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Con mucho gusto

La reina fresca de Poblenou

El bar Echegaray recupera la esencia de los bares familiares y de barrio

Miquel Sen

Erola Vila, con unas bravas de berenjena, y Beltran Sastre, con una esqueixada, ambos en el bar Echegaray.

Erola Vila, con unas bravas de berenjena, y Beltran Sastre, con una esqueixada, ambos en el bar Echegaray. / Danny Caminal

Da la impresión de que en Barcelona se están pinchando burbujas. Una de ellas ha sido la de los gintonics decorados como floristerías, en las que el último barman dictaba cátedra. Otra son los restaurantes decorados a gusto del falso rico. Un atrezzo pretendidamente espectacular, como un gintonic, en el que no faltan cuatro lámparas de lágrima, contrapunto de un par de neveras de hielo que se han conservado como muestra de genio estético. 

Por suerte el restaurante Bilbao volverá abrir, al parecer sin cambios que afecten a su esencia, al margen de que no sé si su cocina seguirá en manos de Jordi Olivet, elaborador de unos civets de jabalí sobre los que me lanzo en temporada de escopeta con mi jauría de amigos. Que las cosas del comer y la estética no van mal lo demuestra Beltrán Sastre y Erola Vila, del bar Echegaray (Marià Aguiló, 65), recuperando la esencia de los restaurantes familiares, las casas de comida de Poblenou. Un comedor, más un patio convertido en terraza es, exactamente lo que necesita un joven chef con ingenio.

Berenjenas bravas

A este cocinero, formado en el bar paterno, de gusto afinado por dos años londinenses y certificado por la barcelonesa ESHOB, le importan poco las lágrimas de los cristales y mucho cocinar con producto de proximidad, sin rendir peaje a ingredientes prefabricados. Una muestra, sus berenjenas bravas, un rizo a la idea de las patatas a partir de la verdura pelada, cortada a dados y frita los pocos segundos que pasan de un minuto. La salsa, basada en el tomate, con su deje picante, totalmente casera, muestra una forma de entender la gastronomía que alcanza igualmente a la carta de vinos.

Pero como el Poblenou manda, hay platos que son tan de barrio menestral que sería una locura no planteárselos. Por ejemplo, la 'esqueixada', un aporte fresco que juega con la sal necesaria en verano, el aliño mágico, sencillo, del mejor aceite, tomates, sal y pimientos, más las imprescindibles aceitunas negras, y el toque de vinagre de unos pepinillos encurtidos. El vinagre da sensación de fresco. Si no me creen prueben la ensalada de tomate, salmorejo y caballa escabechada. Exactamente de pueblo nuevo.

Predicador 2017, un Rioja de 22,50 €

IniEs fácil escribirle un buen sermón a este Predicador, elaborado a partir de 19 parcelas situadas en Contador, Briones y San Vicente de Sonsierra. Un 96 % de tempranillo, 2% de graciano y 2% de mazuelo dan un copage de lo más adecuado para conseguir un tinto en el que se aprecia la atención por la viña y su suelo. Benjamín Romero, fundador de la bodega, trabaja un viñedo que por su situación y climatología califica de heroico. Cuida hasta el último detalle. Busca personalmente los toneles y los tapones de corcho de tierras de Espadan.
Es lógico que su predicador sea un tinto de color potente, con aromas serios, balsámicos y un sorbo en el que la madera es el púlpito desde donde llega un poderoso sermón enológico.

Temas: Restaurantes