hace unos días. / RICARD CUGAT

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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El 27 de junio del 2019 era una fecha marcada a fuego para los miembros de la asociación de vecinos de la Vila Olímpica. Tras 30 años, terminaba la concesión de los negocios de ocio del Front Marítim y eso abría todo un abanico de posibilidades para redibujar la relación del barrio (y la ciudad) con ese tramo de costa, del Hospital del Mar al Port Olímpic. Ese momento era, a ojos del vecindario organizado, la gran esperanza de acercarse y vincularse al mar a partir de otras lógicas; más allá de los restaurantes, pubs, discotecas y casinos, cuyos daños colaterales -que tomaban todas las formas de incivismo imaginables- tenían hastiados a los vecinos más cercanos, sobre todo los de unidos en la Agrupación de vecinos Moscú-Ramon Trias Fargas.

El vecindario llevaba años pensando en alternativas para construir ese nuevo Front Marítim más allá de junio del 2019. Y no eran solo los vecinos de la asociación de vecinos de la Vila Olímpica y de la Barceloneta (en esta batalla los dos barrios han ido siempre de la mano). El propio Ayuntamiento de Barcelona -el mismo gobierno que ahora ni ha impedido la subasta ni se ha rasgado las vestiduras en exceso por la misma- organizó hace ahora dos años, en noviembre del 2018, un proceso participativo para elaborar un plan estratégico de los espacios litorales de la ciudad. "El nuevo plan pretende hacer que el litoral de Barcelona sea un espacio público de calidad, abierto y disfrutado por todos a través de una estrategia conjunta pactada con la ciudadanía. El principal objetivo del plan es reconquistar el frente litoral", anunciaban. Toda la información del plan y del proceso está todavía colgada en la web del ayuntamiento.   

"Barcelona organizó un proceso participativo potente para decidir los futuros usos del litoral de la ciudad para acabar subastándolo"

Jordi Giró

Asociación de vecinos Vila Olímpica

Jordi Giró habla sentado frente a uno de los chiringuitos ahora cerrados, en la playa del Somorrostro. Uno de los cinco que en teoría no se subastarán, aunque él está convencido de que así acabará sucediendo. "Tiempo al tiempo", advierte. El sol brilla y las no precisamente silenciosas cotorras dominan el espacio desde lo alto de las palmeras mientras un grupo de jóvenes juega a voley playa en la arena aprovechando la alta temperatura para ser finales de octubre. "El proceso para elaborar el Plan Litoral fue potente y compartido, y las conclusiones a las que se llegaron nada tienen que ver con lo que ha terminado pasando", explica el presidente de la asociación de vecinos de la Vila Olímpica, una de las personas que más ha remado para intentar evitar que el Estado terminara vendiendo los locales del Front Marítim, lo que sucedió hace pocas semanas. Lo que ha terminado pasando es que el punto de inflexión que suponía el fin de la concesión, lejos de abrir una nueva etapa en el lugar ha supuesto la pérdida definitiva de esos espacios para dedicarlos a otros usos, ya que el Estado decidió venderlos (el precio de salida sumaba 68,3 millones, que al final se convirtieron en 93,3, en una subasta en la que arrasó el grupo propietario del edificio que alberga el Hotel Arts).

Ente divino

"Parece que cuando hablamos del Estado estemos hablando de un ente divino y no lo es. El Estado está gobernado por los mismos partidos que gobiernan la ciudad y que no han impedido una venta de patrimonio que perjudicará a toda la ciudadanía. Además, han abierto un melón. Han visto que pueden ganar mucho dinero. El ayuntamiento tendría que hacer un inventario de todo el patrimonio del Estado en la ciudad", advierte Giró. 

Los vecinos sí son optimistas con el nuevo Port Olímpic: "estaremos muy encima para que esta vez sí tenga usos ciudadanos", aseguran

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La línea defendida por los vecinos para el nuevo Front Marítim era clara: propiciar una mixtura de usos. "Potenciar el enclave como un punto de encuentro, no solo pensado para el ocio en locales privados", resume el líder vecinal.

La respuesta de la concejala de Urbanismo Janet Sanz, el día después de la subasta, no les tranquiliza. La teniente de alcalde aseguró que el "el Ministerio ha decido vender sus piezas y lo puede hacer. Legalmente lo puede hacer, pero es un error; es un error enorme" y advirtió que "el Arts no puede hacer lo que quiera; tendrá que hacer una propuesta que no plantee la privatización de ningún metro más de lo que hoy ya son negocios privados y el ayuntamiento ejercerá toda la autoridad para garantizar los usos públicos del litoral". "Sí, hablan de un preacuerdo para ampliar el CSIC, pero ya no nos lo creemos", se sincera Giró, quien sí está ilusionado con la reforma del Port Olímpic, que sueñan que tengan usos educativos. "Vamos a estar muy encima para que esta vez sí, el nuevo Port Olímpic sirva para darle usos ciudadanos", señala el líder vecinal, quien también es optimista con la ampliación del campus de la UPF en el barrio, aunque advierte que la operación debe ir acompañada de una redimensión del transporte público. "La boca del metro que tenemos ahora es totalmente insuficiente; además que ni siquiera está adaptada, todavía no tiene ascensor", subraya.